Ataque nuclear iraní a Israel

Los efectos previsibles

Un informe reciente de la OIEA, el organismo de control de la energía nuclear de la ONU, prácticamente lo oficializa: el ingreso de Irán al Club Nuclear ya es ineludible, y ocurrirá antes de lo esperado. Este peligro, que en algún momento se pudo haber impedido, será el resultado directo de falsas y persistentes esperanzas tanto en Washington como en Jerusalén. Especialmente para Israel, las opciones tendientes a impedirlo quedarán seriamente limitadas, o serán totalmente impracticables. Si fracasara el intento, las consecuencias posibles serían graves, o incluso inimaginables.

Los gobernantes de Teherán recién incorporados a la energía nuclear, serán totalmente racionales. ¿Qué le ocurrirá a Israel si los líderes iraníes, dotados de armas nucleares, asignaran más valor a ciertas presumidas obligaciones religiosas que a la supervivencia de su estado nacional? No se trata de preguntas tontas o espurias. Muchos de los líderes iraníes actuales, inclusive el Presidente Ahmadinejad, adhieren fielmente a la explosiva narrativa de un Apocalipsis chíita.

Ya sea que se lo considere racional o irracional, cualquier liderazgo iraní que se incline hacia un conflicto inevitable con la "Entidad Sionista", podría, quizás en menos de tres años desatar la guerra nuclear. De manera deliberada o inadvertida, como salido de la nada, o como resultado de la escalada lógica, a causa de un compromiso religioso inexorable de la Jihad contra los "infieles", o por razones mucho más prosaicas como errores de cálculo, accidente, golpe de estado, o falla de los controles de comando, un Irán nuclear podría iniciar un Armageddon en el mundo real.

Treinta y un años atrás, publiqué el primero de diez libros que contenían descripciones fidedignas de las consecuencias físicas y médicas de la guerra nuclear, cualquier guerra nuclear. Las mismas se tomaron mayormente de un informe elaborado en 1975 por la Academia Nacional de Ciencias, y que aún tiene validez, que incluía los siguientes resultados muy tangibles: grandes cambios de la temperatura, contaminación de alimentos y agua, epidemias de enfermedades en cultivos, animales domésticos y seres humanos debidas a la radiación ionizante; acortamiento de las temporadas de cultivo, daños irreversibles a las especies acuáticas, propagación de cánceres debido a la inhalación de partículas de plutonio; anormalidades inducidas por la radiación en las personas que estaban in utero al momento de las detonaciones; gran incremento de los cánceres de piel, y aumento de las enfermedades genéticas.

Abrumadores problemas sanitarios afectarían a los sobrevivientes de cualquier ataque nuclear iraní a Israel. Estas dificultades irían mucho más allá de meras quemaduras. Se producirían quemaduras retinianas en personas muy alejadas del lugar de la explosión. Decenas de miles de israelíes morirían aplastados por la caída de edificios, y despedazados por los vidrios rotos. Otros serían víctimas de tormentas de fuego. La lluvia radiactiva provocaría lesiones por radiación en todo el cuerpo, producidas por radiaciones gamma penetrantes, quemaduras superficiales por radiación causadas por radiación menor; y lesiones producidas por depósitos de sustancias radiactivas dentro del cuerpo.

Después de un ataque nuclear iraní, incluso uno "pequeño", las instalaciones médicas que pudieran aún quedar en pie en Israel estarían desbordadas más allá de su capacidad. El suministro de agua quedaría inutilizado. Centenares de miles, incluso millones de sobrevivientes podrían quedar sin hogar ni refugio. El transporte se reduciría a niveles rudimentarios. La carencia de alimentos sería crítica y prolongada.

La red de sistemas de centrales de comunicación Israelí, de por sí compleja, quedaría destruida. Virtualmente todos se verían privados de los elementos más básicos para el sustento. Quedarían diezmados los servicios de emergencia de policía y bomberos. Todos los sistemas que dependen de la energía eléctrica dejarían de funcionar. Los traumas graves causarían desorientación y trastornos psiquiátricos para los que no habría servicios terapéuticos. Dejaría de existir la sociedad humana normal. La pestilencia provocada por los asesinatos y el bandidaje descontrolados rápidamente aumentaría las plagas y epidemias. Muchos de los sobrevivientes serían víctimas del aumento de las enfermedades degenerativas graves. También podrían esperar la muerte prematura; disminución de la visión, y esterilidad. Sería inevitable una mayor incidencia de leucemia y cánceres de pulmón, estómago, mama, ovario, y cuello de útero.

La lluvia radiactiva afectaría muchas relaciones de la naturaleza cuyo equilibrio es sumamente delicado. Los israelíes sobrevivientes del ataque nuclear deberían lidiar con poblaciones más numerosas de insectos. Al igual que las langostas de los tiempos bíblicos, hordas de insectos de crecimiento vertiginoso se diseminarían desde las zonas afectadas por la radiación.

Los insectos son generalmente más resistentes a la radiación que los humanos. Este hecho, asociado con la prevalencia de cadáveres no enterrados, residuos no controlados, y aguas cloacales no tratadas, generaría decenas de trillones de moscas y mosquitos. Multiplicándose en los cadáveres, estos insectos tornarían imposible controlar el tifus, la malaria, el dengue y la encefalitis. En todo Israel, decenas o incluso centenares de miles de cadáveres humanos en descomposición crearían la mayor amenaza sanitaria.

También, estos mismos efectos desatados por Irán, e incluso más expansivos y destructivos, caerían sobre Israel. De manera inmediata y masiva, Israel sin duda tomaría represalias por la agresión nuclear iraní. En Irán, las alegrías ansiosamente esperadas del "martirio", desaparecerían literalmente en un instante.

En su último informe, la OIEA "sigue preocupada por la posible existencia en Irán de actividades pasadas o actuales, no reveladas, relacionadas con la energía nuclear, que involucran a organizaciones militares, y actividades tendientes al desarrollo de una carga nuclear para un misil". Ahora, la prevención eficaz o "autodefensa anticipada" por parte de Israel ya no resulta posible, y cualquier disuasión nuclear sostenida contra Irán sería tanto inestable como predecible, incluso si se pusiera fin repentinamente a la "ambigüedad nuclear" de Israel. Jerusalén quizás debería apostar a su supervivencia mediante la defensa con misiles balísticos (el "Arrow").

En caso que fracase esta apuesta, no crecerían lilas en la tierra muerta. Para que pudiera nacer de nuevo algo totalmente humano en tal necrópolis, un sepulturero debería empuñar el fórceps.



Artículo publicado en Scholars for Peace in the Middle East, Junio 2011

CATEGORÍAS: Israel, Medio Oriente
ISSN: 1022-9833

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