Bimbi: "No es raro que Israel y Sudáfrica hayan construido países donde las minorías LGBT son respetadas"

Coloquio entrevistó a Bruno Bimbi, periodista y activista LGBT. Doctor en Letras, lanzó recientemente su segundo libro, “El fin del armario”, en el cual estudia la situación de este colectivo en distintos países. El libro fue publicado en Argentina, Brasil y Perú y en los próximos meses será publicado en España, Portugal y México. Uno de sus capítulos aborda las relaciones entre homofobia y antisemitismo y habla sobre la situación de la comunidad LGBT en Israel.


COLOQUIO - ¿Se terminó el armario para la comunidad LGBT?

Bruno Bimbi - Hoy la comunidad LGBT está transitando un momento de cambio. El título del libro, “El fin del armario”, es a la vez una constatación y una expresión de deseos. Hay algo que existe, está sucediendo, pero no terminó de pasar. Si pudiésemos llevar a un joven homosexual de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX en una máquina del tiempo, nuestro viajero notaría esos cambios que aparecen en películas como “Volver al futuro”: la ropa, la música, la tecnología, pero los modos de vida de las personas LGBT y la represión familiar y social sería la misma. En cambio, si trajéramos a un joven gay de mediados del siglo XX a 2019, se encontraría con un mundo nuevo, muy diferente, al menos en Occidente.
Hoy la comunidad LGBT está viviendo un cambio en su visibilización y está conquistando derechos. Es lo que llamo el fin del armario, que está pasando por primera vez en algunas partes. Este movimiento está incompleto, está sucediendo, pero no es homogéneo, en algunos lugares va más rápido y en otros ni empezó o va más lento. En las democracias liberales es un movimiento más rápido, así como en los países donde existe libertad religiosa y laicidad del Estado.

C - ¿Podemos ubicar estos movimientos geográficamente?

BB - En Occidente, este proceso es más rápido. Todo África menos Sudáfrica es infierno para la comunidad LGBT, así como Medio Oriente y la mayor parte del antiguo bloque soviético.
En este mapa, podemos encontrar marcadas excepciones: Sudáfrica e Israel. En ambos casos, las comunidades LGBT vecinas viven una imposición del armario absoluto. En la mayoría de los países de esas regiones, la homosexualidad está criminalizada y la comunidad LGBT no tiene derechos civiles y es perseguida por el propio Estado.

C - ¿Por qué estás excepciones en Israel y Sudáfrica?

BB - Por su historia. En Sudáfrica se vivió la lucha contra el apartheid, el trauma de la segregación y, finalmente, la llegada de Mandela al poder. Sudáfrica tiene matrimonio igualitario y un juez LGBT en la corte suprema. Hay homofobia social, pero se avanzó mucho en igualdad de derechos. El Estado de Israel, por su parte, fue fundado por sobrevivientes del Holocausto, por un pueblo que sabe lo que es sufrir demonización y persecuciones, ahora y siempre. No es raro que hayan construido un país donde las minorías LGBT son respetadas.

C - ¿Cuáles son los principales problemas de la relación conflictiva entre Israel y las izquierdas?

BB – Muchas personas de izquierda, cuando piensan en Israel, no consiguen separar Estado, gobierno y sociedad. Como en cualquier Estado, hay oscilaciones, momentos de avance y retroceso, conservadurismo o apertura en distintas materias. El último gobierno de Netanyahu fue tal vez el más a la derecha que ha tenido Israel. Incluyó a los ultra conservadores, tanto religiosos como no religiosos. Con esas características, los avances en materia derechos de la comunidad LGBT son más lentos y puede haber retrocesos. Pero aun así, hoy Israel está mucho más avanzado que todo el esto de la región, cerca del promedio de los países europeos en materia de derechos y políticas contra la discriminación.

C - ¿Los discursos homofóbicos y antisemitas son similares en diferentes países?

