Humanizar la economía

Introducción

Cuando me propusieron una intervención bajo este título lo primero que surgió en mi mente fue una pregunta: ¿Qué es lo que hace que una economía o la economía deje de ser humana? ¿Por qué llegado un momento una sociedad se plantea la necesidad de ¨humanizar la economía¨?

Y por eso, en este ámbito y junto a este interrogante quiero afrontar el tema de la dimensión ética dentro de las ciencias humanas y, por consiguiente, de la economía. Un conjunto de interrogantes para luego intentar una respuesta.
Hoy, ¿qué puede ofrecer la dimensión moral y religiosa al estudioso de cuestiones económicas?

Y ¿por qué es importante considerar esta dimensión? Porque mientras carezcamos de códigos de comportamiento moral  en el ámbito económico siempre estaremos desprovistos y en desventaja cuando llega el momento de traducirlos en términos de programas que impliquen una práctica y un compromiso.

Relación entre dimensión moral y religiosa y economía

¿Cuál es el tipo de relación que existe entre la ética y la economía?

Con el desarrollo del pensamiento neopositivista se difunde la tendencia a considerar al saber producido por la economía como un saber libre de funciones orientadoras.

El saber económico no acompaña y guía las acciones de los que toman decisiones sino que ve las acciones humanas de la misma manera que el físico ve y prevé el movimiento de la naturaleza.

La afirmación del carácter ¨neutral¨ como criterio de demarcación de las ciencias, una vez unido a la idea de que sólo éste último puede decirse rigurosamente racional, lleva a concebir a la neutralidad como carácter inherente y esencial a la razón económica.  Como diciendo que, para ser científico, el economista no puede comprometerse con juicios de valor.

El alejamiento que, de este modo, se produce entre razón y decisión resulta incolmable. La razón científica no se tiene que meter con los fines. De aquí la difusión de actitudes relativistas, y hasta escépticas, entre no pocos economistas, incluso entre quienes se declaran creyentes.

El malestar por esta ausencia de orientaciones morales y éticas está a la vista de todos, sobre todo por parte de los economistas que se interrogan sobre el sentido de los resultados de su práctica científica.

No es difícil darse cuenta.

Si se piensa en la economía como en uno de los modos – no ciertamente el único – de aumentar nuestra capacidad de comprender los acontecimientos del mundo social y de tratar de mejorarlo modificando determinadas cuestiones, el economista no puede autodelimitar su radio de intervención solamente a cuestiones de eficiencia. Y sobre todo no puede fingir el ignorar que cuanto más amplio se vuelve el alcance de las decisiones a tomar, tanto más se hace necesaria la tarea de explicitar los criterios de valor sobre cuya base hace las elecciones.

Todavía muchos economistas, frente a la pregunta si el conocimiento económico debe ser juez de los objetivos que persigue o un mero ejecutante de técnicas, responden eligiendo lo segundo. Es la respuesta del escepticismo científico. Y bien, hoy sabemos que la razón científica, puede desarrollar una función fundante de los valores, como diciendo que, valores y conocimiento científico no necesariamente tienen que oponerse entre sí.

Está a la vista en cual magnitud esta ¨escepticismo científico¨ fue perjudicial para la comprensión de los nuevos problemas de naturaleza económica de la post-modernidad y sobre todo cuánto ha contribuido a que la conciencia ética se ejercitara solamente como remedio, por otra parte gratuito, a la insuficiencia del estado o del mercado.

 Hacia un cambio de ruta

Hoy está muy difundida entre los estudiosos de economía la sensación de que es necesario un radical cambio de ruta, otro modelo,  aunque si aún no es claro cuál tiene que ser la dirección hacia dónde moverse.

En la literatura de los últimos años son cada vez más insistentes los requerimientos de una ampliación en el horizonte hasta el cual llega la investigación económica. Y esto es consecuencia justamente del darse cuenta que, el instrumento que usa el economista, nunca es separable del objeto que estudia.

De hecho, adoptar determinados instrumentos y no otros equivale a enfatizar u ofuscar un cierto modo de comportamiento en lugar de algún otro.

Las teorías económicas no son instrumentos neutrales de conocimiento del comportamiento humano, desde el momento en que éstas inducen de algún modo a determinados comportamientos en los hombres.

No transmiten solamente resultados de experimentos o de simulaciones; son, de alguna manera, instrumentos de modificación del orden existente. Por ejemplo, si un meteorólogo se equivoca en las previsiones del tiempo, el tiempo no se ve modificado, pero si el economista dice que es racional el comportamiento puramente individualista esta teoría contribuye a crear cada vez más agentes económicos individualistas.

En este preciso sentido es ilusorio seguir creyendo en la neutralidad del saber científico en el campo económico.
Por esto la economía no puede tener una existencia útil separada de los valores.

Reconceptualización del discurso económico

Soy de la idea que la contribución más significativa que tal perspectiva hoy puede dar a la reconceptualización del discurso económico está en la superación del reduccionismo estéril en el cual se ha estancado gran parte de la manera corriente de hacer teoría económica (Zamagni, 2002).

