Gaza, Hamas y el regreso del antisemitismo


En el verano de 2014, estalló la tercera guerra entre Israel y Hamas en Gaza, generando una nueva explosión de odio global contra los judíos que ha sido, posiblemente, más intensa que cualquier oleada de hostilidad desde 1945. A finales de mayo de 2014, poco antes del estallido de esta última ronda de enfrentamientos, se convocó a una importante conferencia internacional de tres días en la Universidad Hebrea de Jerusalén sobre el antijudaísmo, antisemitismo y la deslegitimación de Israel. Alrededor de cuarenta participantes de cuatro continentes hablaron sobre las diversas manifestaciones de hostilidad antijudía en el mundo, particularmente notable en Europa y el Medio Oriente. El asesinato inspirado en la yihad (“guerra santa”) de cuatro personas (incluidos dos israelíes) en el Museo Judío en Bruselas a principios de mayo estaba fresco en la mente de todos al igual que la conciencia de que esto no era más que la punta del Iceberg. No obstante, la aparición de esta última ola de antisemitismo tomó incluso por sorpresa a experimentados observadores de este fenómeno. 

Una de las características más llamativas de esta última ola es el rol central que jugaron los islamistas y manifestantes musulmanes junto con los grupos pro palestinos de izquierda. Más aun, la indignación dirigida contra Israel parecía más fuerte en Occidente que en naciones árabes como Egipto, Arabia Saudita, o los Estados del Golfo, con excepción de Qatar. De hecho, había muchos indicios de que estos países (así como la Autoridad Palestina) compartían con Israel el interés común de ver la derrota de Hamas y el radicalismo islámico en general. Es muy pronto para saber si esta actitud constituirá una ruptura importante en la hostilidad, hasta ahora implacable, del mundo árabe-musulmán hacia el Estado judío, pero sin duda es un avance significativo.

Una vez más, el conflicto en Gaza ha subrayado el rol detonante desempeñado por el “antisionismo” y el antisemitismo islámico en agitar el antagonismo hacia Israel y alentar acciones occidentales para boicotear y aislar al Estado judío. A pesar de la aterradora intolerancia, la misoginia, la violenta persecución religiosa de los cristianos en el Medio Oriente y la escalofriante judeofobia, los islamistas han ganado considerable simpatía en Occidente como los auténticos representantes de la causa palestina. Por otra parte, Israel, a pesar de ser el único país con una sociedad abierta, libre y tolerante de la región, es constantemente descalificado por gran parte de los medios occidentales y por amplios sectores de la opinión pública. Mientras que Israel es denunciado por cometer un “genocidio” totalmente ficticio, se ha ignorado ampliamente el carácter letal del odio al judío por parte de Hamas.

Los islamistas nunca han guardado en secreto la centralidad que tiene para ellos la dimensión religiosa del conflicto entre musulmanes y judíos -muy poco comprendida en Occidente. Esto se expresa claramente en la radicalmente antisemita Carta Fundacional de Hamas de 1988, que constituye la base ideológica de su continua yihad para aniquilar a Israel. La Carta se basa en una antigua hadiz atribuida a Mahoma en la que supuestamente declara: “El Día del Juicio no vendrá hasta que los musulmanes combatan a los judíos, cuando el judío se oculte detrás de piedras y árboles. Las piedras y los árboles dirán: Oh musulmanes, oh Abdula [siervo de Alá], existe un judío detrás de mí, ven y mátalo”.1
Para los islamistas de hoy, es el mismo Profeta quien los dirige hacia una resolución genocida apocalíptica del conflicto con los judíos. Esta no es una guerra entre palestinos y sionistas o entre los Estados árabes e Israel, sino estrictamente entre musulmanes y judíos en el que no hay compromiso posible.2 

La Carta se basa, en gran medida, en una teoría de la conspiración descrita en los Protocolos de los Sabios de Sión - falsificación de Rusia zarista que se ha vuelto muy popular en el mundo árabe-musulmán contemporáneo. Esta fabricación todavía es difundida ampliamente en la televisión satelital e Internet, además de que se utiliza en prédicas en mezquitas y se difunde a través de los medios de prensa masivos. En noviembre de 2002, la grotesca serie de cuarenta y un episodios titulada “Jinete sin caballo”, basada en los mitos antisemitas de los Protocolos, se proyectó durante el Ramadán en la televisión egipcia y posteriormente en todo el mundo árabe, llegando a cuando menos 200 millones de espectadores musulmanes. Desde entonces, la incitación ha continuado sin tregua en Irán y en todo el mundo árabe.3

