La comunidad judía y su relación con los medios

Este “paper” fue presentado por su autor en ocasión de sesionar en la ciudad de Río de Janeiro el Ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano.

A modo de presentación 


El presente trabajo pretende ser mía primera aproximación al complejo tema de la relación de la comunidad judía con los medios de comunicación masivos. 

Decimos complejo porque tanto el debate sobre lo que es la comunidad judía y su identidad por un lado, así como el impacto de los medios de comunicación masiva en la última mitad de este siglo por el otro, siguen siendo temas de estudio y debate permanente. 

Por vez primera el Congreso Judío Latinoamericano abre este tema. No debe ser casual. Cabe preguntarse por qué se ha tardado tanto en indagar sobre las consecuencias de esta relación que, de hecho, no es nueva. 

Pensar en el pueblo de Israel es pensar en un pueblo de permanente vocación de transmisión. ¿Quién no habrá imaginado al gran legislador Moisés bajando del Monte Sinaí con las dos grandes tablas de la Ley, su medio de comunicación? ¿Quién no habrá escuchado el eco de los discursos de nuestros profetas en las plazas y mercados públicos? 

No es casualidad que el Pirket Avot, Tratado de los Principios, en su primera mishná comience diciendo “Moisés recibió la Torá en el Monte Sinaí, y la entregó a Joshúa, y Joshúa a los ancianos, y los ancianos a los profetas, y los profetas a los hombres de la Gran Asamblea”. Somos un pueblo donde la transmisión de generación en generación es un desafío y a la vez una obligación. 

La continuidad ha residido en nuestra capacidad de ser efectivos comunicadores y dejar permanente testimonio. Ahora bien, muchos podrían pensar que la misión del judaísmo se agota en esta transmisión, asegurando que el mensaje continúe vivo dentro del clan. Nada más alejado de la realidad. 

Podemos afirmar que no somos un pueblo de vocación proselitista ya que reconocemos y respetamos el valor de otras tradiciones culturales y religiosas. Es más, la gueulá (redención) ha sido pensada para todos los hombres piadosos sin distinción, siendo misión de Israel ser or lagoim (luz para las naciones). 

Es cierto que esta cosmovisión y misión no siempre han sido gratamente recibidas por los no judíos, quienes muchas veces nos han estigmatizado en un falso particularismo. Ha sido tan fuerte este dificultoso vínculo histórico con el “afuera”, con “el otro”, que hasta muchos judíos han creído y asumido este estigma. 

Por muchos años nuestra identidad estuvo moldeada mucho más por lo que los otros pensaban de nosotros que por una afirmación propia de nuestros fundamentos. Hecho este último que no es extraño ni incomprensible. 

A partir de esto, por generaciones vivimos diciéndonos “aunque tú no quieras ser judío, el otro se encargará de recordártelo” y este elemento sirvió de cohesión y hasta de discurso. 

Si este elemento tuvo vigencia y hasta esporádicamente la sigue teniendo frente a las bombas y el antisemitismo residual, también es cierto, y he aquí gran parte de los nuevos desafíos, que el judío por primera vez es aceptado en las sociedad libres, con lo cual el hecho de ser judío hoy pasa a ser un acto fundamentalmente voluntario. 

Hoy se requiere reconstruir con urgencia la identidad judía a partir de valores positivos que den sentido al por qué y para qué seguir siéndolo. 

Surge, pues, una pregunta clave para nuestra existencia: ¿qué tipo de comunidad queremos ser: cerrada en nosotros mismos o abierta al para muchos peligroso mundo exterior? Este es un tema a analizar aunque, y a pesar de que algunos intenten negarlo, ya está resuelto de manera fáctica.

Afirmamos que debemos encontrar el valor agregado del ser judío a través de los dos caminos tradicionales: profundizando sobre nosotros mismos y nuestros contenidos internos y su significancia, y en diálogo con el otro que es diferente y a través de cuya confrontación nos permite conocernos y reconocernos. 

En resumen: los hombres somos, de manera permanente, seres en diálogo con nosotros mismos y con el otro. 

Tal vez a partir de este momento comience a vislumbrarse el por qué de la importancia de nuestra relación con los medios de comunicación. 

Los mismos llegan con gran poder y efectividad, mostrándonos frente a nuestra propia gente —que espera verse reflejada adecuadamente— y frente al mundo. 