BB - Hay muchas similitudes, pero también es interesante ver algunas diferencias. Por ejemplo, en los países que supieron formar parte del bloque soviético, hay un antisemitismo clásico, como el que está resurgiendo en otras partes de Europa, que recupera los viejos libelos y teorías conspirativas, la idea de la doble lealtad del judío, y en algunos casos también el viejo antisemitismo cristiano, que los ve como asesinos del Mesías. A la vez, la homofobia también se basa en discursos clásicos: la sodomía, lo antinatural, la oposición a supuestos valores familiares. Brasil tiene una particularidad, que se repite en otros países de América Latina. Ahí la retorica homofóbica es fundamentalmente evangélica, del nuevo evangelismo neopentecostal. Utiliza discurso de odio como una de sus principales banderas, llena de citaciones del Antiguo Testamento. De cada diez palabras de los políticos y pastores de esta corriente, ocho son sobre los gays. En ese sentido es similar al discurso de los nazis sobre los judíos, en cuanto a que apunta a un sector como enemigo público, pero es un discurso fundamentalmente religioso. Y esos evangélicos ultra homofóbicos son a la vez pro-Israel porque, en su concepción teológica, la vuelta de los judíos a la Tierra Prometida es un camino para que vuelva el mesías. Idealizan a un Israel imaginario que no existe, si vieran el Pride de Tel Aviv no lo podrían creer. En cambio, en algunos países islámicos, como Irán, hay una retórica que une a gays y judíos, inclusive con la idea de que “el sionismo promueve la homosexualidad”, como cuento detalladamente en el libro citando el caso de Irán.
En África, otra región donde investigué sobre la situación de las comunidades LGTB, las iglesias evangélicas de EEUU y Brasil (sobre todo la Iglesia Universal) hicieron un trabajo muy fuerte. El discurso anti gay de esos pastores mezcla religión con un discurso mentiroso sobre la “identidad de nuestro pueblo”, en oposición a la homosexualidad como un vicio de Occidente.  Demonizando a la población LGBT, consiguieron la aprobación de leyes homofóbicas (recomiendo el documental “Dios salve a Uganda”). Pero ese discurso no remite en realidad a una identidad africana, como ellos dicen, sino que rescata las viejas normas coloniales, como la criminalización de la sodomía en el antiguo Código Penal británico. En otras regiones de África con mayoría islámica, ese mismo proceso fue conducido por islamistas radicales, que cambiaron las viejas leyes antisodomía de las colonias por las leyes de la sharía.

C - ¿Podrías señalar similitudes entre los discursos actuales de antisemitismo por derecha e izquierda?

BB - Históricamente, antisemitismo y ultraderecha están muy conectados: nazimo, fascismo, falange española o tacuara. Eso continúa existiendo y está volviendo fuerte en algunas partes de Europa. Pero también hay un antisemitismo más reciente, de izquierda, que “nace” del conflicto israelí-palestino. Usan la palabra sionista como eufemismo para judío, adecuando las viejas teorías conspirativas. Es la vieja retórica de ultraderecha, pero en otro envase: conspiraciones, doble lealtad, demonización.
Es un fenómeno complejo y largo de explicar, pero hay algunos elementos importantes, como una mala comprensión de “La cuestión judía” de Marx y una actualización de la geopolítica de la Guerra Fría, que dio un giro cuando los nacionalistas árabes y la revolución iraní se acercaron de los soviéticos y estos se alejaron de Israel, que se acercó de Occidente y de Estados Unidos para protegerse. Antes la izquierda era pro-Israel, ahora apoya el BDS. Pero muchos militantes que repiten el libreto no saben localizar a los países de Medio Oriente en el mapa.

CJL - ¿Y cuál es la diferencia entre los antisemitismos de izquierda y ultraderecha?

BB – Hay muchas, pero voy a mencionar una que es interesante. El antisemita de ultraderecha es asumido y orgulloso. Se pone la camiseta, dice abiertamente que odia a los judíos. La mayoría de los antisemitas que conocí militando en la izquierda están convencidos de que no lo son. Creen honestamente que no son antisemitas. Por eso dicen querer diferenciar ‘antisionismo’ y ‘antisemtismo’.
Yo me fui del PSOL (Partido Socialismo y Libertad) de Brasil por ese motivo. En mi experiencia, debatiendo con mis compañeros y amigos, vi un enorme desconocimiento del conflicto, que lleva a que repitan informaciones falsas que alguien les contó. Muchos cuadros intermedios dicen cosas como: “Israel es un país inventado por EEUU”, ¡cuando el primer país que lo reconoció oficialmente fue la Unión Soviética! Las primeras formaciones armadas israelíes recibieron ayuda de Checoslovaquia. Muchos inclusive piensan que existía un país que se llamaba Palestina antes de 1948, gobernado por los palestinos. Hablan del sionismo como un “ideología de ultraderecha”, pero ni saben qué es el sionismo. Cuando les explicás que durante sus primeras tres décadas, Israel estuvo gobernado por socialistas ,y que la corriente hegemónica del sionismo era de izquierda, no lo entienden, como no entienden que hay sionistas de derecha, de izquierda, laico, religioso y con diferentes opiniones sobre el conflicto territorial.

CATEGORÍAS: Derechos Humanos
ISSN: 1022-9833

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