Coloquio

Edición Nº55 - diciembre 2012

Ed. Nº36: Convivencia: una construcción colectiva

Por Claudio Epelman

Hemos sido testigos en el siglo XX de matanzas, genocidios difíciles de explicar. La idea del “hombre lobo del hombre” de Hobbes y ese estado de anarquía parece pequeño en comparación de lo vivido. A pesar de  muchos esfuerzos, entramos a este nuevo siglo y vemos que esos horrores se siguen repitiendo. ¿Cómo frenar esa locura? ¿Cómo vivir en sociedades más justas, donde primen el respeto por la diversidad? Desde hace tiempo un grupo de personas intentamos construir una vía: el diálogo. En el presente artículo intentaré demostrar como transitar y avanzar por este camino.

Mundo Convulsionado

El mundo vive tiempos de violencia e intolerancia, donde los fanatismos cometen crímenes en nombre de Dios. Ataques como los perpetrados en París, Islamabad, Madrid, Uagadugú como ciento de otros, son una muestra más de la enfermedad de los hombres.

 

Esta clase de hechos lamentables nos obliga a trabajar por un mundo donde valores como la libertad y la fraternidad destierren a la intolerancia, al odio y al prejuicio, para construir convivencia y los hombres puedan vivir en Paz.
Muchos son quienes se comprometen en esta tarea, porque a pesar de profesar distintas tradiciones religiosas, compartimos valores comunes. La tradición Judia, la cristiana y la islámica nos recuerdan que todos los hombre somos hijos de un mismo hombre, lo que nos hace hermanos.

 

Aquí es donde el diálogo interreligioso nos permite conocernos y relacionarnos, no desde los prejuicios que muchos siembran en forma premeditada, sino desde la convicción que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos.
La tradición judía nos propone al principio del Génesis una historia entre hermanos, cuando Caín mata a Abel. En pocos versículos el relato bíblico no muestra diálogo entre los hermanos, y como resultado, un hermano mata al otro.

 

Es el diálogo la herramienta que nos permite interactuar a los hombres, y es el medio que nos permite crear vínculos entre las personas, de forma tal que por medio del diálogo los hombres construyen la convivencia. Esto mismo ocurre entre las religiones y sus líderes, haciendo así al diálogo interreligioso una herramienta central para la construcción de la convivencia entre las personas, a pesar de profesar religiones distintas. De esta forma, el diálogo interreligioso no es un fin en sí mismo, sino el medio de recordarnos la condición de hermanos.

 

En septiembre de 2015, en Buenos Aires, quien saliera al balcón de San Pedro a anunciar al “Papa argentino”, el cardenal Jean Luis Touran , decía en un congreso en Buenos Aires: “En el contexto del mundo contemporáneo, la cooperación interreligiosa no se puede considerar más como una opción facultativa, sino como una necesidad. ¡Ser religiosos hoy es posible solo siendo interreligiosos!” Este concepto muestra al diálogo interreligioso como una forma de asegurar la convivencia, no solamente como una moda producto de un tiempo, donde referentes del mundo con gran compromiso, como el Papa Francisco, llaman a este trabajo.

 

El derecho a ser uno mismo

 

Ahora bien, con el mero diálogo no basta. Cada persona tiene el derecho de elegir como vivir su propia identidad. La sociedad tiene el deber de reconocer estar decisión individual.

 

En este concepto, la religión que una persona desea profesar forma parte identidad individual. Negar este derecho es negarle a la persona el derecho a ser ella misma. Asegurar este derecho es parte de lo que debe hacer una sociedad madura.

De igual manera, el vivir en el marco de la comunidad religiosa es parte del mismo derecho.

 

Dicho esto, se convierte en algo central la conformación de una sociedad plural, que vea en las diferencias riqueza y no permutaciones. El respeto a la libertad de poder profesar una religiosa y la garantía de poder hacerlo en forma segura es un derecho básico que la ley debe proteger.

 

Luego de los trágicos ejemplos que nos presenta la historia, es inaceptable creer que las mayorías pueden imponer con el uso de la fuerza la religión preponderante, y luchar por la libertad no es responsabilidad solo de quien la ven amenazada, sino de todos los hombres de bien.

 

Los judíos sufrimos persecuciones por el mero hecho de serlo. Fuimos expulsados de diferentes países en diversos momentos de la historia. Intentaron convertirnos por la fuerza y asesinarnos durante la Segunda Guerra Mundial. Como aprendizaje de esto no podemos ser insensibles a la persecución. Tenemos un mandato moral de levantar nuestra voz en beneficio de quienes son hoy perseguidos. A mediados del siglo XX los judíos debieron abandonar muchos países del Medio Oriente, hoy son los cristianos las víctimas del fanatismo del Estado Islámico, que persigue también a propios por no suscribir ideas radicales de muerte.