Surgen preguntas inquietantes:

• ¿Quién es el exponente de lo judío? 
• ¿Acaso hay o debe haber un único exponente? 
• Estratégicamente, ¿es bueno que frente al mundo gentil aparezca una única voz? 
• ¿Las bases se sienten representadas por esa voz? 
• Nuestra gente, nutrida de nuestra tradición de permanente disenso ¿acepta el monopolio de la voz judía? 
• ¿No enriquecería nuestro diálogo con el mundo no judío y nuestra valoración de nosotros mismos, el mostrar los diversos matices internos? 
• ¿No es acaso una manera de desmitificar los preconceptos antisemitas? 
• ¿Quién puede definir los límites de lo judío? 
• ¿Somos reflejados por los medios como quisiéramos serlo? Si no es así ¿por qué, y qué hacer? 
• ¿Tienen los medios posición tomada con respecto a lo judío y a los judíos? • ¿Debemos ver toda crítica como un tema de antisemitismo? 
• ¿Es necesario defender toda postura por el solo hecho de provenir de judíos? 
• ¿Puede la comunidad judía organizada poner distancia de actitudes judías y judíos particulares que no responden a la ética judía? 
• ¿Hace a nuestra credibilidad la fidelidad incondicional frente a posturas indefendibles? 

No pretendo con esta aproximación más que instalar un imprescindible y urgente debate conducente a la formulación de políticas acordes con los grandes desafíos que vivimos. 

Introducción. Análisis de la situación a las puertas del siglo XXI: la dialéctica entre lo universal y lo particular 

Una humanidad perpleja frente a la dinámica de los cambios y acontecimientos, que ha perdido las fronteras geográficas y ha arribado al mundo de la inmediatez a través de la cibernética y la robótica, se ve forzada a buscar nuevos paradigmas. 

Paradójicamente, frente a la aldea global que le permite al hombre acceder a cualquier lugar tan sólo apretando una tecla, éste siente más que nunca su fragilidad, su necesidad de reencontrarse consigo mismo a través de su pertenencia a su grupo de origen. Se da por tanto un hombre en el que coexisten de manera permanente sus dimensiones universales y particulares. 

Si partimos de esta premisa y la asumimos como cierta, es válido preguntarse por qué los judíos, que hemos transitado entre estos dos mundos de manera permanente, vivimos esta nueva realidad con cierta incomodidad y como una cuestión clave para nuestra identidad y continuidad. ¿Será que nuestra madre judía y sus culpas siempre nos hace sentir seres incómodos y disconformes? ¿No provendrá de esta disconformidad nuestro mayor talento y creatividad? 

En verdad, en el mundo moderno la caída de los muros y barreras de contención ya no permiten la seguridad ficticia de un mundo cerrado. Hoy se requiere de una identidad positiva, de valores fuertes, donde el valor agregado de la identidad judía haga que uno desee continuar y profundizar en su pertenencia a la misma. 

El Gran Rabino de Inglaterra se preguntaba cómo ser un ser tradicional en un mundo no tradicional. Tal vez y arriesgando una respuesta, la misma sea asumiendo que el judío moderno es un ser estereofónico en el cual coexisten, de manera simultánea y permanente, intereses y fidelidades múltiples. Para ser más gráficos, no es extraño encontrar a un chico judío ortodoxo de
Brooklyn con un bate de béisbol en la mano; ni a un chico proveniente de un matrimonio mixto, cuya madre no es judía, alistándose para servir en el Ejército de Israel; ni al nieto de un judío renegado marxista profundizando en las fuentes judías. 

Plantear una dicotomía sólo empobrece nuestra vida como seres íntegros y cercena parte de nuestro potencial de crecimiento. ¿Acaso desconocer la interrelación y el enriquecimiento que produce lo distinto, no es una visión fascista de la vida? 

Nadie podrá desconocer, en esta última mitad del siglo XX, la irrupción y el lugar de privilegio que ocupan los medios de comunicación y la prensa en particular. Su visión y misión como transmisores de información y formadores de opinión, su inmediatez y credibilidad, los sitúan como uno de los polos de mayor poder e influencia sobre la humanidad. 

Tal vez, a partir de lo antes dicho, parte de la preocupación y a veces del temor de la comunidad judía, pase por cómo se relaciona con los medios o, mejor dicho, cómo éstos exponen lo judío y a los judíos. En síntesis, ni más ni menos que el conflictivo y apasionante diálogo histórico con los no judíos que, a su vez y paradójicamente, reafirma y hasta constituye la propia identidad judía. 

Desarrollo 

Al pensar sobre el tema de esta presentación: “La comunidad judía y su relación con los medios nacionales e internacionales” me vino a la mente la imagen de una autopista a la que se suman numerosas rutas en forma de circunvalaciones y cruces. 

En primer lugar, creo necesario plantear interrogantes básicos, desde perspectivas muy diferentes: ¿Cuál es la función de la prensa? ¿Cuál es la identidad judía, si es que existe una única? ¿Tienen estas preguntas alguna relación entre sí? 

