Breve reseña histórica del diálogo entre la iglesia católica y las otras religiones en argentina

No cabe duda que la Argentina ha tenido en su historia bicentenaria un interesante desarrollo en las relaciones entre la Iglesia católica y las otras religiones. Aquí haré referencia especialmente al Judaísmo y al Islam, que forman parte de las religiones monoteístas y abrahamíticas. Con respecto a las religiones orientales, que han introducido el budismo y el hinduismo, las relaciones de la Iglesia católica con las mismas se han dado en los últimos decenios, dado que la presencia de grupos migratorios provenientes de Asia (Japón, Sur Corea, Taiwán y China), es reciente.

Frecuentemente se ha utilizado el término “crisol”, “crisol de razas” y “crisol de religiones”. Más recientemente el término ha sido modificado por el de “mosaico”, “mosaico de religiones”. La diferencia entre crisol y mosaico consiste en el hecho que el crisol expresa la idea de una fusión de los cultos, mientras que el mosaico inspira más una concepción de abanico de las religiones con su consecuente libertad religiosa y de profesión del propio culto.

Es cierto que la Iglesia católica como expresión religiosa mayoritaria en el país ha ejercido en sus diferentes etapas históricas diversas actitudes y acciones con referencia a los otros cultos religiosos. Es por ello que, siendo ésta una breve reseña histórica, me acotaré a delinear a grandes rasgos los momentos de mayor impulso del diálogo, después de tiempos de incomprensiones y desencuentros, por no decir de antisemitismo e islamofobia.

Por otra parte este país rioplatense, con su convivencia pacífica entre los cultos, cuyas robustas raíces históricas remontan a la coexistencia casi natural que se dio entre los diferentes grupos migratorios que llegaban aquí entre mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX, corre con ventaja en relación a las áreas mediterráneas que hoy viven graves momentos de crisis. En los conventillos de la Boca, por ejemplo, a comienzos del Novecientos, convivían el “tano”, el “turco”, el “judío”, el “gallego”, todos y cada uno con sus cultos y sus tradiciones culturales. Asimismo la escuela pública, en la mayoría de los casos, albergaba a toda clase de inmigrantes, sin ejercer ningún tipo de discriminación y permitiendo un crecimiento armónico entre todos. Era normal que un joven católico jugara y creciera al lado de un judío o de un musulmán. Además en esta etapa la Iglesia católica asumía una suerte de defensa con respecto a la penetración de sectas evangélicas protestantes que de alguna manera, con su misión persuasiva, buscaban directamente adeptos dentro de la grey católica. En fin la relación entre la Iglesia católica y las minorías religiosas no ha sido fácil, y se han vivido tensiones y desencuentros, situaciones complejas y. aun más, cuando la misma Iglesia se ha identificado demasiado o ha apoyado al gobierno de turno, estas relaciones han visto momentos de ruptura y, por ciertos aspectos, de enfrentamiento.

No se puede olvidar el modo en el cual en Argentina se han engendrado en el mismo mundo católico corrientes de pensamiento antisemita en los años Cuarenta y Cincuenta que han acrecentado el prejuicio antijudío. Seguramente el Concilio Vaticano II crea nuevas actitudes de la Iglesia con respecto a los judíos, y la Declaración conciliar Nostra Aetate representa en esta perspectiva un hito fundamental. En este marco es importante destaca aquí en Argentina, el trabajo de diálogo iniciado por Mons. Jorge Mejía, en aquellos años director de la Revista Criterio y del Rabino León Klenicky; también son los años en que crece la Confraternidad Judeo-Cristiana, donde la Hermana Alda, de la congregación de la religiosas de Nuestra Señora de Sión, profundiza el diálogo con los hermanos mayores.

