La educación judía en Buenos Aires: Su organización e institucionalización (1935-1957)

Escuelas judías han existido en la Argentina desde hace más de cien años. Los inmigrantes judíos procedentes de Europa oriental y de la cuenca del mar Mediterráneo, que construyeron sus hogares en las ciudades y en las colonias agrarias, cuidaron de fundar también instituciones educativas que les sirvieran para transmitirá sus hijos los variados componentes de la cultura y religión judías. En general, las escuelas judías funcionaban en los horarios dejados libres por la asistencia a las escuelas oficiales, las cuales impartían clases cuatro horas al día. Es por esto que las instituciones educacionales judías, que proveían un suplemento en asignaturas judías, fueron llamadas “escuelas complementarias”.

Al finalizar el siglo XIX y en las primeras décadas del XX, las escuelas funcionaban según un viejo modelo, el del “Talmud Torá”. Todas sus horas de instrucción estaban dedicadas a enseñar la lengua hebrea mediante su traducción a otro idioma familiar, sea idish, árabe o español según los orígenes “étnicos” de los estudiantes, y al estudio de la liturgia tradicional, del Pentateuco y de la exégesis bíblica. Los maestros carecían generalmente de formación pedagógica. La enseñanza se impartía sin subdivisión en grupos según edad o nivel de conocimientos, y la concurrencia de los alumnos era asimismo fortuita.

Algunas de estas escuelas estuvieron unidas bajo la égida del “Vaad Hajinuj Haroshí” (Comité Principal de Educación), patrocinado por la más antigua organización judía de la Argentina, la Congregación Israelita de la República Argentina. Este Vaad Hajinqj suministró asistencia a la mayoría de las escuelas judías que operaban fuera de la ciudad de Buenos Aires y a los diversos Talmud Torá que funcionaban en dicha capital. Sin embargo, la mayoría de las instituciones educativas de los judíos de la ciudad de Buenos Aires, incluyendo un número de escuelas laicas, socialistas y también de clase media, se fundaron en los años veinte y principios de la década del treinta y funcionaron sin el apoyo de ninguna institución central de la comunidad judía capitalina. Tales escuelas fueron creadas y mantenidas por sinagogas y otras instituciones comunitarias organizadas según los lugares de origen de sus miembros o que unían bajo su techo a judíos de diversos lugares de origen que ahora vivían en el mismo vecindario o zona. Además, no pocas escuelas tenían el patrocinio de partidos políticos judíos que trataban de educar en consonancia con su visión del mundo y en ocasiones lograron establecer una cantidad de escuelas, formando una red educativa.

Esta situación varió en 1935 con la decisión adoptada por la “Jevrá Kadisha Ashkenazit” —la organización ashkenazí para la inhumación de los muertos y ayuda a los deudos, de Buenos Aires— de unirse con otras instituciones locales y crear un Vaad Hajinuj (“Comité [o Consejo] de Educación”). El cometido de este Vaad Hajinuj era apoyar a las escuelas establecidas, alentar la fundación de otras nuevas e influenciar sobre las prácticas educacionales y las concepciones que guiaban las mismas. Los primeros en unirse al Vaad Hajinuj fueron los partidos sionistas tradicionales, los Talmud Torá, las escuelas sionistas y una de las dos asociaciones de maestros que, cerca de cincuenta años antes, se habían comenzado a organizar para la representación profesional de los docentes.

Durante sus primeros años de existencia, este “Vaad Hajinuj shel ha- Jevrá Kadishá Ashkenazit” dedicó su energía y la mayor parte de los medios de que disponía a las escuelas con las que se identificaba ideológicamente. Las escuelas pertenecientes a la izquierda sionista y a la izquierda antisionista, generalmente no recibieron su asistencia. Fue así como el Vaad Hajinuj intentó influenciarlas para que cambiaran sus posturas. Sus esfuerzos de persuasión se focalizaron en tres áreas: 1) Enfoque hacia la tradición judía, por ejemplo su exigencia de que las escuelas renunciaran a funcionar en Shabat y las festividades judaicas; 2) Actitudes respecto a los idiomas judíos, por ejemplo su exigencia de que el hebreo fuese enseñado además del idish como lengua hablada; y 3) Posiciones acerca del nacionalismo judío y el sionismo.

El año 1938 marcó la iniciación de un proceso de siete años de reconciliación entre campos ideológicos y de ingreso al Vaad Hqjinuj de las escuelas del ala izquierda; proceso signado por el compromiso ideológico de ambas partes. De esta manera, el Vaad Hajinuj pasó de ser una institución que había trabajado en pro del desarrollo y promoción de ciertas corrientes ideológicas en la educación judía, a ser un espacio en el cual todos los movimientos ideológicos judíos que regenteaban escuelas actuaban juntos, así como la autoridad central en materias educativas, que catalizaba y cristalizaba el apoyo organizado de la comunidad judía a sus escuelas.

Este proceso de acercar al Vaad Hajinuj las diversas corrientes, fue resultado de la participación de los partidos políticos judíos en la actividad política comunitaria. El ingreso de los partidos a esta actividad, que perseguía ganar posiciones de influencia sobre el apoyo financiero que proporcionada la Jevrá Kadisha Ashkenazit a las escuelas, aceleró el otro proceso por el cual la Jevrá Kadisha se convirtió en la institución comunitaria central de Buenos Aires. De modo que fue la educación uno de los factores principales de la consolidación de la estructura institucional de la comunidad.