Empecemos con la identidad judía. En la historia contemporánea del pueblo judío aparecen dos ejes que marcan de manera clara y definitiva su existencia: la Shoá (Holocausto) y el Estado de Israel. 

Muchos judíos de la posguerra, y muchos influidos con justa razón por la traumática experiencia histórica, ven en todo no judío a un enemigo potencial en quien de ninguna manera pueden confiar. Ven en todo no judío a un antisemita enmascarado. Una situación que podría ser definida como la del temor al otro. 

El otro eje, el del Estado de Israel, plantea la situación del lugar de refugio. De una salvación de cualquier agresión. La casa propia donde el judío ya no es un extranjero. 

Entre estos ejes queda el judío de la diáspora en su particular relación con la sociedad en la que está inmerso y de manera muchas veces diferente a la visión globalizadora de los medios. Vive en una sociedad que lo acepta o no, que lo “tolera” o no, y esto marca su existencia y autopercepción. 

Y es acerca de esta particular situación, sobre la que quisiera profundizar; y la definiría como una situación de tensiones múltiples: tensión entre minoría y mayoría; tensión entre la percepción externa y la autopercepción; tensión entre las múltiples voces que integran la comunidad judía y la voz unificada que algunos dirigentes quisieran que se tenga; tensión entre la fascinación que ejercen los medios para la dirigencia y el temor de la dirigencia a no ser un fiel portavoz de lo judío frente a éstos, y el compromiso que significa quedar expuesto públicamente como judío. 

Surge además una tensión de otra índole más profunda, quizá menos operativa, pero que tiene que ver directamente con el rol de la prensa. Si aceptamos la “metáfora del espejo”, que dice que la prensa lo único que hace es reflejar la sociedad a la que pertenece, ¿cómo refleja la prensa a los judíos? 

Para responder a este interrogante es necesario salir de la perspectiva que nos ha caracterizado desde hace tiempo —de considerarnos ombligo de lo que sucede— y tratar de analizar la situación desde afuera, desde la perspectiva macro de la prensa no judía. 

Será imprescindible, entonces, considerar algunos puntos que pueden poner un poco de luz sobre el tema que nos ocupa desde, insisto, la perspectiva externa.

• Qué le interesa a la prensa. 
• Por qué editorializa. 
• ¿Le preocupa o le interesa el tema judío? 
• ¿Cuáles son sus fuentes de información?

Como dijimos, el poder que tienen actualmente los medios, exacerbado más aún por tecnologías que permiten transmitir información en tiempo real evitando cualquier barrera ideológica o de censura, es incuestionable. 

Semejante avalancha de información proveniente de todos los rincones del planeta y en forma ininterrumpida, exige a los medios criterios de valoración y selectividad que se establecen a partir de criterios inherentes al periodismo ejercido por empresas: 

• Una visión mesiánica de su función: a través de la información se puede lograr un mundo mejor. 
• Una visión comercial: no alcanza con informar. Se debe vender. 
• Una visión de poder, que puede ser contemplada desde diferentes ángulos: el poder de las megaempresas en contra o a favor del establishment, y el poder de contralor sobre los actos de gobierno y como salvaguarda de los valores aceptados por la sociedad en que está inmerso el medio. 

Si se ignoran estos aspectos se está ignorando el nudo de lo que marca la relación de la comunidad con la prensa. 

Sería entonces interesante pensar en qué ocasiones la comunidad es vista como un bloque, para no cometer el error de considerar que cuando la prensa la emprende contra un individuo, que resulta ser judío, la está emprendiendo contra la comunidad. 

Viéndolo desde esta perspectiva, y en las sociedades libres, el tema judío no es un tema de interés a no ser que sea “noticiable” por una causa específica. Y es en esta ocasión en la que se necesitan políticas de comunicación claras para evitar informaciones erróneas motivadas por el desconocimiento (los judíos somos minoría), o por prejuicios latentes en el periodista. 

Y aparece aquí, siempre desde la perspectiva externa, otra disociación. La prensa, considero, no siempre une al judío de la diáspora con Israel (aunque muchas veces así acontece) o, puntualmente con el conflicto de Medio Oriente (que sí es noticiable). Y en este caso, la prensa informa objetivamente o toma partido o editorializa a partir del enfoque particular del medio y desde las diferentes visiones que mencionábamos anteriormente. Cabe preguntarse cuál debe ser la postura de la comunidad al respecto y si nuestra fidelidad debe ser incuestionable. 

Teniendo en cuenta, y numerosos estudios lo demuestran, que las principales fuentes de información de los medios son fuentes oficiales (el exponente al que nos referíamos anteriormente), llegamos a la conclusión de que en numerosas —muy numerosas— ocasiones, la visión que tiene la prensa de lo judío es la que nosotros mismos le dimos. 