Bajo el pontificado de Juan Pablo II el diálogo de la Iglesia católica con las otras religiones adquiere un nuevo impulso. La jornada de oración por la paz promovida por el pontífice polaco en Asís en el octubre 1986 con los líderes de las religiones mundiales representa una nueva y fecunda etapa en las relaciones entre catolicismo y las otras religiones. Como comenta Norberto Padilla también Argentina promueve en los mismos días de octubre de 1986 encuentros interreligiosos en Paraná con Mons. Karlic y la participación de diferentes comunidades religiosas. Sin duda el trabajo incansable llevado adelante en todo el mundo por Juan Pablo II ha tenido una positiva influencia también en nuestro país. Personalmente, no puedo olvidar la emoción que se evidenciaba en sus palabras, cuando en los años Noventa el profesor Abdala Desuque, del Centro Islámico, me comentaba haber entregado con sus propias manos al Papa Juan Pablo II, una copia del Corán. En aquel encuentro, el 10 de Abril de 1987, Juan Pablo II tuvo palabras de aliento hacia la comunidad musulmana, recordando como ejes fundacionales del diálogo, el encuentro con los jóvenes universitarios musulmanes de Casablanca, en Marruecos y justamente la histórica Oración por la paz en Asís de 1986. Afirmaba el Pontífice: “varios dignos representantes de vuestra religión aceptaron con gran disponibilidad mi invitación a aquella memorable jornada dedicada a la oración por la paz, acompañada del ayuno, silencio y peregrinación. Se pudo ver allí la riqueza de la espiritualidad islámica y su voluntad de impetrar el gran bien de la paz para todos los hombres y en todas las partes del mundo”. Y terminaba con un augurio que ciertamente ha sembrado frutos en pos del diálogo que hoy manifiesta una cierta naturalidad: “hoy, en la Argentina, desearía repetiros a vosotros, los creyentes aquí presentes: ¿no serán capaces de reproducir en sus vidas y en sus ciudades los atributos que vuestras tradiciones religiosas les reconocen...? Estoy convencido – concluía Juan Pablo II – de que entonces nacerá un mundo en el que hombres y mujeres de fe viva y eficaz cantarán la gloria de Dios e intentarán construir una sociedad humana de acuerdo con la voluntad de Dios”. Esta esperanza manifestada por Juan Pablo II se ha concretado en Argentina positivamente. Repetidos han sido los encuentros, los diálogos entre el mundo islámico y la Iglesia católica en estos últimos años. También se ha fortalecido el triálogo, es decir el encuentro entre las tres religiones abrahamíticas.

Mesas redondas, presentaciones de libros, conciertos musicales, muestras artísticas, encuentros de oración dentro de los cuales se destaca la multitudinaria oración interreligiosa por la paz, que se organizó el día después del atentado del 11 de Septiembre en el Obelisco. Otro momento significativo ha sido la Jornada de Oración por la Paz, promovida en Abril de 2005 por la Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Conferencia Episcopal Argentina, donde han participado numerosas personalidades del mundo islámico y judío.

Movimientos eclesiales como la Comunidad de Sant’Egidio, el Movimiento de los Focolares, y Fundar han contribuido en el fortalecimiento del diálogo a través de iniciativas periódicas de encuentro, de conocimiento recíproco, de iniciativas culturales, seminarios y cursos nacionales y locales sobre el Islam y el diálogo con el judaísmo. Asimismo el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR) que cuenta entre sus miembros diferentes exponentes del mundo católico, ha realizado seminarios y actividades para favorecer el mutuo entendimiento y la defensa de la libertad religiosa de los fieles y de sus lugares de culto. Universidades católicas, como la misma UCA y la Universidad del Salvador y la Austral, han realizado iniciativas en estos años para favorecer el diálogo intercultural y académico entre profesores e intelectuales cristianos, judíos e islámicos. La multiplicación de iniciativas ha fortalecido, de esta manera, un tejido de convergencia sobre cuestiones de carácter ético y civil, como la defensa de la vida y cuestiones de carácter internacional como la construcción de la paz y la lucha contra la pobreza y el terrorismo. En el mismo nivel universitario no hay que olvidar las diferentes iniciativas por parte de la UCA para visitar los centros de Culto de la fe islámica, de las sinagogas, a través de oportunas visitas guiadas.

