El lugar de los adultos mayores desde nuestras fuentes a la actualidad

Los Adultos Mayores

¿A qué llamamos Adultos Mayores? ¿Qué vinculación existiría con las otras denominaciones como lo son la vejez y la ancianidad? Y por último, ¿Ha cambiado el lugar que ellos ocupan en nuestra actualidad? Hablar de Adultos Mayores nos invita llevar a cabo una revisión sobre una multiplicidad de factores que inciden en los mismos.

Resulta claramente visible que los tiempos en que vivimos nos sobreexigen reacciones inmediatas, sabiendo que aún así, no alcanzamos a posicionarnos en un mero peldaño de la vida. La inmediatez y los sucesivos cambios nos ubican en un estado de alerta y tensión constantes.

Jóvenes y adultos debemos mantener una agenda activa, pensar en proyectos, brindar las necesidades básicas de los nuestros, así como responder correos electrónicos, revisar permanentemente las redes sociales, pensar respuestas en milésimas de segundos, manejar y direccionar nuestras emociones, etc.

Ahora, ¿Acaso todo ello nos ha promovido mayor beneficio que antaño? ¿El aceleramiento de los tiempos iría a la par de lo suele denominarse “calidad de vida”?

La edad avanzada, la vejez y la ancianidad son períodos de la vida en tiempos diferentes, aunque tendientes a un “mismo envase”: El ser humano.  Si bien la longevidad ha ido marcando nuevas etapas así como numerosos dilemas, lo cierto es que mucho depende de cómo la persona va transitando su acontecer en la vida.

Los mayores que aún permanecen activos en lo diario, pueden bien llegar a verse en la encrucijada de correr tras los pronunciados avances tecnológicos y científicos. Quedar “fuera del sistema” pondría en peligro su integración así como el grado de interacción para con el resto de los mortales. También se encuentran aquellos otros que, por motivos variados, tienden a ser pasivos, dependientes y menos autoválidos en su cotidianeidad.

Focalizándonos en nosotros mismos y en miras a nuestros mayores. ¿Qué tiempo y espacio sson ubicados hoy en nuestras agenda diaria? Las diferencias tienden a marcarse con mayor intensidad con el correr de los años. Ellos, seguramente, se encuentran más lejanos a estos avatares, pues ya no tienen las obligaciones familiares impostergables ni deben manejarse con disyuntivas que los pondrían en vilo.

Las circunstancias son significativamente diferentes entre aquellos que gozan de su independencia incluso, por sobre todo, de lo económico, de aquellos otros que viven con restricciones personales, preocupaciones de subsistencia y hasta problemáticas significativas de su salud y bienestar.

Se diferenciarán en el modo de funcionamiento diario, entiéndase por el establecimiento de vínculos familiares y sociales, así como su autonomía laboral-productiva.

La familia muchas veces pasa a posicionarse en un plano secundario, pues “apenas” pueden ellos mismos sobrellevar el ritmo que se les exige.

Algunas personas mayores viven pendientes del acercamiento de sus hijos, de sus logros y de sus frustraciones; otros, en cambio, logran mantener autonomía y se diversifican en una pluralidad de actividades socioculturales recreativas y formativas.

El tiempo enlentecido a raíz de la falta de ocupación y obligaciones que poseía el mayor en antaño, las diversas dificultades propias de la edad que los delimitan y condicionan, la nostalgia de aquellos “viejos tiempos” donde gozaban en su juventud y su actividad, sumado a otros  muchos factores concomitantes, conllevan todos ellos a un continuo interrogante ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Con quién cuento y con quién ya no?  Y mis historiales de sabiduría de vida ¿Con quién los comparto?

La realidad promueve una mayor exigencia y trabajo personal desde los mayores así como promueve un replanteo global tanto desde lo familiar, social, comunitario como en la sociedad toda.  Pues el mayor no sólo deben adaptarse a los tiempos del “todo ya”, sino que deben buscar una y otra vez lo que claramente exaltó Viktor Frankl: El sentido del ser.

Entonces, ¿Ha cambiado hoy el paradigma de la vejez y su centralidad en la familia así como en su medio sociolaboral?  

Una aproximación desde nuestras Fuentes

En las Fuentes judaicas, la persona adentrada en años desde antaño se la denominaba “Zakén”, Dicho término en hebreo abarca en particular dos conceptos que se entrelazan: su significado engloba  tanto “Anciano” como “Sabio”.

Haciendo un rápido recorrido por la sabiduría de la Torá (Pentateuco) para adentrarnos al lugar de nuestros mayores, se podrían señalar algunos versículos claves.

Podría comenzarse citando las dos versiones de los denominados “Aseret HaDivrot”, los Diez Mandamientos. En ambos casos (Shemot –Exodo- capítulo 20, y Devarim –Deuteronomio- capítulo 4), la sentencia mencionada es sumamente clara y precisa. Dice el versículo:“Kaved et abija veet imeja lemaan iarijún iameja al haadamá…”, honra a tu padre y a tu madre de modo de lograr prolongar tus días en este mundo (…). Se nos prescribe honrar a nuestros padres, quienes nos han dado la vida y nos han ido guiando en el preciado camino de la vida.  