La experiencia de Frecuencia Jai 

Permítanme compartir con ustedes la propuesta que desde hace cinco años y de manera inédita en el continente, llevamos a cabo. 

Si tomamos como válidos los elementos que hacen a la identidad judía contemporánea y sus preguntas existenciales más complejas, puedo afirmar que el judío moderno, estereofónico —como mencionáramos— quiere que hablemos y le hablemos con naturalidad, desde su particular lugar de fidelidades múltiples que ya no le hacen sentirse culpable

Sostenemos que la radio ha logrado establecer una autopercepción de dignidad y autorrespeto de nuestra cosmovisión como judíos frente a una frágil y a veces confusa identidad. La radio se ha transformado para muchos en el vocero y referente de las múltiples voces judías, sin dejar de participar intensamente en lo que nos hace ciudadanos universales preocupados y ocupados por lo que nos acontece en los distintos contextos en que estamos insertos. 

Creemos que hay maneras judías de leer la realidad, trátese de los ámbitos políticos, sociales, económicos, etc. 

Es interesante que este valor agregado sea atractivo y ponderado entre los no judíos, quienes a menudo se sienten identificados con nuestra cosmovisión, descubriendo muchas veces que son parte de la misma. ¿Qué mejor lucha contra el antisemitismo y los prejuicios, que un diálogo abierto y honesto? 

Por otra parte, en esta breve pero intensa historia de la radio, hemos servido de referentes permanentes para otros medios no judíos sobre lo que hace a la comunidad y al acontecer de Israel y Medio Oriente, que también es una manera de influir en la opinión pública a través de nuestros colegas. 

Hay otro tema que quisiera mencionar, y es a partir de un simple análisis de la sociología moderna: vivimos en un mundo que tiende cada vez más al individualismo, de liderazgos cuestionados y de instituciones que ya no nuclean naturalmente sino que son usadas esporádicamente a modo de servicio. Hay razones de vida, productos del neoliberalismo, los cuales implican una sobrecarga de horas de trabajo, grandes distancias a recorrer, etc., que atentan contra la tradicional vida comunitaria. 

En este sentido, muchas veces nos equivocamos cuando creemos que un judío que no participa de sus instituciones se encuentra asimilado. Es más, ni el matrimonio exogámico es un elemento que corta la pertenencia a nuestro pueblo sino que, por el contrario, a veces acerca a nuestra tradición cultural a individuos que no provienen de un origen judío. 

Desde nuestra experiencia, el poder de este medio de comunicación electrónico, gratuito, de llegada inmediata, que no impone ideologías y que nos puede acompañar en cada momento sin interferir con nuestras tareas, sea en nuestro automóvil, en la oficina, negocios, hogar, etc., ha constituido una comunidad virtual de proporciones tales que no reconoce antecedentes. 

Asimismo, la efectividad y el poder estratégico de un medio de estas características en la lucha, por ejemplo, contra el antisemitismo, es obvia. No sólo como respuesta al mismo sino como posibilidad clara y concreta de participar e influir en el poder. 

Ejemplifiquemos: Si en Caracas (es un ejemplo) aconteciera un hecho antisemita de proporciones, y contara con una repetidora en red de la radio, el asunto se transformaría en tiempo real en un tema internacional, donde sin duda una entrevista periodística inmediata con el ministro del Interior lo forzaría a tomar postura pública frente a la comunidad judía y no judía, con la presión y compromiso que esto significa. 

Por otra parte, y en este contexto, Jai se convierte en un elemento vinculante entre las comunidades judías, permitiéndoles ser parte de la globalización que, evidentemente, ya no es una utopía, participando a su vez desde su particularidad y enriqueciendo la pertenencia a un pueblo más amplio del cual cualquier judío, por más aislado que esté o pequeña que sea su comunidad, también es parte. 

Entonces, y a modo de conclusión, creo que es necesario pensar profundamente en algunos interrogantes y, a partir de su respuesta, actuar de manera acorde y positiva: 

• ¿Sabremos captar los desafíos de la modernidad y utilizar las herramientas conceptuales y tecnológicas adecuadas a los nuevos requerimientos? 
• ¿Estaremos dispuestos al cambio y reconoceremos que muchos de nuestros paradigmas ya no son vigentes, pero que en la medida en que tengamos coraje tendremos una oportunidad en el mundo libre que nunca antes tuvimos? 
Finalmente, 
• ¿Nos daremos cuenta solos de que nuestra comunidad ya no es la misma, o necesitaremos leerlo en la prensa?

CATEGORÍAS: Judaísmo
ISSN: 1022-9833

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