Ser o no ser resilientes

Mi nombre es Gastón Ritter y hace 27 años, el día 18 de julio de 1994, perdí a mi mamá en el atentado a la sede de la Amia. Desde ese momento mi mundo cambió 180 grados, mis rutinas, mis lugares, mi familia, mi casa… toda mi vida. 

Mi papá nos había dejado 3 años antes del atentado por lo cual mi mamá era nuestro único sostén, no solo económico sino emocional también. 

Soy el mediano de tres hermanos. Gabriel, el mayor, en el momento de la explosión tenía 17 años, yo le seguía con 16 recién cumplidos y Matías, tenía solamente 11. En el año 1994 iba a un colegio industrial en el Barrio de San Telmo (Vivía a 10 cuadras del colegio). Después del brutal atentado, nos mudamos a la casa de mi abuela paterna junto a mis hermanos. Ella vivía en Banfield, Provincia de Bs As, (30 km. de mi escuela), lo que generó tener que viajar una hora y media hasta el colegio diariamente. 

Aun así y con todos estos cambios no me quejaba, durante un tiempo el resto de mi familia nos acompañaba de cerca. Los cuidados eran diversos, nos invitaban a sus casas, llamaban por teléfono, nos hacían sentir seguros. 

Súbitamente tenía llantos incontrolables que intentaba controlar fallidamente. Generalmente me pasaban en la oscuridad de la noche cuando nadie me veía, ya que “sentía” que no podía fallarle a mi familia. Todos habíamos sufrido una muerte dolorosa e injusta. Bastante tiempo después descubrí que no solo había perdido a una madre, también habían perdido una tía, una hermana, una hija. 

Mirta, mi mamá, tenía 42 años al momento de su muerte, misma edad que tengo actualmente. Tener 42 años no es fácil, el día de mi cumpleaños vino a mi mente “Mamá se murió muy joven, tenía toda una vida por delante, que injusta su muerte”. Hace un año terminé mi segunda carrera, la de Profesor de Enseñanza Media y Superior. Mientras estudiaba la carrera me especializaba al mismo tiempo en Psicología de la Emergencia. 

Mi primera carrera fue la Licenciatura en Psicología, me recibí en el 2005. Ahora, ¿Cómo un estudiante de un colegio industrial que quería estudiar ingeniería civil, que ya tenía organizado todo su futuro, que sabía a qué Universidad quería ingresar y todo lo que quería hacer con su vida termina recibiéndose de Psicólogo? 

La respuesta es RESILIENCIA. 

Julio de 1994 fue bisagra. Si bien el colegio me gustaba, el segundo semestre trajo muchos cambios, no solo el vivir con mi abuela, sino que mi mundo se puso patas para arriba. De repente crecí 20 cm, mis amigos del barrio habían cambiado. Yo sabía que la vida había cambiado, de nada servía llorar por las noches, decidí unilateralmente que quería estudiar una carrera que sirviera para ayudar a los demás. Allí recordé que mi mamá decía que le hubiese encantado estudiar psicología. Así nació mi pasión por la Ciencia que estudia las emociones y el alma. 

Ser resiliente se trata de la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y salir fortalecido o transformado por experiencias adversas. Logré seguir adelante, a pesar de los elementos desestabilizadores, de las crisis o dificultades que se me presentaron en el camino. 

La resiliencia se trata de la capacidad para superar circunstancias de especial dificultad. La resiliencia supone una verdadera estrategia de crecimiento, te permite llegar a conocer y movilizar recursos que a veces, ni sabías que poseías. Hay ocho atributos que se encuentran presentes en todos los sujetos resilientes: estos son Introspección, como el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta, independencia para saber fijar límites entre uno mismo y el medio, la capacidad de relacionarse; iniciativa, entendida como el gusto por exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes, humor, creatividad, moralidad y autoestima. 

Muchas veces me pregunté si nací resiliente o me hice resiliente en el camino. En las distintas investigaciones sobre el tema, ha quedado demostrado que no se nace resiliente ni se adquiere de forma natural, sino que su desarrollo depende de la interacción entre la persona y su entorno, con la ayuda de amigos y familia. 

En el trayecto de mi adolescencia aumente mi autoestima, esta se encuentra íntimamente relacionada con el concepto de resiliencia. La misma me ayudó a no hundirme y salir adelante.

La relación con mi papa no pasaba por su mejor momento, el aparecía y desaparecía constantemente. Otro de los motivos para estudiar Psicología era para poder entender a mi papá. No entendía porque él era así, por qué le costaba tanto acercarse a nosotros tres (mis hermanos y Yo). 

Mi forma de ser resiliente era estudiar, intentar entender lo que le pasaba al otro. Buscaba y buscaba información sobre todo lo relacionado con la Amia, no me quería quedar con que mi mamá simplemente se había muerto en un atentado terrorista.

