El ataque al Capitolio de los Estados Unidos fue impactante pero no fue sorprendente

El ataque coordinado contra el Capitolio por un grupo de insurrectos fue un día oscuro para la democracia de los EE. UU que reverberó en el mundo. No fue una protesta protegida por la Primera Enmienda de la Constitución americana. No fue un mitin político. Fue un acto de sedición y traición. Desde que los británicos incendiaron la Casa Blanca en 1814, no habíamos visto la profanación de una institución del gobierno americano de una manera tan atroz.

Algunos medios de comunicación, el público general e incluso algunas fuerzas policiales expresaron “incredulidad” o sorpresa ante la insurrección del Capitolio el pasado 6 de enero. En realidad, el asalto al Capitolio fue el ataque terrorista más publicitado en la historia moderna de Estados Unidos.  

Días antes del ataque, ADL publicó un blog advirtiendo que varios organizadores habían solicitado al menos cuatro permisos relacionados con las manifestaciones del 6 de enero. Estos incluyeron un mitin “Stop the Steal/Wild Protest” (Detener el Robo/Protesta Salvaje), una “Marcha Trump”, una marcha encabezada por James Epley de Carolina del Sur y un mitin “MAGA Wild” (MAGA Salvaje) organizado por la Coalición del Ochenta por ciento. Un quinto evento, la “Operación Ocupar el Capitolio”, se promovió en las redes sociales.     

El título de la manifestación, “Stop the Steal” (Detener el Robo), cuyo objetivo fue parar el supuesto robo de las elecciones, hubiese sido advertencia suficiente. Sin embargo, los indicios más alarmantes del potencial a la violencia estuvieron plasmados en las publicaciones en redes sociales de extrema derecha. En el foro “TheDonald.Win”, los usuarios compartieron mensajes llenos de retórica violenta. Por ejemplo, un usuario se preguntó ¿Qué sucede si el Congreso ignora la “evidencia” de que el presidente Trump ganó las elecciones? otro usuario respondió, “Asalta el Capitolio” y otro agregó: “Mi tractor está listo, ¿qué necesita, señor presidente?” 

Muchos ignoraron lo que los propios extremistas expresaban abiertamente sobre sus planes de acción. La mayoría de la gente nunca se imaginó que la retórica se elevaría a este nivel de violencia ni que nadie, en su sano juicio, equipararía el “patriotismo” con el asalto al Capitolio de los Estados Unidos en un intento de derrocar al gobierno por la fuerza. No obstante, en retrospectiva los líderes de la insurrección deberían haber sido tomados en serio pues algunos grupos ya tenían un récord de llevar a cabo actos violentos.  

En abril de 2020, una mezcla tóxica de milicianos, partidarios de Trump y otros grupos protestaron frente al Capitolio del estado de Michigan en Lansing. Uno de los agitadores cargaba un letrero que decía “Los tiranos consiguen la horca”. Los manifestantes armados no tardaron en entrar por la fuerza, donde se enfrentaron a la policía quienes intentaban proteger al edificio y a los representantes estatales. Algunos de esos manifestantes fueron arrestados varios meses después por su participación en un supuesto complot para secuestrar a la gobernadora de Michigan. En septiembre, miembros del grupo Proud Boys, miembros de la milicia y otros manifestantes de derecha se dirigieron nuevamente al Capitolio de Michigan.  

En agosto de 2020, manifestantes extremistas de derecha irrumpieron en el Capitolio de Idaho en Boise, rompieron una puerta de vidrio y se enfrentaron a la policía. Días antes de la Navidad de 2020, manifestantes armados de derecha irrumpieron en el Capitolio de Oregon en Salem, mientras la legislatura estatal estaba en sesión. Al menos tres de las personas que irrumpieron en la capital de Oregón el 21 de diciembre parecen haber estado presentes en el Capitolio de los EE. UU en Washington DC el 6 de enero.     

Tras semanas de comentarios en línea cada vez más incendiarios, los Proud Boys, propensos a la violencia, llegaron en masa a Washington, DC la noche antes del ataque como si estuvieran preparados para el combate del 6 de enero. 

Los movimientos involucrados en el asalto al Capitolio de los EE. UU no representan una sola ideología; pero tienen mucho en común. Entre ellos se incluyen grupos antigubernamentales que apoyan al expresidente Trump y rechazaron el resultado de las elecciones; adeptos a las teorías de conspiración como QAnon, supremacistas blancos que prosperan con el caos; y un movimiento extremista emergente pro-Trump que desafía los procesos democráticos. Estos grupos han demostrado lo peligrosos que pueden ser, especialmente cuando unen fuerzas. 

