Un nuevo muro judío

Roland Barthes señaló que la escritura significó una revolución en el lenguaje, en el psiquismo y en la evolución humana como una “segunda memoria”. Además de la biológica ubicada en el cerebro, que distingue la Prehistoria de la Historia porque la primera carecía de escritura y solo existía la tradición oral. La historia evolutiva del hombre ha dejado múltiples pruebas arqueológicas de su deseo de expresarse: la piedra, los cueros, los metales, los dibujos rupestres, los jeroglíficos, los papiros, cartas, documentos, libros y máquinas tanto para calcular como para dejar mensajes e información hasta la aparición de la computadora electrónica individual. Ese progreso permitió la democratización del pensamiento inmediato, presionando teclas y visualizando la información ingresada y su salida procesada.

La invención de la computadora ha cambiado a la sociedad y su modo de relacionarse, testimoniar, manifestarse, publicar ideas o noticias y para consultar infinidad de datos en un muro electrónico sobre la Humanidad. La computadora ha resuelto el misterio de pensar y ver en pantalla ideas convertidas en palabras, números, diseños, poesías, trabajos, en la investigación, en las infinitas áreas del conocimiento, en el intercambio de datos, en la acumulación de información, en el reservorio de documentación, en las relaciones personales e internacionales y ha mejorado la calidad de vida volviendo todo rápido y eficiente desde salvar vidas hasta declarar guerras. Para algunos ha pasado a ser un amigo cuando se regula su uso, para algunos una adicción y para otros el paso de una vida privada a la pública.

Retrospectivamente tanto el cincel, como la pluma y las máquinas de escribir con cintas entintadas, fueron los instrumentos que convirtieron los lenguajes invisibles en visibles de los hombres convirtiendo lo abstracto en real. 

Cualquier usuario de la red con este recurso de comunicación está en contacto con el mundo y al utilizarlo siente que tiene algo que decir, contar, protestar, agregar, celebrar, enseñar y figurar.

Los logros tecnológicos han cambiado los modos de manifestarse masivamente. Por ejemplo, los judíos son dentro de las colectividades de la Argentina los que más se expresan individualmente. Desde la creación de la comunidad judía de la Argentina los oradores eran sus líderes y los diarios y libros sus vías eran las vías de comunicación de sus ideologías. Con Internet fue como haber abierto la oportunidad de socializar sus opiniones y haberse convertido en periodistas. A través de un teclado, una pantalla y una red social tiene vigencia el chiste que dice que Israel es el único país que tiene 7.000.000 de presidentes. 

La comunidad judía en nuestro país tiene un peso histórico escrito y oral en la política, la economía, el arte, la literatura y el periodismo. Hubo siempre mediadores de sus diferentes ideas y tendencias pero desde la propiedad privada de la computadora se ha producido un hecho insólito. Sus manifestaciones son capítulos de temática judía pasada y actual leídos por miles de lectores en escritos que permanecen horas vigentes en primera plana y luego se van secundando a medida que aparecen respuestas, propuestas y comentarios.

Como periodista no puedo dejar de entrar a esa Web para curiosear lo que se dice a diario sobre este tema. El menú es muy variado: desde recetas de nuestra tradición; curso de hebreo online; humor judío; viajes a Israel; ciencia israelí, política; terrorismo; cine; actos culturales, conferencias y conciertos; opiniones y críticas a la dirigencia local e internacional a favor y en contra de Israel por el conflicto árabe palestino. Una especie de Rashi del siglo XXI. 
Los judíos han encontrado otro Muro para dejar sus escritos.

Facebook se ha transformado en un diario judío de la colectividad donde todos escriben: desde el menos versado al más docto, con diversidad de tendencias y este es un fenómeno sin precedentes.

A esta observación de la cantidad de información judía en Facebook agregué ejemplos sobre cambios sobre la escritura judía no compilada. 

En una de las inauguraciones de la Feria del Libro Judío de la Sociedad Hebraica me referí a la literatura judía, no a través de los libros ni editadas, sino de otras escrituras que también son parte de la Historia Judía. En ese acto relaté mi visita al Museo del Holocausto de Nueva York, donde en el subsuelo había una exposición cuyo título era: “Against All Odds”, que traducido quiere decir “Contra toda probabilidad” y estaba dedicada a la política restrictiva del ingreso de inmigrantes a partir de 1920 a los Estados Unidos y sus consecuencias.

La exhibición magistralmente diseñada por su carácter didáctico se trataba de los pedidos de “llamadas” para emigrar de judíos alemanes a los norteamericanos que avizoraron el peligro del nazismo. La muestra se extendía en un recinto enorme, con vitrinas laterales llenas de documentos, recortes de diario, fotos y una pantalla con documentales. Lo particular más allá de la temática fue el diseño de la museóloga encargada de la exposición que ideó una cortina de hilos que pendían del cielo raso, como una lluvia copiosa de papeles entrelazados que habían sido los pedidos de los que no se pudieron salvarse. Caminar por ese entretejido era enfrentarse cara a cara con las palabras de socorro de salvoconductos mudos que buscaban ante los ojos de los visitantes recuerdos, rezos. También una lección de lo que cada uno podría haber hecho para salvarlos o el toque de atención de lo que se puede hacer por el otro frente a situaciones trágicas como fue el nazismo bajo el testimonio visual y sonoro de los que se pudieron salvar y llegaron a ser ciudadanos americanos. 

Esa lluvia de papeles fue para mí otro capítulo y forma de escribir la Historia judía.

Otro ejemplo que di al señalar la importancia de la escritura judía no compilada fue relatar lo que hizo un geriátrico de refugiados de la Segunda Guerra Mundial que llegaron a Israel siendo niños o adolescentes y que tenían el sueño de tomar su Bar Mitzvá en el Muro de los Lamentos y ese deseo se hizo realidad. Ya en Jerusalén algunos escribieron sus mensajes y pedidos a Dios en sus idiomas natales y otros en el hebreo que pudieron aprender para luego colocarlos en el Muro. Así dejaron depositado entre las piedras milenarias de lo que fuera el Templo de Salomón lo más recóndito guardado en sus almas.  Y pensé que ése fue otro capítulo más de la expresividad judía escrita.

De las infinitas formas de escribir la historia judía sin ser editada dije que el Muro de los Lamentos es un libro inédito y secreto porque nadie debe leer lo que se acumula en sus escritos. “Son notas entre el hombre y su Creador”, como repiten los rabinos que lo custodian estando prohibido destruir cualquier objeto con el nombre de Dios. Sólo las palomas picoteando y buscando alimento entre tanto rollitos son los únicos que los profanan para levantar vuelo y llevar los mensajes al cielo jerosolimitano.

Si recordamos que la escritura estaba reservada a las elites y que hoy cada uno puede dejar escrito lo que piensa ésta es la historia del libro judío cibernético actual.

CATEGORÍAS: Comunidades judías
ISSN: 1022-9833

El Congreso Judío Latinoamericano brinda espacio en la revista Coloquio para que los autores expresen sus puntos de vista, opiniones e investigaciones sobre los temas tratados. Los autores de las notas no forman necesariamente parte del Congreso Judío Latinoamericano y sus opiniones son personales.