A pesar de las leyes que prohíben el “discurso de odio” en varios países occidentales, a lo largo del siglo XXI esta propaganda se ha extendido por la diáspora musulmana. Los resultados pudieron ser vistos durante la guerra de Israel contra Hezbolá en el 2006. La tendencia continuó en el conflicto de Gaza de diciembre 2008 - enero 2009 y una vez más a lo largo de los últimos meses. Pancartas, carteles y señales han aparecido en las calles de París, Londres, Berlín, Barcelona, Caracas, Sidney, Chicago, Los Ángeles y muchas otras ciudades occidentales con mensajes antijudíos como “Hitler tenía razón”, “Estén preparados para el verdadero Holocausto”, “Limpiemos la tierra de los sucios sionistas”, “Israel es el antisemita” o “El cáncer de Medio Oriente, Israel, debe no existe. “En los últimos seis años, estas declaraciones se han convertido en parte del movimiento de solidaridad con Palestina. En un videoclip de Los Ángeles del seis de enero de 2009, durante la guerra de Gaza, la multitud cantaba repetidamente ”¡Viva Hitler!“ y ”Pongan a los judíos en los hornos”. En otros videos de Chicago, Nueva York y Houston, se puede escuchar a los manifestantes islamistas gritar en árabe y en inglés “Khaybar, Khaybar, oh judíos, el ejército de Mahoma volverá”.4 

En un clip de Montreal, los niños gritan: “Palestina es nuestra; los judíos son nuestros perros”. Esta forma de incitación volvió a escala mundial en el verano de 2014. Antes y después del Día de la Bastilla en París (14 de julio, 2014), una turba pro-palestina, que incluía a muchos árabes musulmanes del norte de África y algunos izquierdistas blancos, gritaban consignas como “Muerte a los judíos” antes de atacar sinagogas locales. En Berlín, la actual guerra de Gaza también provocó protestas predominantemente entre los musulmanes turcos, con un enfoque claramente antisemita. Se podía escuchar a los manifestantes burlándose de los “cerdos judíos cobardes” y exhortándolos a “salir y luchar”.

No son solo las multitudes las que transmiten estos mensajes violentamente antisemitas. El 28 de enero de 2009, durante la primera guerra de Gaza, el jeque Yusuf al- Qaradawi , un predicador islámico prominente que influye en millones de creyentes de todo el mundo árabe a través de su programa semanal en Al Jazeera TV: 

“A lo largo de la historia, Alá ha impuesto sobre el pueblo judío personas que los castigan por su corrupción… El último castigo lo llevó a cabo Hitler. A través de todo lo que les hizo –a pesar de que exageró- logró ponerlos en su lugar. Este fue un castigo divino para ellos…Alá mediante, la próxima vez, será a mano de los creyentes”.5

Al-Qaradawi no es un islamista común y corriente, sino un gran erudito y autor prolífico a quien hace menos de una década el entonces alcalde de Londres, Ken Livingstone (un izquierdista virulentamente antisemita), le dio trato de alfombra roja por ser supuestamente un modelo de musulmán “progresista”. Pero este clérigo nunca se ha abstenido de hacer un llamado al exterminio total de los judíos: “Estos agresores traicioneros, esta banda de libertinos, astutos y arrogantes”. En un sermón transmitido por televisión el nueve de enero de 2009, oró públicamente: “Oh Alá, cuenta sus números, y mátalos, hasta el último de ellos”. 

En términos islámicos fundamentalistas, está claro que la existencia de Israel no puede ser nunca aceptada y que no se pueden establecer acuerdos vinculantes con aquellos que a los que el Corán se refiere claramente como ”hijos de monos y cerdos“. En esta dispensa religiosa, los judíos son irrevocablemente malditos. Son infieles e incrédulos ”cargados con la ira de Dios”, “permanentemente condenados a la humillación y a la pobreza ”, una posición tan extrema como ninguna jamás manifestada en la triste historia del antisemitismo cristiano. Tales declaraciones incendiarias todavía son muy difundidas en gran parte del islám contemporáneo; sin embargo, no evocan ninguna protesta importante de Occidente ni repudio inequívoco de los círculos liberales.

