¿Anexión en “pausa”?

El pasado primero de julio, el nuevo gobierno en Israel tendría que haber empezado a discutir y autorizar una posible implementación de la soberanía israelí en territorios de Cisjordania. Benjamín Netanyahu junto con el partido de Azul y Blanco, liderado por Benny Gantz, habían acordado esto en el acuerdo de coalición de gobierno. Es importante destacar que todavía no existe una decisión parlamentaria sobre el tema, y eventualmente sobre cuáles serían los territorios en donde Israel impondría su soberanía y ley civil. 

El mes pasado fuimos testigos del “ruido” generado por una posible anexión, tanto en la región del medio oriente, como en la comunidad internacional. En cambio, en las últimas semanas, no solo que no se escucha hablar en los medios sobre el tema, sino que también no vemos ningún avance de este. Aún más, se podría decir que el famoso Tratado del Siglo del presidente Donald Trump, estaría en “pausa”. 

Israel, al igual que la mayoría de los países, sigue enfrentándose al COVID-19 y a la crisis económica que trae consigo. Las altas temperaturas de medio oriente tampoco pueden detener la pandemia, y al parecer tendremos que convivir con esta por un tiempo. Lo que sí sabemos y entendemos de la región, es su frecuente inestabilidad. Una posible implementación de la soberanía en Cisjordania por parte de Israel causaría daños estratégicos a la estabilidad regional y a la legitimidad internacional de Israel. Tal vez esto fue lo que entendieron también los líderes de Washington como los de Israel a consecuencias de una posible anexión.

A continuación, me gustaría remarcar algunos de los factores por las cuales vemos un congelamiento de una posible anexión por parte de Israel en territorios de Cisjordania.

¿Cuáles fueron los motivos por los cuales vemos una “pausa” en una supuesta implementación de la soberanía israelí en parte de los territorios de Cisjordania?

En el aspecto legal, no hay diferencia entre los conceptos de anexión o implementación de la soberanía. Lo que sí es muy diferente es la implementación de la ley. Israel anexó su soberanía en los territorios C  de Cisjordania, después de la guerra de los seis días en 1967. Desde entonces, estos territorios están administrados por el Estado de Israel, y el ejercito es el cuerpo que controla estos. Esto quiere decir que en estos territorios no rige la ley del Estado hebreo. ¿Qué significaría para los que viven en estos territorios la implementación de la ley israelí? Por una parte, las tierras en donde si imponga la ley israelí, pasarán a ser propiedad del Estado de Israel, dejaría de existir el gobierno militar y no habría diferencias entre estos territorios y ciudades como Tel Aviv, Haifa o Beersheva. Muchas de las tierras que los palestinos usan para agricultura o ganadería, se encuentran esos territorios. Si todo formase parte del Estado “nuevo” Israel, entonces, ¿todo ciudadano que se encuentre habitando allí pasaría a ser ciudadano israelí? Pregunta que aún no tiene respuesta clara. Cierto que esto dependería de qué terrenos anexaría Israel, aunque por el momento no hay un mapa de esto, sino solo propuestas. Una vez implementada la ley en parte de los territorios es muy difícil después, para el sistema parlamentario israelí, cancelar esta decisión o anularla. Por otra parte, si llegase a ver un recambio en el gobierno de los Estados Unidos este próximo noviembre podría este cancelar o dar de baja “el plan del siglo”. Por último, en el aspecto legal, la comunidad internacional (Naciones Unidas, Unión Europea, y la Corte Internacional de Justicia), ven a estos territorios “C” como ocupación de Israel después de la Guerra de los Seis Días en 1967. Esto quiere decir que, si Israel impusiese su ley sobre estos, la misma comunidad internacional no verá en esto un acto legítimo. 