El Centro de Extremismo de la ADL ha identificado a 212 de las aproximadamente 800 personas que se cree entraron en el edificio el 6 de enero. De las 212 personas identificadas 52 (o el 25%) tienen vínculos con conocidos grupos extremistas de derecha, incluidos Oath Keepers (6 personas), Proud Boys (17), Groypers y otros supremacistas blancos (10) y adeptos a la teoría de conspiración QAnon (14). Varios miembros de Proud Boys y Oath Keepers ya han sido acusados de conspiración en relación con la insurrección del 6 de enero. Un cargo de conspiración significa que el gobierno cree que estas personas aceptaron participar en actividades delictivas ese día.

El 75% restante se considera parte del nuevo movimiento extremista pro-Trump, una facción descentralizada pero entusiasta formada por autodenominados “patriotas” que continúan prometiendo su fidelidad al expresidente.

Según los datos actuales de la ADL, al menos 38 estados y el Distrito de Columbia están representados entre los insurrectos, lo que demuestra el alcance nacional de la desinformación y la propaganda que alimentó el ataque del 6 de enero. Los cinco estados más poblados del país (TX, CA, NY, FL y PA) representaron el 41% del total de personas que ADL identificó en el ataque, y la mayoría procedía de California y Texas.

Lamentablemente, muchas personas y grupos ya se han radicalizado a través de los principales sitios de redes sociales. Las principales compañías de redes deben hacer cumplir sus términos de servicio y demostrar su valor moral al no permitir que sus empresas se utilicen para traficar con el odio e incitar a la violencia. La incitación a la violencia no es un derecho protegido. La libertad de expresión, foco central de la primera enmienda en EE. UU no le otorga a nadie el derecho a incitar a la violencia y mucho menos a impulsar una insurrección nacional. 

El odio está en todos los ámbitos. El 28 por ciento de los estadounidenses experimentaron niveles severos de odio cibernético y acoso en línea, según la encuesta más reciente de ADL. Las plataformas de redes sociales desde Facebook y Twitter hasta 4Chan y Parler se han utilizado para amplificar, reclutar y dinamizar a grupos de extrema derecha como Proud Boys y teorías de conspiración como QAnon.

La campaña Stop Hate For Profit liderada por ADL se compromete a responsabilizar a las empresas de redes sociales. Tenemos la responsabilidad colectiva de adherirnos a una brújula moral que haga frente a todas las formas de odio, y así privar de oxígeno a las teorías de conspiración. 

En cuanto al antisemitismo se refiere, desde 2016, la cantidad de incidentes antisemitas ha aumentado cada año, alcanzando un máximo histórico en 2019. En 2018, fuimos testigos del ataque antisemita más mortífero en la historia de Estados Unidos, el tiroteo en la sinagoga del Árbol de la Vida de Pittsburgh. 

Los crímenes de odio en general se han disparado en los últimos años al nivel más alto en más de una década, y los asesinatos motivados por prejuicios alcanzaron un récord en 2019. Los latinos fueron atacados y asesinados a tiros en El Paso, Texas en 2019. Los crímenes de odio contra los asiáticos se dispararon el año pasado, con casi 1900 incidentes registrados. Los afroamericanos, que ya son el objetivo más común de los delitos de odio, informaron de un aumento en los delitos de prejuicio a raíz del asesinato de George Floyd a manos de la policía.

Evidentemente, la insurrección del 6 de enero fue un crescendo construido durante años en los EE.UU, desde las marchas de “Unite the Right” en Charlottesville, Virginia en agosto del 2017. Aquel día los manifestantes extremistas gritaban “Los judíos no nos reemplazaran” y al no ser retados por su discurso de odio se sintieron envalentonados para seguir propagando sus ideas radicales. A su vez, entre los insurreccionistas del Capitolio se encontraban personas que no escondían su antisemitismo siendo adeptos a los Proud Boys y a las teorías de conspiración antisemitas de QAnon.

Lamentablemente la historia nos ha enseñado en múltiples oportunidades lo que puede suceder cuando el antisemitismo no se confronta de frente. Es por eso necesario continuar exponiendo el extremismo y fortalecer sociedades que reflejen los valores democráticos y erradiquen el odio en todas sus formas. 

ISSN: 1022-9833

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