El Vaad Hajinuj de Buenos Aires afrontó una cantidad de momentos críticos en sus 22 años de existencia y no siempre prevaleció. Sin embargo, sus logros fueron muchos:

* Logró organizar a la mayor parte de las escuelas en base a unas pocas pautas que promulgó como normativa formal.
* Elaboró programas mínimos de estudios que fueron aceptados por la mayoría de las escuelas.
* Tuvo éxito en estandarizar las condiciones laborales de los maestros, al mismo tiempo que definió las calificaciones requeridas para dar empleo a los mismos e impedir el ingreso de maestros sin la adecuada formación profesional. Se establecieron pautas uniformes para los salarios y beneficios sociales de los maestros, con la cooperación del sindicato de los docentes (reorganizado en 1938), con el cual se negociaban paritarias.
* Estableció un seminario de maestros que suministró el equipo docente necesitado por el sistema educacional judío a medida que el mismo se iba expandiendo, después que la Shoá (el “Holocausto”) destruyó las comunidades del este europeo de donde habían venido los maestros hasta entonces. Este seminario también sirvió como modelo para elevar los niveles de las escuelas primarias, para los colegios secundarios y para la creación de otros seminarios para la formación de maestros.
* Alentó la creación de institutos preescolares (“jardines de infantes”) e incluso estableció un seminario para la formación de maestros especializados en este área.
* Organizó las escuelas y las ayudó a satisfacer las exigencias planteadas por las autoridades educativas gubernamentales, que a partir de 1939 impusieron la supervisión de todas las escuelas. Alertó a la opinión pública judía acerca de la necesidad de mejorar los ámbitos edilicios de las escuelas, y cumplió otras funciones afines.

Pero el Vaad Hajinuj fracasó en otros cometidos importantes, tales como la generación de una base económica independiente para todas las escuelas. De haberlo logrado, hubiera podido dictar los criterios para dar apoyo a los establecimientos afiliados y así estar en posición de tomar decisiones acerca de la actividad en las escuelas. Fracasó en el cometido de crear un programa de estudios detallado que sirviera de guía para la instrucción en todas las escuelas. No consiguió tener un status independiente con reconocimiento oficial como la organización-techo que dirigía y representaba a todas las escuelas judías de Buenos Aires. No fue capaz de consolidar un frente unido contra ciertas decisiones de las autoridades. Asimismo se quedó corto en otros aspectos.

La imposición de la supervisión gubernamental sobre las escuelas complementarías, fue adoptada —entre otras razones— para impedir que los inmigrantes formaran a sus hijos exclusivamente con las pautas que habían traído consigo de sus países de origen, de modo que se facilitara la integración de dichos retoños a la cultura nacional argentina. No obstante esto, aquellas escuelas judías que se adaptaron a las normas técnicas y explícitas requeridas por las autoridades, pudieron funcionar sin impedimentos y —generalmente— no estuvieron sujetas a ninguna discriminación basada en su condición de escuelas judías ni en su actividad cultural particularista.

Los dos acontecimientos relevantes en la historia del pueblo judío durante el período bajo estudio, marcaron una profunda impronta en el desarrollo de la educación judía en Buenos Aires.

El Holocausto que tan duramente golpeó a la vida y la identidad nacional de los judíos, produjo cambios en las escuelas en lo que atañe a lo ideológico y organizativo, e incluso cambió la apreciación de los padres respecto a la educación judía, de modo que la cantidad de alumnos que asistían a dichos establecimientos se incrementó notablemente en el transcurso de una década.

También la proclamación del Estado de Israel influyó a la educación judía, no solamente por la adición de un nuevo factor institucional: la Organización Sionista Mundial, que emprendió esfuerzos en nombre propio; sino también por fomentar decisivamente al idioma hebreo después de un debate que había durado una década sobre las posiciones relativas de importancia que las dos lenguas nacionales, el idish y el hebreo, debían tener en la enseñanza de las escuelas.

Durante su existencia, el Vaad Hajinuj de Buenos Aires solamente abarcó a las escuelas ashkenazíes de la ciudad capital y sus suburbios. No participaron en su seno las escuelas instituidas por los sefaradim, fuesen de habla árabe o de tradición española.

El Vaad Hajinuj de Buenos Aires atravesó cambios, resultado de la fundación de una organización-techo nacional de todas las comunidades judías de la Argentina: el “Vaad Hakehilot” o “Consejo de las Comunidades”. La resultante amalgama del Vaad Hajinuj con el Vaad Hajinuj Haroshí llevó a la creación del Vaad Hajinuj Hamerkazí (Comité [o Consejo] Central de Educación) que fue organizado de una forma diferente a sus organismos predecesores. El Vaad Hsyinuj Hamerkazí comenzó a ocuparse de las necesidades de todas las escuelas judías del país, si bien no todas las escuelas no-ashkenazíes se afiliaron inicialmente.

Mientras la órbita de influencia de este Vaad Hajinuj se expandió en lo geográfico, registróse una tendencia creciente a limitar su autoridad sobre las escuelas. Los partidos que apoyaron al Vaad Hajinuj cuando la creación del mismo, en la inteligencia de que esta iniciativa aportaría respaldos comunitarios a sus propios establecimientos, ya no lo necesitaron una vez que ingresaron a la comunidad judía organizada y ocuparon en la misma posiciones de liderazgo, asegurándose de esta manera el aporte financiero de dicha comunidad organizada. Desde esta mira, un Vaad Hajinuj munido de autoridad operativa limitaría la libertad de acción disfrutada por las escuelas, que constituían una parte importante de la base de apoyo político en que se asentaban los dirigentes partidarios.

Pese a la declinación de la influencia del Vaad Hajinuj, mejoró el status de la escuela judía. Es por esto que la red educativa a la que el Vaad Hfyiniy nutrió y fortaleció, se convirtió en un importante factor de la consolidación de la singularidad judía en la capital argentina y constituyó el foco central de su vida comunitaria.

(Traducción del inglés: Pedro J. Olschanaky)

ISSN: 1022-9833