El dramático aumento de la yihad global desde la victoria de los muyahidines en Afganistán sobre la Unión Soviética en 1989, seguido por el impacto de los ataques orquestados por Al Qaeda en Nueva York y Washington el 11 de septiembre del 2001 dio un gran impulso al imperativo religioso detrás de antisemitismo yihadista. Sin embargo, el fenómeno en sí no es nuevo, ya que tuvo su gran momento durante la época nazi. El Sheikh Izz a- Din al- Qassam (en cuyo honor Hamas nombró sus cohetes y su ala militar) nacido en Siria y el indiscutible líder nacionalista palestino, Haj Amin el-Husseini -ambos promotores de la guerra contra los británicos y los judíos en Palestina- fueron de los principales defensores de la yihad en la década de 1930. Husseini, el Gran Mufti de Jerusalén, fue un antisemita radical al estilo hitleriano, estrechamente aliado al nazismo desde 1933 y apoyó la Solución Final de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Amigo de Himmler y Eichmann, hizo hincapié en la muchas afinidades entre el islám y el nazismo, particularmente en su deseo de erradicar “al judío, enemigo del mundo “.6 Haj Amin hizo todo en su poder para garantizar que ningún judío pudiera escapar del infierno de la Europa ocupada por los nazis y fue un gran instigador del devastador pogrom de Bagdad en junio de 1941.7

Desde el apogeo del Gran Mufti, el antijudaísmo, el antisemitismo y el antisionismo han conformado una trinidad indisoluble en el mundo árabe. Junto con el concepto islámico que se opone a que los no musulmanes gobiernen cualquier país alguna vez reclamado por el islám, el odio a los judíos es una de las fuentes más profundas del rechazo palestino y árabe hasta nuestros días. Más aun, es parte de una guerra religiosa más amplia entre la civilización islámica y occidental, una batalla entre Dios y Satanás definida como una guerra existencial y no simplemente como una cuestión de fronteras. De acuerdo a la visión islámica del mundo, la embestida territorial y militar contra el Estado judío con el fin de recuperar toda Palestina, es parte de la guerra por Alá y del honor de toda la umma musulmana.

La limpieza de la presencia cristiana en el Medio Oriente musulmán es reveladora en este sentido. El Estado Islámico de Siria y el Levante (ISIS), que controla ahora vastas franjas del norte de Siria e Irak, recientemente obligaron a la antigua comunidad cristiana caldea de Mosul a convertirse al islám, abandonar sus propiedades, o a enfrentar la ejecución inmediata por decapitación. Aterrorizados por las políticas brutales de ISIS, los cristianos huyeron a las zonas controladas por los kurdos o escaparon de Irak. Mientras que esta impactante historia por fin ha despertado a los medios de comunicación occidentales de su profundo sueño sobre el carácter bárbaro del yihadismo, es notable lo poco que se ha extendido para comprender la agenda de Hamas. En varios sectores, Hamas continúa beneficiándose de una visión muy romántica del “otro” palestino e incluso políticamente logró elevar su perfil durante la guerra de Gaza hasta el punto de ser considerado como un socio equitativo para ” negociar “ con Israel.

Entre los más prominentes y apasionados partidarios de Hamas se encuentra Recep Tayyip Erdogan, el nuevo Presidente de Turquía y Primer Ministro desde hace mucho tiempo, erróneamente considerado por Occidente como un ”moderado“ y el mejor amigo de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos en Medio Oriente. En los últimos años ha mostrado un odio al judío extraordinariamente violento, etiquetando repetidamente a Israel como un ”Estado terrorista“ que comete ”genocidio sistemático“ contra los palestinos. De hecho, Erdogan ha cultivado en forma deliberada sentimientos anti-Israel y antijudíos en la población turca.8 En 2013 no dudó en proclamar que la creciente oposición a su gobierno era resultado de una “conspiración judía” o que el desastre en una mina turca en mayo de 2014 tenía un ángulo “judío”. La hostilidad de Erdogan tiene evidentemente resonancia en la población turca entre la que aparentemente casi el 80 por ciento alberga prejuicios antijudíos.