En Estados Unidos empiezan a comprender que el Plan del Siglo en realidad podría a llegar a traer consecuencias negativas a Israel, al gobierno en Washington, a la región de medio oriente y en la comunidad internacional. Vemos en las últimas semanas una “pausa” por parte de la potencia hacia Israel para en el avance de una posible anexión. Siendo ellos los más interesados de llevar a cabo el acuerdo. El motivo principal son las elecciones, las cuales se celebrarán el próximo noviembre. Si hubiese un cambio de gobierno este plan podría apelarse o darse de baja por un posible gobierno democrático. Por otro lado, la carrera por la presidencia en los Estados Unidos presionaba no solo al gobierno israelí, sino también al gobierno Republicano para así conseguir el apoyo del mundo evangélico en las próximas elecciones. El segundo motivo es las nuevas políticas de ofensiva tomada por el gobierno republicano hacia el gobierno del Ayatola en Irán. Mike Pompeo (Secretario de Estado de EE. UU.), quien lidera estas nuevas medidas, visitó en el mes de mayo, por apenas 8 horas, al Primer Ministro israelí y presumiblemente llevó algunos mensajes de Washington sobre la cuestión. Entre estos, el avance de Irán hacia el desarrollo de tecnología nuclear, y por otra parte dar entender a Netanyahu que sin la mayoría de la Knesset (parlamento de Israel), no siga avanzando con el plan de anexión. 

Desde un punto de vista estratégico y de seguridad, son muchos los motivos que le juegan en contra al Estado de Israel. A continuación, me gustaría remarcar algunos puntos los cuales Israel entiende porque no sea el momento adecuado de llevar a cabo una anexión e imposición de ley:

  • ¿Fin del “sheket”? (silencio): Desde finales del segunda intifada, israelíes y palestinos han podido lograr un nuevo status quo, el cual permite a ambas partes convivir y dialogar. Un sheket, el cual produjo un crecimiento económico importantísimo para la Autoridad Palestina en las últimas décadas. Una cooperación extraordinaria entre las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina y las fuerzas de seguridad de Israel. Este silencio permite que ambas partes puedan seguir cooperando, dialogar y por sobre todo mirar a un horizonte en conjunto. Una posible anexión podría provocar una nueva inestabilidad entre palestinos de Cisjordania e israelíes. Fomentaría levantamientos populares en contra de la anexión, terminando con esta tranquilidad. Vemos hoy una gran debilidad en el pueblo palestino en el medio de una pandemia, una falta de confianza hacia sus líderes, y por sobre todo una incertidumbre que crece día a día. Podría empezar una “bola de nieve”, que ninguna de las partes sabrá cómo se desenvolverá.
  • Debilitamiento de la Autoridad Palestina: La carencia de confianza de la “calle” palestina hacia su gobierno, sumando una posible decisión unilateral por parte de Israel, dejaría a los líderes de la Autoridad Palestina en una situación débil. Perderían por completo su confianza y legitimidad como gobierno sobre los palestinos que viven en Cisjordania (3 millones). Dejaría al Fatah (el partido más grande de la Autoridad Palestina), casi sin crédito para poder reaccionar. Si llegase a debilitarse por completo la Autoridad Palestina, y esta llegase a “desarmarse”, ¿quién se hará cargo de 3 millones de palestinos que viven en Cisjordania? ¿Quién asumiría la responsabilidad de estos? ¿Acaso Hamas o algún otro grupo extremista radical tomará el control de Cisjordania?
  • Unificación del pueblo Palestino, ¿Intifada III?: Como bien sabemos, el pueblo palestino esta divido en dos, aquellos que viven en la Franja de Gaza (casi 2 millones) y gobernados por Hamas, grupo islamista radical, el cual fomenta terror y no reconoce al Estado de Israel; y aquellos que viven en Cisjordania, gobernados por la ya mencionada Autoridad Palestina. La posible implementación de la soberanía de Israel en territorios ha llevado a que ambas partes vuelvan a dialogar. Dialogo basado en unión fuerzas para una posible lucha contra Israel si llegase a avanzar con el plan de anexión. Levantarse contra el Estado de Israel, fomentando y llamando a una nueva intifada (levantamiento popular), tal vez usando nuevamente el terrorismo como herramienta principal para poder influir en las decisiones políticas israelíes. La sociedad israelí conoce muy bien lo que esto significaría. Es cierto que no será lo mismo, pero Israel tendrá que defenderse y acabar con el terror nuevamente. No sería lo mismo que se vivió en la Segunda Intifada, pero ¿no estarían fomentando días de los cuales no queremos vivir?
  • Jordania – Tratado de Paz en riesgo: Parte del sheket, es debido al rico diálogo con la monarquía de jordana y los intereses mutuos entre ambos estados. La anexión podría también afectar a la monarquía jordana. El Rey Hussein entiende este peligro y públicamente se opuso a cualquier tipo de anexión por parte de Israel. El miedo a un levantamiento descontrolado de la “calle” palestina en Cisjordania y dentro de la monarquía (60% de la población jordana son de origen palestino), pone en riesgo a la corona, así como pasó en algunos Estados durante la Primavera Árabe. Israel pone en juego su profundidad estratégica occidental la cual impide que grupos islamistas radicales lleguen a Jordania, sea por Irak o por Siria. Existe ya una frontera occidental segura para Israel, esta se llama Jordania. 
  • Estados árabes de la región: En las últimas décadas el Estado de Israel se ha podido acercar a diferentes Estados árabes de la región. Intereses y enemigos mutuos dieron a entender a estos la importancia de establecer buenas relaciones, para si fortalecer un orden en medio oriente. El sigo XXI trajo a Israel nuevos canales de diálogo con países que en el pasado no reconocían su legitimidad. Muchos de estos se oponen a una anexión por parte de Israel. Cierto que muchos de estos también apoyan el Tratado del Siglo, pero hay que entender que el mundo árabe no va a “abandonar” al pueblo palestino abiertamente. Una posible anexión podría provocar que estas alianzas y diálogos caduquen después de una declaración de soberanía de territorios y decisión unilateral por parte de Israel. Poner en juego estas nuevas relaciones dejaría nuevamente a Israel sola en la inestabilidad de la región.
  • La verdadera amenaza - Irán: En las ultimas semanas pudimos ver distintas acciones y ataques hacia el gobierno del Ayatola, como el que vimos la última semana en la planta nuclear en Natanz (2/7/2020). El objetivo de estos es parar el plan iraní de llegar obtener y desarrollar tecnología nuclear. Liderados por el gobierno de los Estados Unidos y sus aliados de la región (Israel entre ellos), Mike Pompeo, pide abiertamente en la Asamblea de Seguridad de las Naciones Unidas tomar medidas inmediatas contra el gobierno de Irán, el cual sigue avanzando para conseguir armas nucleares. El COVID-19 logra “tapar” la verdadera amenaza para Israel y para la región de medio oriente. Irán entiende esto y es por eso por lo que sigue avanzando en su plan de tecnología nuclear. Irán es el único país que declara y llama a la destrucción de Israel. El impedimento de avance de fuerzas chiitas iraníes en la región y no permitir que se levanten más grupos como Hezbollah en las fronteras, es donde Israel junto con sus aliados de la región y Estados Unidos deben enfocarse. 

Sociedad israelí y crisis económica: La crisis generada por la pandemia sigue golpeando fuerte en la sociedad israelí. Con todavía una tasa de desempleo del 17%, la “calle” israelí empieza a hacer ruido. La sociedad empieza a perder confianza en el gobierno y se visualiza en las manifestaciones de los últimos sábados, donde la violencia también se hace presente. La sociedad entiende que no es momento de ocuparse de una anexión, sino traer soluciones y enfrentarse a la crisis económica provocada por la pandemia. Una posible anexión traería consigo una nueva estrategia para el Ministerio de Seguridad: crear y levantar una nueva frontera (valla de seguridad), establecer nuevas bases y presencia militar. Esto en términos de presupuesto para un país no es poco. Estamos hablando de invertir miles de millones en el medio de una enorme crisis. ¿Es realmente lo que Israel necesita hacer hoy? Por último, podemos ver que el Primer Ministro Benjamín Netanyahu no ha logrado “el completo apoyo” de la población con la idea de la anexión. 