Hoy también es algo habitual ver en las pantallas televisivas mesas redondas, entrevistas y debates con la participación activa de representantes católicos, judíos e islámicos. Entre otras cosas es útil recordar el documento que fue redactado y suscrito por el Arzobispado de Buenos Aires, los directivos de las mayores entidades judías, AMIA y DAIA y por el Centro Islámico de la República Argentina, en 2005, contra el terrorismo, en la sede de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Este documento contra toda forma de terrorismo y de fundamentalismo, compromete a las tres religiones monoteístas a “seguir trabajando en la educación, centrada en los aspectos humanos que fomenten el compromiso diario con la paz y la convivencia; la profundización del diálogo interreligioso como elemento de convocatoria al trabajo en valores; la formación de una conciencia de ética solidaria; la creación de una comisión destinada al estudio y prevención de las causas que generan el terrorismo y el fundamentalismo, y a evitar generalizaciones que siembran confusiones”. Documentos de esta índole confirman la presencia de un clima de confianza, de encuentro y de desarrollo de iniciativas comunes. En la misma línea se puede apreciar iniciativas promovidas en los ámbitos escolares y estudiantiles con gestos de alto valor simbólico como la jura de la bandera para el 20 de Junio, con la participación de estudiantes que frecuentan instituciones educativas islámicas, católicas y judías.

Este clima de diálogo y de colaboración se ha instalado también en diferentes diócesis del país, entre las cuales se pueden recordar iniciativas interreligiosa en Córdoba, Salta, Tucumán, Rosario. La Comisión Episcopal de Ecumenismo, Diálogo con el Judaísmo, el Islam y otras Religiones (CEERJIR) desde hace varios años promueve encuentros e iniciativas a nivel de diócesis y nacional (ENDEDIO). En su sitio web se pueden conocer las diferentes contribuciones al diálogo y una rica bibliografía. También a nivel teológico, en el marco de los encuentros anuales del SAT (Sociedad Argentina de Teología) se han presentado jornadas cuyo eje central ha sido el diálogo ecuménico y el diálogo con las otras religiones. Hay que destacar sobretodo el rol del cardenal Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco en el afianzar el diálogo interreligioso. Sus relaciones fluidas y fraternales con el Judaísmo y con el Islam han sin duda favorecido nuevos espacios de encuentro y de entendimiento. Su relación fraternal con el rabino Abraham Skorka, Rector del Seminario Rabínico Latinoamericano, al cual en octubre 2012 ha otorgado el “doctorado Honoris Causa” de la Pontificia Universidad Católica Argentina o la familiar frecuentación con Adel Made primero y luego con Samir Salech, Presidentes del Centro Islámico de la Republica Argentina son solo algunos de los hechos emblemáticos de esta firme voluntad de diálogo por parte del purpurado porteño, hoy llamado para ser el sucesor de Pedro.

En síntesis, una construcción paciente, fatigosa, no exenta de incomprensiones, pero a su vez en búsqueda de penetrar más profundamente y sin prejuicios en el mundo del otro, es la indicación que proviene hoy también desde el diálogo entre el catolicismo argentino con las otras religiones y especialmente con el Judaísmo y el Islam. No obstante ello, a pesar de ser minoritarias, no faltan posturas fundamentalistas y reduccionistas, pero el trabajo y las voluntades mancomunadas manifestadas indican el camino de una integración positiva y de una convivencia fecunda dentro de una sociedad multirreligiosa y multicultural como la nuestra, donde las minorías religiosas gozan hoy una ciudadanía plena. En esta perspectiva es oportuno y auspicioso prepararse y presentarse como sociedad compleja, estratificada y diversa, pero unida en estos tiempos de memoria fundacional del país.

CATEGORÍAS: Interreligioso
ISSN: 1022-9833

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