En los últimos años, Turquía no sólo ha visto intensificarse el antisemitismo en fuerza, sino que ha sido testigo de una creciente tendencia al uso de teorías de conspiración racistas. Incluso, periodistas seculares de izquierda se han unido a la búsqueda obsesiva por descubrir los orígenes judíos o criptojudíos de figuras públicas, incluyendo a Erdogan mismo así como al ex presidente Abdullah Gul. Igualmente sintomático ha sido el éxito asombroso de películas racistas y antiestadounidenses, como el “Valle de los Lobos: Irak”, un film turco que recaudó 28 millones de dólares en taquilla.9 La película describe a los judíos, a los cristianos y particularmente a los estadounidenses como máquinas asesinas inhumanas; hay escenas incluso que presentan a un médico judío americano extirpando órganos de prisioneros civiles heridos para ser vendidos a sus clientes ricos en Nueva York, Londres y Tel Aviv. Desde el año 2000, las actitudes antisemitas son comunes en los medios de comunicación y entre la élite política. Esto encaja en el clima general de nacionalismo turco antioccidental mezclado con sentimientos islámicos en contra de Israel, que ha generado una actitud hostil hacia los judíos turcos. Es probable que esta tendencia continúe dada la ideología islamista del popular Partido de Justicia y la Reconciliación (AKP) de Erdogan que ve el destino de Turquía más ligado al mundo musulmán que a Occidente. 

El mismo patrón ha sido visible en Irán desde 1979, cuando el Imán Ruhollah Jomeini derrocó al Shá, poniendo fin a la ”edad de oro“ de la sólida comunidad judía persa de 80,000 integrantes, así como a los estrechos lazos de Irán con Israel. Es necesario decir que el antisemitismo de Jomeini, siempre fue ferozmente ideológico y estrechamente ligada a su odio a Estados Unidos, Israel y el Shá. El sionismo, para él (y sus sucesores) era el credo de un régimen satánico, criminal, usurpador, cuyo dominio de Palestina y Quds (Jerusalén) representaba una intolerable afrenta al islám. En los discursos de Jomeini, la presencia de Israel en cualquier parte de Palestina era descrita como tiránica, opresiva y comparable a un “cáncer creciente” en el corazón del mundo islámico.10 Para combatir al sionismo, el Imán Jomeini instituyó e institucionalizó el ”Día de Quds“ en el anualmente cientos de miles de iraníes son transportados a Teherán en autobús gritando al unísono ”Muerte a Estados Unidos“ y ”Muerte a Israel“. Mucho antes de su llegada al poder, Jomeini era un firme creyente de la conspiración judía mundial que, a sus ojos, era diseñada sobre todo para subvertir al Sagrado Corán y la fe islámica. La liberación de Palestina y la aniquilación de Israel fueron transformadas por Khomeini y sus sucesores en elementos clave para la reactivación de la honra, la gloria y la grandeza del islám, que sería dirigida por un Irán chiíta revolucionario y antiimperialista.

Durante la presidencia de Mahmoud Ahmadinejad (2005-2013), el antisemitismo iraní oficial escaló a nuevos niveles y la negación del Holocausto (por primera vez desde1945) adquirió el estatus de una doctrina patrocinada por el Estado. El presidente iraní y sus consejeros repetían sin cesar insultos antisemitas, que explicaban cómo los “sionistas” estaban ”detrás de la escena de las principales potencias, los medios de comunicación y los centros financieros y bancarios del mundo”. Los “sionistas”, se decía, controlaban al gobierno de Estados Unidos y, a través de su invención del mito del Holocausto, habían logrado chantajear con éxito a Alemania y a todo el Occidente con el fin de reforzar Israel.11 El desde hace mucho tiempo gobernante de Irán, el Guía Supremo Imán Jamenei, nunca ha perdido una oportunidad para referirse a Israel no sólo como chantajista, sino como un ”cáncer mortal“, cuya presencia ha permitido a los ”poderes arrogantes“ del mundo (especialmente a América) dominar y explotar el Medio Oriente. Hace menos de un año, Jamenei se refirió una vez más a Israel como el ”perro rabioso en la región“, describiendo a sus líderes como ”bestias que no pueden ser llamadas humanas”. Esta terminología deshumanizante sirve de base para la referencia constante de que “Israel debe ser aniquilado”. Combina a la perfección con los prejuicios del chiismo persa del siglo XVI, que consideraban a los judíos “ritualmente impuros”, creencias mesiánicas sobre el inminente advenimiento del Imán Oculto (el Mesías Chiíta) y en teorías de conspiración extraídas del arsenal europeo de los Protocolos. De acuerdo con la imperante ideología islamista de Irán y su aliada chiíta libanesa, Hezbolá (en gran medida una creación de Irán), el “tumor judeo-sionista” del Medio Oriente debe ser removido quirúrgicamente para restaurar la paz en la región. Ésta también ha sido la posición de los Hermanos Musulmanes de Egipto y sus vástagos, como Hamas.12