Voy a referirme a 4 formas específicas de este reduccionismo:

1) las relaciones humanas se redujeron a meras relaciones de intercambio de equivalentes. Sin embargo, el universo económico está hecho de diversos mundos en cada uno de los cuales prevalece un específico tipo de relaciones, como por ejemplo, conjuntamente con las relaciones de intercambio se encuentran presentes de una manera muy determinante las relaciones de reciprocidad o pro-sociales. Basta citar la  sociedad civil con dentro su economía civil organizada en: la economía familiar, la economía popular, los microemprendimientos, las experiencias de autoconsumo, de gestión de microcréditos, la cooperativa, el mutualismo, hasta verdaderas formas de empresa privada como la banca ética y  empresas sociales como las del proyecto internacional ¨economía de comunión¨.

2) la esfera de la racionalidad se ha reducido a la de la calculabilidad. Esta considera válido sólo lo cuantificable y no podrían entrar en esta esfera las relaciones interpersonales o pro-sociales (como las mencionadas en el punto anterior) , es decir las que se dan entre sujetos social y culturalmente predispuestos a entrar en una red de relaciones reguladas por una lógica distinta de la de intercambio de equivalentes.  

3) una tercera forma de reduccionismo es la que se expresa en el modo, hoy corriente en economía, de tratar la ¨confianza¨: ésta que es una relación, se ha reducido a ¨reputación¨, que es un bien patrimonial como muchos otros. Un sujeto  económico invierte en reputación sobre la base de un preciso cálculo de conveniencia: me conviene ¨sacrificarme¨ para adquirir un buen nombre ( interés personal ) o un cierto prestigio y obtener ventajas económicas ( aumento de mi capital) . Pero esto no tiene nada que ver con la ¨confianza¨ que, en cambio, postula la referencia a un acto gratuito de fe en el otro. ¿Qué es lo que encontramos como base de esta identificación equivocada entre confianza y reputación ?  La base errada es el considerar que la única motivación del comportamiento económico es el auto- interés, el propio provecho personal.
Buena parte de los problemas de orden social que hoy afligen a nuestras sociedades encuentran su explicación aquí: el haber hecho creer ilusoriamente a gobernantes, hombres de cultura y al ciudadano común que se podía dejar de lado  a la ¨confianza¨, considerada como un residuo de épocas culturales pasadas, y acá entra todo el tema de la cultura de la corrupción, el clientelismo, la pobreza ética de la cual está enferma nuestra sociedad en todos sus niveles.

4) finalmente, una última forma de reduccionismo, es la que en cierto sentido sintetiza las otras 3 precedentes, y es: la felicidad reducida a la utilidad.  ¡Y pensar que en los primeros años del siglo XIX la  economía era definida la ciencia de la felicidad !  Economistas como Muratori, Verri, Sismondi escribían: ¨El aumento de la riqueza no es la finalidad de la economía política, sino el medio de la cual ella dispone para tratar de dar a todos la felicidad.¨(Zamagni,2002)

Como sabemos, es con la revolución marginalista del 1870, que el implante filosófico del utilitarismo entra con fuerza en el discurso económico y... ¡¡ desde entonces no salió más !! La idea de base de este implante es que ¨lo máximo siempre conduce a lo mejor¨, lo cual definiría la regla práctica en base a la cual para ser felices lo que hay que hacer es tratar de maximizar la utilidad.

Pero se sabe que la utilidad es una propiedad de la relación entre el hombre y una cosa (comprendiendo también al hombre tratado como una cosa) mientras que la felicidad es una relación entre personas. Tan es así que se puede maximizar la felicidad estando solos; pero para ser felices es necesario ser, por lo menos, dos. Robinson Crusoe puede maximizar su self-interest por sí solo, pero para ser feliz tiene necesidad de su compañero Viernes. No hay felicidad fuera de la vida en sociedad.

Es así que,  por haber desalojado del discurso económico la categoría de la felicidad por la de la utilidad, la economía se ha vuelto la ¨ciencia triste¨, como hoy en muchos casos se la define.

Diría Kant: “ ¿Qué puedo esperar ?¨

Una de las preguntas fundamentales de la filosofía según Kant es: ¨¿Qué puedo esperar?¨

Para que la pregunta tenga sentido hay que afirmar que la vida no tiene un valor puramente instrumental, de ¨técnica¨. El horizonte del utilitarismo es demasiado angosto para que en su interior pueda tener sentido el hablar de felicidad y, sin un enganche con el tema de la felicidad, ni siquiera se puede hablar de esperanza.

Aquí está, en definitiva, la explicación de para qué puede servir hoy la perspectiva ética en economía: para recomponer lo que el reduccionismo ha separado y fragmentado.