La resiliencia no hace su trabajo sola, uno tiene que dar mucho de sí para salir adelante A poco tiempo del atentado comencé terapia, fueron 24 años. Esto me ayudó a que mi mundo interno se haga más fuerte. Allí mi investigación encontró su curso. 

Cuando era adolescente en cada aniversario de la muerte de mi mamá intentaba hacer algo diferente, los primeros años me enfermaba, desde alergias, resfríos, y otros síntomas psicosomáticos. No todo eran enfermedades, también sufría angustia, tristezas sin sentidos, dolores de todo tipo y enojos al por mayor. 

Mi psicóloga de ese momento me decía que cada uno procesa el dolor como puede, yo le planteaba que estaba cansado de que me duela tanto y le decía que quería ser normal, no el “hijo de una víctima del atentado de la Amia”. 

Intentaba ser normal. Ser parte de la norma, es lo que hizo transformar el dolor en otra cosa. Escribía poemas, le escribía cartas a mi mamá, cartas que nunca iba a leer. 

Me enfoqué en dejar de ser víctima y decidí disfrutar la vida. Me apoye más en amigos, en mi familia y en la que en ese momento fue mi novia y hoy es mi esposa, sostén incondicional y mamá de mis dos hijos. 

¿Qué es ser resiliente? 

Ser resiliente es volver a confiar en la vida y formar una hermosa familia. Vivimos juntos con mi mujer hace 20 años y tenemos dos hijos, Santi de 13 años y Helena de 7. 

Ser resiliente es estudiar Psicología para ayudar a otros como me ayudaron a mí en su momento. Estudiar proyectándome en ser un profesional respetado y ético. 

Ser resiliente es buscar a mis 40 años a la primera psicóloga que desinteresadamente me ayudó y acompañó durante un breve lapso de tiempo, ni bien sucedió el atentado terrorista. Pude agradecerle y contarle cómo había salido adelante más allá del dolor y la tristeza. Con ella volvimos a tener encuentros durante varios meses y mediante su acompañamiento me ayudó a reelaborar aquellos meses post atentado. 

Juntos removimos lo que no andaba y me acompaño a descubrir otro mundo. El mundo de la psicología de la emergencia. Ser psicólogo de la emergencia me dio herramientas para entender qué le pasa a una persona en el momento justo donde se da un accidente, una muerte de un familiar, un hecho traumático. 

Estudiaba herramientas para trabajar con una persona que recién había pasado por un hecho traumático al mismo tiempo que se removía el dolor de lo pasado. Aprender me sana, duele al principio, pero sana después y me vuelve más fuerte y me deja mejor parado para enfrentar cosas nuevas. 

Ser resiliente me permitió ser Psicólogo de Emergencia en A.C.E.C.C. (Asociación Civil Escuela Canina de Catástrofe) junto a Juan Carlos Lombardi, rescatista que participo en la búsqueda de personas vivas en la Amia. Ahora soy yo quien acompaña, contiene y capacita a los rescatistas que trabajan en derrumbes y búsquedas de personas junto a sus perros, en la detección de cuerpos bajo los escombros. 

Ser resiliente me posibilitó poder estudiar sobre terrorismo con el Congreso Judío Latinoamericano y entender el terrorismo en su cara más cruda y más canalla. 

Ser resiliente es estudiar primeros auxilios psicológicos aplicables a víctimas de terrorismo y a sus familiares. 

La resiliencia me permitió ir más allá del dolor y entender a otros que pasaron por lo mismo que yo. 

Inicialmente se consideró la resiliencia como una capacidad del sujeto, yo considero que se trata de un proceso continuo de desarrollo y adaptación positiva ante circunstancias adversas. 

Las personas resilientes usan con mayor frecuencia la reevaluación cognitiva de la situación y la solución activa de problemas, unas estrategias de afrontamiento que se relacionan con una mayor activación y motivación por parte de la persona para llevarlas a cabo. 

La mayor diferencia entre individuos con mayor o menor nivel de resiliencia podría guardar relación con la capacidad para aprender de los contratiempos y usar este conocimiento para un afrontamiento efectivo. Esto hace esperar que las personas resilientes aborden los problemas con mayor optimismo, muestren curiosidad y apertura a nuevas experiencias, y desplieguen más emociones positivas. 

Sino está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento. 
Víctor Frankl

ISSN: 1022-9833

El Congreso Judío Latinoamericano brinda espacio en la revista Coloquio para que los autores expresen sus puntos de vista, opiniones e investigaciones sobre los temas tratados. Los autores de las notas no forman necesariamente parte del Congreso Judío Latinoamericano y sus opiniones son personales.