No sorprende que la ideología antisemita radical de Irán, junto con su negación pública del Holocausto, haya atraído a muchos neonazis occidentales y negacionistas europeos. Hay una larga lista de detestables negadores del Holocausto occidentales, incluyendo a Roger Garaudy, Robert Faurisson, Mark Weber, Frederick Toben, Jurgen Graf y Ernst Zundel, que admiran a Irán o han hecho la peregrinación a Tehrán.13 Un número de reconocidos revolucionarios izquierdistas también se han identificado con la postura de Irán como militante defensor de Palestina y partidario de las “masas oprimidas” en todo el Tercer Mundo. Tanto Irán como el Hezbolá libanés han contado también con el apoyo entusiasta de prominentes políticos de izquierda, incluyendo al fallecido jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez; su sucesor, Nicolás Maduro; y el líder nicaraguense Daniel Ortega, todos ellos socialistas marxistas y cercanos aliados latinoamericanos del régimen teocrático de Irán. Más aun, Hezbolá incluso fue aclamado como un movimiento ”socialmente progresista“ por una serie de académicos judíos norteamericanos fuertemente antisionistas como Judith Butler, Noam Chomsky, Norman Finkelstein y Richard Falk, ex relator de la ONU para los territorios palestinos, un gran partidiario del Irán de Jomeini y apologista pro-Hamas. Es evidente que sin el apoyo financiero y militar de Irán, ni Hezbolá ni Hamas habrían adquirido el armamento que los ha convertido en adversarios potencialmente letales de Israel y sus vecinos. De hecho, la influencia de Irán puede reconocerse en todas las guerras que Israel ha tenido que luchar en el siglo XXI, sin que necesariamente el liderazgo iraní hubiera planeado o deseado su ocurrencia en cada momento específico, ya sea 2006, 2009, 2012 o 2014. La creciente retirada de Estados Unidos de Medio Oriente ha facilitado en gran medida la creación de un peligroso vacío que ha sido llenado no sólo por proxies iraníes, sino por los fanáticos guerreros sunitas de ISIS.

La reciente campaña antisemita surgida a raíz de la guerra de Gaza 2014, también ha subrayado el impacto de la ira islamista en el siglo XXI y la miopía de Occidente ante el peligro que representa. Sin embargo, en la cobertura de las interminables provocaciones de Hamas contra Israel, los principales medios de comunicación occidentales han ignorado deliberadamente su ideología fundamentalista, su anti occidentalismo y su abierto antisemitismo. Del mismo modo, se ha prestado poca atención a la centralidad de la shahada [martirio] y el culto a la muerte en el corazón de la visión del mundo de Hamas, lo que explica su deliberado aliciente a tener civiles muertos entre su propio pueblo. En repetidas ocasiones los cínicos líderes exhortaron a los civiles palestinos de Gaza a ignorar las advertencias israelíes de que huyeran y esperaban que actuaran como escudos humanos para proteger a los terroristas de Hamas refugiados en bunkers subterráneos y túneles. Al mismo tiempo, tanto Fatah como Hamas han aprovechado el creciente número de muertos palestinos para denunciar el bombardeo israelí de Gaza como un ”exterminio masivo“ sionista similar a las políticas nazis. Esta afirmación, totalmente falsa, se ha difundido en los comentarios de Internet y en las redes sociales en todo el mundo occidental, así como en los principales medios de comunicación.