¿Cómo podríamos entender la palabra “kaved”, honra? ¿Podría pensarse acaso que el honrar es algo más que el mero hecho de respetar?  El valor supremo del “kavod” es uno de los más destacados en toda nuestra literatura judía, expandiéndose, claro está, en todas las culturas de la humanidad.

Ahora bien, ¿Cómo podemos lograr darles “kavod” a nuestros mayores?  Se podría plantear que la reverencia, el respeto y la humildad ante ellos serían un modo adecuado de acercamiento; sin embargo ello no implicaría necesariamente que debamos afirmar ciegamente todo lo que enuncien o dispongan. El kavod también conlleva algo fundamental: el cuidarlos plenamente, aún en sus contradicciones y diferencias existentes. Entonces, no sólo sería respeto y asentimiento sino también el resguardarlos de todo mal así como celebrar todo lo bueno en la cotidianeidad de sus vidas.

Un versículo que se acerca a esta conceptualización es el que es prescripto en el libro Vaikrá (Levítico): “…Vehadartá penéi zakén”, Delante de las canas te levantarás, y embellecerás el rostro del anciano (sabio), (Vaikrá, 19). ¿Qué implicancia tiene esta afirmación? Queda claro que no se está hablando de belleza física ni de aspecto material alguno. Por otra parte, ¿Acaso se focaliza en darle alegrías únicamente? Evidentemente el precepto apunta a algo mucho más profundo y comprometido. No sólo respeto, no sólo solidaridad, sino que además, entre otras ideas, uno debe brindarle el reconocimiento de su sabiduría de vida, rescatando toda esa riqueza espiritual y experiencial acumulada, y hacerlo sentir  cual sabio de nuestra humanidad.

Embellecerlo es, por así decirlo, rescatar todo lo mucho que hay en su caudal de vivencias, sus historias y sus observaciones plenas para con la vida. Reconociéndolo como un sabio de la vida, permite enaltecer aquellos valores únicos que hacen a su historia personal, y que al mismo tiempo celebra su propio existir. Es otorgarle un valor único enaltecido que nos permite a nosotros mismos, seguir siendo eslabones vitales para la trascendencia.

También podemos hallar en este muy breve recorrido por la sabiduría de la Torá, otras muchas  menciones más específicas y tangibles donde se ven reflejados el alto lugar asignado, sus conocimientos así como el rol privilegiado dentro del pueblo judío.

El mismo suegro de Moisés, Jetró (Itró), ha tenido un lugar privilegiado ante los ojos de Moshé y del pueblo de Israel, pues él lo ayudó a pensar criteriosamente estrategias válidas ante la ardua tarea de guiar a un pueblo desde sus inicios. De hecho en la división ritual de la Torá, la parashá (sección) que corresponde a esta cita lleva su propio nombre, dándole voz al sabio aporte que le ha concedido al accionar de Moshé.

Asimismo, los “ancianos de Israel” (Ziknei Israel, o también denominados Ziknei haam) fueron los colaboradores fundamentales en toda la travesía del pueblo de Israel (Benei Israel) durante los años de los años, desde la propia salida de la esclavitud de Egipto. Eran quienes colaboraron, orientaron e instruyeron a Moshé en todo tipo de pleitos y dificultades, así como luego, en un futuro posterior a la Torá, serían los miembros fundamentales del denominado “Sanhedrín”.

Por tanto, queda sumamente claro cómo dentro del judaísmo bíblico y post-bíblico  ya se acentuaba una y otra vez, el lugar privilegiado y cuidado de los mayores.

La búsqueda de sentido

“El hombre se realiza y se reconoce cada vez en el encuentro del uno con el otro. El hombre no puede ser ni construirse sino a través de esta relación.” M.Buber

En este breve recorrido planteado se dejan abiertos una serie de interrogantes que hacen a cómo podríamos obtener mejor calidad de vida en referencia a nuestros vínculos interpersonales, específicamente familiares.

En los jóvenes, el mayor peligro quizás, es la resultante de la eterna postergación, así como de la dificultad para replantearse prioridades en la vida.

En los mayores, el peligro es dejarse sumergir en el silencio y la apatía ante todo lo que los rodea.

Lo complejo es poder concientizar dichos enfoques, animarse a replantearse modificaciones más saludables, y proyectarse más allá del tiempo cronológico. No nos es ajeno el concepto princeps del judaísmo que pregona enérgicamente el concepto de “consagrar nuestro tiempo”.

Les propongo detenerse en este corto que mostraría claramente el particular establecimiento de vínculo familiar así como las emociones encontradas en situaciones adversas.



Allí quedará claramente plasmado en un escenario hipotético, las aristas que se ponen en juego en nuestro diario convivir con nuestros queridos así como con nosotros mismos.

El sentido de lo sublime es el signo de la grandeza interior del alma humana y algo que está potencialmente dado a todo ser humano. Percibir lo maravilloso no es lo mismo que percatarse de las maravillas que nos ocurren. Los milagros suceden sin que podamos advertirlos  (Heschel)

¿Cuáles son mis prioridades?
¿Qué de este tiempo que me toca atravesar clama mi ser?

Citando uno de los párrafos de Viktor Frankl: “…El sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora. Así pues, lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado…”.

Un desafío permanente, sin duda alguna, que nos convoca en una sola voz, la conocida expresión Divina: ¿Aieka? ¿Dónde estás?

CATEGORÍAS: Derechos Humanos
ISSN: 1022-9833