En la comunidad internacional siguen criticando, oponiéndose y hasta han amenazado al Estado de Israel, si llegase a anexar parte de los territorios de judea y samaria. Tenemos que aclarar que cuerpos internacionales como Naciones Unidas, la Unión Europea y la Corte Internacional de Justicia ven este acto como ilegal y no reconocerán la soberanía de Israel en estos. Estos mismos ven a estos territorios como conquistados desde aquel junio de 1967. La comunidad internacional sigue advirtiendo a Israel de tomar medidas si este llegase a avanzar con su propósito. Estas medidas podrían ser embargos económicos, embargos culturales (intercambio de estudiantes), y hasta podrá afectar severamente en las decisiones del Consejo de Seguridad en las Naciones Unidas. La posible anexión dejaría nuevamente a Israel en un campo diplomático “desértico”. Más grave aún, el mundo empezaría a ver a Israel como el único culpable de que los palestinos todavía no hayan podido levantarse como un Estado independiente. 

La imposición de la soberanía podría influir también en las comunidades de la diáspora. Alimentaría el antisemitismo y fomentará levantamiento de más movimientos como el BDS, en contra de la legitimidad del Estado judío. Además, algunas comunidades, dejarían de apoyar abiertamente al Estado de Israel y esto provocaría otro impacto económico en el mundo sionista y en instituciones como la Agencia Judía. 

Conclusión

Mientras que el mundo busca encontrar una vacuna contra el COVID-19, el Estado de Israel sigue analizando las consecuencias de una posible anexión territorios C de Cisjordania. Lo que si entendemos que esto está congelado por ahora. El alto por parte de EE. UU., la cual se enfoca en sus elecciones a la presidencia, la crítica por parte de la comunidad internacional y las posibles consecuencias de una nueva inestabilidad en la región, dan entender a Israel que no es el “timing” para llevar a cabo una anexión. Pero por, sobre todo, la sociedad israelí, la cual se enfrenta a una de sus peores crisis económicas, no logra “contagiarse” con esta idea.

Por otra parte, hay que entender que el Acuerdo del Siglo podría traer a los palestinos a la mesa de negociación nuevamente. Algo que se niegan desde hace mucho tiempo. También que este acuerdo nos habla de dos Estados para dos pueblos, algo que no se escuchaba hace ya mucho tiempo. Israel entiende que una decisión unilateral no es la solución, y que tendrá que hacer lo posible para volver a la mesa de negociación junto con los líderes de la Autoridad Palestina y tal vez con un gobierno demócrata en Estados Unidos. 

Medidas de anexión unilaterales no otorga ninguna ventaja estratégica a Israel. Esto podría ser distinto si se hablase de medidas de separación en donde ambas partes, israelíes y palestinos, se encontrasen. El proceso de una futura de separación, en realidad abren un “abanico” de opciones para el futuro de dos entidades políticas nacionales diferentes, sin dañar la seguridad de Israel. 

Para terminar, me gustaría preguntar, ¿qué le daría al Estado y a la sociedad israelí una posible anexión de territorios? ¿Qué cambiaría? ¿Qué cosas buenas podrían traernos o enriqueceros cómo sociedad? ¿Acaso nos faltan tierras para poblar? La posible anexión de territorios sería un camino el cual será muy difícil volver atrás. Pero más aún, puede que sea un camino incorrecto como sociedad que queremos formar, educar, y por, sobre todo, como Estado que queremos seguir construyendo para las próximas generaciones. Una posible anexión, podría cambiar la esencia de esta nación: Estado judío, democrático seguro y moral.

ISSN: 1022-9833

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