Ed. Nº57: La educación judía para los estudiantes que egresarán en 2040

Por Sergio Herskovits
 

Los sistemas educativos siempre sirven a un proyecto de sociedad o pueblo. La mayoría de los colegios judíos desde principios del siglo XX en LATAM se han alineado, al principio parcialmente y de manera creciente hasta casi unánimemente con el gran sueño del pueblo

judío del siglo XX, la construcción del Estado de Israel. Los resultados han sido notables: Sin excepciones las comunidades del subcontinente se han alineado políticamente con la centralidad y compromiso con la existencia de Israel y la enorme emigración de judíos desde antes de su fundación. Aunque no contamos con datos exactos verificados, distintas fuentes nos informan que viven en Israel alrededor de 140.000 hispanoparlantes. Entre ellos contamos a líderes educativos e intelectuales de primer nivel que contribuyeron a la actual solidez del estado (y faltaron para ayudarnos a resignificar y liderar a la educación judía en nuestros países).

 Una vez que concluyó la etapa épica y fundacional del Estado junto con su viabilidad geopolítica (a pesar que siempre se manifiestan amenazas existenciales como las iraníes), las comunidades de LATAM hemos estado haciendo pruebas sobre metodologías o proyectos específicos pero sin desarrollar un sistema educativo que modele un proyecto de sociedad, comunidad o pueblo.

 El lector conocedor del tema podrá recordar, solo a título de ejemplo, algunos de ellos como: el intento de enseñar judaísmo en inglés, traer programas estructurados desde Israel o países anglosajones o la búsqueda de transformar madrijim en morim. La gran mayoría de estos son muy buenas iniciativas, sin embargo no se logran articular de manera consistente ya que no tenemos un perfil de egresado/a resultado de una profunda, inspiradora y creativa deliberación educativa.

 Si en las décadas fundacionales del Estado de Israel era fundamental que el egresado del sistema supiera hebreo y la historia del pueblo judío para construir al judío nuevo de Ben Gurión, hoy no lo tenemos definido ese perfil hacia el que educamos y recurrimos a iniciativas particulares que no tienen un norte claro compartido y que finalmente tienen el efecto de ser muchos vasos de agua al mar sin tener un impacto sustantivo como un todo.

 La propuesta de este paper no es solo testimonial ni victimista sobre la realidad que tenemos. Muy por el contrario, es una invitación empoderada a que nuestras comunidades puedan desarrollar esa deliberación educativa que como un todo o de manera parcial, es decir por colegios o grupos de colegios (lo ideal a veces es enemigo de lo posible), elaboremos ese perfil de egresado.

 

DISTINTOS PERO NO TANTO

 Todos los colegios tienen particularidades que los hacen diferentes unos de otros. Sin embargo hay elementos que todos deben tener de manera genérica y que en muchos casos responden al espíritu de la época. Plantearemos algunas ideas que nos invitan al debate y de ninguna manera lo cierran. Propongo algunos elementos sustantivos para su discusión:

  1. Todos deben tener un propósito, una visión y una metodología. Los tres elementos deben estar claramente definidos e intencionados en la vida cotidiana de la escuela. Se debe vivir en cada clase, recreo o acto escolar. Este elemento es determinante de la identidad institucional.
  2. PEI: Todos los colegios deben tener proyectos educativos (distintos) que se desprenden de la visión, propósito y metodología. Es lo que en los colegios llamamos Proyecto Educativo Institucional (PEI). El mismo debe contar con los principios y objetivos institucionales y los planes de acción que nos ayudarán a conseguir cumplir esos objetivos.
  3. Proceso de evaluación: Las organizaciones escolares deben llegar a conclusiones sobre si han logrado los objetivos, qué acciones deben profundizar, cuáles adaptar y qué deben dejar de hacer. En ciertos lugares de América Latina se ha sido reacio a aceptar estos procesos fundamentalmente porque es vivenciado como amenazante y con temor por los docentes. Sin embargo es casi un crimen quitarle a nuestros esforzados maestros y profesores una instancia de auténtico crecimiento profesional como el de la evaluación. Por supuesto que docentes que crecen todos los años implica estudiantes que pueden aprender más y mejor. Los docentes deben ser de los más altísimos estándares y con buenas remuneraciones.
  4. Excelencia: este atributo de la tarea educativa consiste en tener los más altos estándares de calidad en cada uno de los ámbitos que componen la vida escolar. Generalmente estos estándares son en comparación con otros colegios y también en relación a sí mismo. Los procesos de corrección y mejora deben ser permanentes y siempre aspirando a logros del más alto nivel. La excelencia es la que permitirá a los colegios comunitarios desequilibrar la balanza al hacerlos competitivos frente a los mejores colegios no judíos del continente. En general las familias judías necesitan que sus hijos estén preparados para poder ingresar a las mejores universidades de sus países y si emigran a las mejores de los lugares a los que viajan. Logrando esta cualidad los colegios judíos serán competitivos frente a los extracomunitarios.
  5. Ética: Si bien la tradición judía es rica en el desarrollo de este elemento desde el Monte Sinaí, a través de la evolución del Musar (Ética Judía), es también una exigencia de la ciudadanía digital y global. En un mundo que exige más transparencia y que expone públicamente las transgresiones, los egresados de nuestros colegios deben ser un ejemplo de integridad en cada actividad que emprendan.
  6. Inclusión: Nuestros antepasados nos enseñaron que ningún niño o niña podrían quedar excluidos de la educación judía. No importan las necesidades educativas especiales, la condición económica, la orientación sexual o cualquier otra característica. La fortaleza de la tradición ha sido en general inclusiva y, si bien en relación a temas específicos se comportó como la sociedad general que lo cobijaba, este principio es irrenunciable para ser comunidad y está generación puede reparar antiguas exclusiones.
  7. 7. Lo Judaico: Este aspecto particular es el que diferenciará a los colegios de las comunidades judías del resto de los colegios no judíos de nuestros países. Es importante destacar que mientras los estudios generales de excelencia buscan preparar a nuestros estudiantes para que puedan construir una vida académica de primer nivel en la universidad, lo judaico tiene por objetivo la construcción de comunidad y desde aquí debe construir el propósito del colegio. Debe quedar claro que frente a objetivos diferentes debemos plantear metodologías diferentes. Es por ello que sin importar la adscripción denominacional de cada colegio, debe quedar claro este aspecto. Es clave en este sentido establecer la conexión entre el colegio, el estado donde se encuentra el colegio y el Estado de Israel.
  8. Inglés: Los idiomas siempre fueron una fortaleza del pueblo judío, en especial desde la destrucción del primer templo en el año -586 en que se inició un proceso que hoy llamaríamos de globalización. Las comunidades en Europa, Asía y África eran siempre multilingües, característica que permitió siempre tener lenguajes compartidos entre judíos que vivían en lugares diversos. En algún momento la lingua franca fue el Arameo, en otro el Latín o el Árabe. Hoy no caben dudas que es el Inglés y todos los estudiantes deberían manejarse con fluidez en esta lengua. ¿Y el hebreo? Mi opinión personal es que deberíamos hacer un retorno al hebreo profundo ya que el lenguaje es el instrumento por medio del cual conducimos la cultura. Cantar en hebreo o estudiar las fuentes en su lengua original nos conecta con la intimidad de lo judaico. Se que no todos opinan de este modo por ello no lo incluyo como indispensable (aunque personalmente lo es).
  9. Gestión por alumno basada en datos y la automatización: la educación necesita escala para poder acceder a ventajas en hacer más eficiente la inversión en educación. El riesgo de la escala es perder los beneficios de conocer a cada estudiante y lograr que desarrolle su máximo potencial. Para que ello ocurra la educación judía debe recurrir a este elemento para poder hacer un seguimiento de cada estudiante al detalle y elaborar planes a medida para cada uno. Los profesores deben transformarse en tutores y focalizarse en los aprendizajes, el bienestar socioemocional y desarrollo integral del estudiante.
  10. Innovación y emprendimiento: El desarrollo de estas competencias permitirá que los estudiantes desarrollen su creatividad poniéndolos en una actitud de liderazgo buscando siempre mejorar.
  11. Pluralismo: Desde tiempos anteriores a la época del Talmud (S II) se fue desarrollando una cultura del debate y la discusión como modo de vivir en comunidad. Inclusive las posiciones minoritarias tienen un carácter relevante en la construcción de la “voz oficial”. Nuestro pueblo cuenta con diversidad de opiniones en su seno y casi todas deben tener su lugar sin que ninguna sea la propietaria y versión legítima del judaísmo, de las fuentes o instituciones.
  12. Endowment: Como director de distintos colegios he comprendido la importancia de tener un sólido financiamiento de grandes programas que hubieran enriquecido las vidas de mis estudiantes. Estoy persuadido que muchos corazones generosos serían entusiastas contribuyentes para cambiar las vidas de la próxima generación si se les presenta un plan sólido. Estamos convencidos que nos encontramos ante una gran oportunidad que podemos aprovechar y dar a nuestros estudiantes un marco de educación judía relevante, auténtico y desafiante.

 

Minibio: Sergio es abogado de la Universidad de Buenos Aires y cuenta con un MA en Filosofía de la Educación de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es miembro del programa bianual Jerusalem Fellows de Liderazgo en Educación Judía para la Diáspora y del Graduate School of Education de la Harvard University en The Future of Learning. Fue Director Ejecutivo del Colegio Tarbut en Buenos Aires, Coordinador de Educación No Formal en el Bialik College de Melbourne, Australia y desde hace 13 años es el Director General del Instituto Hebreo de Santiago de Chile que cuenta con más de 1500 estudiantes. Está casado con Daniela Roitstein y tiene tres hijos, Constanza, 

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ISSN: 1022-9833