 

Combatir el prejuicio a cerca del otro es la forma de comenzar la batalla en defensa del pluralismo, por ello es que debemos combatir al antisemitismo con la misma energía que a la islamofobia y a la persecución contra los cristianos.

 

Es el hombre quien la construya

 

En cada encuentro interreligioso que participo siempre recurro a la misma idea, porque creo que es la base para asegurar la coexistencia. Siempre repito que la convivencia entre las religiones no es producto de la providencia divina, sino que son los líderes de cada comunidad quienes la construyen, con decisiones valientes que demandan gran coraje.

 

A lo largo de la historia se ha probado que los hombres podemos vivir como enemigos o como hermanos. Son los líderes quienes determinan esta elección, sostenidos en su vocación de por alcanzar la paz.

 

Muchos son los conflictos en el mundo donde la religión se convierte en una variable crítica. Es cierto que los líderes religiosos no pueden por si solos alcanzar la paz, pero si pueden dar pasos determinantes para poder hacerlo.

 

Seguramente hoy, nuestro desafío más grande sea demonstrar que las religiones no son la causa de los conflictos, sino parte de la solución.

 

Una historia muy argentina

 

Hasta aquí he expresado conceptos que entiendo favorecen a la idea de construcción de sociedades plurales, de la importancia del diálogo y cómo las religiones pueden ser una ayuda importante para ello. No obstante surge la pregunta ¿Cómo llevarlo a la práctica? ¿Cómo abandonar la comodidad de una idea y pasar a la acción?
15 judíos, 15 musulmanes y 15 católicos en febrero de 2014 se subieron a un avión y viajaron a juntos por 9 días. Hasta acá esta historia no explica por qué fue noticia en el mundo.

 

La delegación de 45 argentinos compartió un viaje por una de las zonas más complejas del planeta, donde los extremismos religiosos conspiran contra la paz, donde fanáticos en nombre de dios cometen crímenes aberrantes.

 

Sin embargo, como peregrinos, estos argentinos de tres religiones visitaron Medio Oriente llevando un mensaje que en esa zona del mundo no se encuentra: que la convivencia interreligiosa es posible. Este concepto en la argentina parece que no impresiona, lo tomamos con tanta naturalidad y espontaneidad, que un judío con un musulmán discutiendo de futbol en un bar parece una escena natural.

 

Este viaje llevo a desafiar todos los prejuicios, porque el programa previó visita a Ramallah y a Jerusalém, donde los líderes judíos se encontraron con el primer ministro palestino y los musulmanes en Jerusalém se encontraron con el presidente de Israel. En ambos casos un mate que se entregó de recuerdo sirvió como recuerdo de que fueron capaces de vencer los prejuicios, mostrando algo que en los vecinos de aquellas región solo producía sorpresa y escepticismo. Difícil era creer que la prueba de que la convivencia entre las religiones es posible, y que la sociedad Argentina es una prueba de ello.
Quienes tuvimos oportunidad contrastar la convivencia que se da en la Argentina con las tensiones que se producen en otras latitudes, sin dudas coincidimos en promover activamente como una de las virtudes de nuestros país la convivencia. Todos quienes sentimos orgullo de esta realidad debemos trabajar por compartir esta faceta de nuestra sociedad, haciendo así un aporte sin igual a crear optimismo en quienes en otras regiones son víctimas de persecuciones por su religión.

 

Más alla de la convivencia religiosa

 

Uno de los principios que sostiene el diálogo interreligioso es el punto de partida de que quienes lo practican son distintos y desean seguir siéndolos. Ninguno busca convencer al otro, sino poder entenderse a pesar de las diferencias. Ambos reconocen al diálogo como forma de encontrar los valores comunes, como así también las singularidades que nos hacen distintos.

 

Si este mismo marco de referencia lo aplicamos a la construcción de diálogo cívico y político, sin dudas estaremos aportando en la construcción de un estilo político sostenido sobre el respeto mutuo, entendiendo que somos distintos, pero que la búsqueda por el bienestar general nos invita a dialogar y construir en conjunto la sociedad en la que queremos vivir.

 

Construir convivencia sobre las diversas facetas de una sociedad, relajando tensiones interreligiosas, buscando los consensos en la política cuidando de la diversidad, es el camino para la construcción de la paz.