Toda búsqueda implica responsabilidad y riesgos. En las ciencias sociales éstas son, en primer lugar, morales.
Desde siempre la ciencia guía la acción: las disposiciones sociopolíticas de nuestra sociedad se basan también sobre teorías económicas y hacen de su carácter científico un motivo de legitimación. También la economía, entre las ciencias sociales, tuvo su parte de responsabilidad en los crímenes del colonialismo, del racismo y, hoy, de una cierta penetrante cultura de la desesperación.  

Hoy, en términos de discurso económico esto significa que el nudo a desatar no es tanto el de la elección de los medios más idóneos para conseguir un fin determinado o prefijado sino más bien el de la elección del fin mismo entre aquellos posibles.

Nos encontramos en la necesidad de disponer de un criterio que vuelva a instalar la dimensión del valor.

Verdaderamente, si en la economía el problema fuera solamente un problema de elección entre distintos medios escasos, entonces la solución tendría que encontrarse en la técnica económica o ingenierística. Pero cuando el problema, en cambio, es de elección entre fines distintos – por ejemplo entre modelos de desarrollo o estilos de vida diferentes – el recurso de la técnica, aunque sea la más sofisticada – es un condición necesaria pero no ciertamente suficiente. En este caso es inevitable afrontar el núcleo de la cuestión: los valores que son indispensables para la persona humana.

Y bien, cuando se afronta ese núcleo de la cuestión, inevitablemtente llegamos a la referencia de la dimensión trascendente del hombre, de un horizonte distinto al de la pura razón económica, capaz de ofrecerle una dirección y un sentido.

Un ¨giro copernicano¨ en las ciencias sociales

Entonces, ¿ a qué nos referimos cuando hablamos de que es necesario repensar el núcleo de la cuestión económica en función de la centralidad de la persona y en su dimensión trascendente ?
En el surgimiento de un nuevo paradigma no sólo económico-social sino cultural comparable con el ¨giro copernicano¨ que significó una revolución en las ciencias naturales y el paso de la premodernidad a la modernidad.
Copérnico no inventó nada simplemente puso las cosas en sus lugar, dijo no es la tierra sino el sol el que está en el centro del sistema y, a partir de ahí, cambió toda la visión de las ciencias naturales.

Las ciencias sociales y económicas buscan por todos lo medios el paradigma que permita en el siglo 21 vencer la cultura del crecimiento de las ambiciones personales, del exceso de autonomía del individuo y de los grupos elitistas que no tienen en cuenta el bien de todos, de la rivalidad crónica que muchas veces genera violencia, de la creciente desproporción entre una franja de personas que se enriquecen de modo injusto y muchas otras relegadas a los márgenes de la miseria.

Si Copérnico, simplemente poniendo las cosas en su lugar, marcó el paso de un momento de la historia a otro momento de la historia, también nosotros pasando de la centralidad del sujeto individual hacia la centralidad del ¨nosotros ético-histórico¨ marcaremos un cambio epocal en la refundación de lo ético, lo social, lo político, lo económico según el sentido comunitario.

La única alternativa frente a la desintegración social es la fraternidad en todos los niveles.
Es necesario proponer un programa para la edificación de la integración social que muestre a la gente nuevas dimensiones psicológicas, sociales, económicas y también morales y espirituales.

Desde la promoción humana ¿no habría que repensar las políticas destinadas  a mejorar la calidad de vida: a) definiendo estrategias que combinen el desarrollo con la creación de oportunidades de empleo productivo, estimulando la inversión y el aprovechamiento del trabajo, b) invirtiendo generosamente en capital humano, especialmente en educación, capacitación técnica y laboral, salud y vivienda, c) fomentando el desarrollo de la mediana, pequeña y microempresa e impulsando la formalización del empleo y de la actividad económica, d) mejorando el desempeño de las redes de seguridad social asegurando que sus beneficios se proyecten efectivamente a los grupos de menores ingresos o desprotegidos como los niños, los jóvenes, los ancianos, los discapacitados, e) asegurando que la modernización y la expansión económica sean realizadas de manera compatible con la recuperación y la preservación del medio ambiente f) ampliando la base participativa de la sociedad hacia una esperada democracia deliberativa?

Y se podría seguir la lista de propuestas ...

Conclusión
 
La solución humana del problema económico no tendrá su última palabra ni en el sistema, ni en el modelo, sino en el espíritu de solidaridad que seamos capaces de invertir en la humanidad, y a partir de este espíritu busquemos el modelo y el sistema con  mayor participación de todos en la producción y en la distribución de los bienes necesarios para la vida en sociedad.

Es un desafío su puesta en práctica, exige seriedad, entrenamiento cotidiano, sacrificio.

Se emplee o no el término utopía, lo importante es estar convencidos que el hoy de la humanidad nos permite vislumbrar la posibilidad de forjar una situación distinta a la actual y esto es un deber de cada uno de nosotros independientemente del lugar que ocupemos en nuestra sociedad.

CATEGORÍAS: Economía, Pobreza
ISSN: 1022-9833

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