No sólo Hamas, sino también la Autoridad Nacional Palestina (ANP) han sido complacientes ante la permanente incitación antiisraelí y la glorificación sin fin de los terroristas como ”mártires“. Al dirigirse a su propio electorado palestino, Fatah también ha negado la existencia de Israel y su legitimidad histórica. En los mapas de libros de texto palestinos, por ejemplo, Israel no aparece en absoluto ni siquiera dentro de la ”Línea Verde“ (fronteras anteriores a 1967). Mientras que Hamas es totalmente abierto en cuanto a su antisemitismo, Fatah suele ser más cauteloso. Sin embargo, nunca duda en calumniar a Israel de tener un mayor grado de ”fascismo“ y ”racismo“ que cualquier otro Estado en la historia de la humanidad. De aquí que no sorprenda que en la encuesta mundial de la Liga Antidifamación (ADL) de 2014 sobre los prejuicios contra los judíos, los territorios con población palestina (incluyendo Gaza) deberían ganar el equivalente a una medalla de oro olímpica en antisemitismo, con un nivel de odio al judío que llega al 93 por ciento.14 Esto es aún más notable ya que el índice ADL para el antisemitismo no toma en cuenta cuestiones relativas a Israel, a excepción de una pregunta acerca de las dobles lealtades.

A la luz de tal demonización, se puede entender mejor por qué las recientes manifestaciones pro-palestinas en Europa se transformaron tan rápidamente en crudo antisemitismo. Esto no tiene relación con ningún movimiento de extrema derecha tradicional o agitación neo-nazi, que llamara la atención por su ausencia relativa o bajo perfil. En el corazón de la actual ola de agitación antijudía se encuentran musulmanes viviendo en la Unión Europea (UE), especialmente en Francia, Holanda, Bélgica, España, Italia, Gran Bretaña y Alemania. Dado que actualmente los inmigrantes musulmanes en Europa suman probablemente más de 30 millones de personas (de 5 a 6 por ciento de la población de la UE), su peso demográfico y su creciente presencia política ya no pueden ser ignorados. Es igualmente incuestionable la creciente identificación de muchos inmigrantes musulmanes con el islám y su impacto en la juventud urbana más marginada. Mientras más frustrada se sienta esta población -ya sean árabes del norte de África o del Medio Oriente, turcos, negros de África Occidental o surasiáticos (sobre todo paquistaníes) en Inglaterra- más probable es que sean arrastrados a acciones yihadistas o antisemitas. Judíos y no judíos están pagando el precio, no sólo por el rechazo palestino, la violencia yihadista y el antisemitismo musulmán, sino también por la política de apaciguamiento europea de estas fuerzas oscuras.

La investigación ha demostrado que los estereotipos antisemitas son mucho más frecuentes entre los musulmanes que entre la mayoría de la población blanca de Europa. Por ejemplo, en diciembre de 2005 cerca de la mitad de los musulmanes británicos consideró que ” los judíos están ligados con los masones para controlar los medios de comunicación y la política“. En Dinamarca, en 2009, el 66 por ciento de los inmigrantes musulmanes entrevistados mostraron actitudes marcadamente anti judías. Estudios realizados en Bélgica en 2011 demostraron que de 45 a 50 por ciento de los estudiantes musulmanes estaban de acuerdo con declaraciones antisemitas como ”los judíos quieren dominar todo“ frente a sólo el 10 por ciento de los no musulmanes.15 Este es un patrón general en la UE que se ve agravado por una visión maniquea preexistente del conflicto de Medio Oriente entre muchos musulmanes en Europa. La afirmación de una identidad específicamente musulmana así como el odio a Israel, parece determinar muchas de estas actitudes hostiles hacia los judíos. En ocasiones, como en el caso de las escuelas religiosas patrocinadas por los sauditas y los libros de texto en Gran Bretaña, el adoctrinamiento antisemita es flagrante y rampante.16 A menudo, los estereotipos vienen de la casa, la mezquita, el Internet y la televisión satelital y son parte del bagaje cultural que los propios inmigrantes traen de Medio Oriente, África y Asia.

Francia representa, tal vez, el barómetro más revelador de la actual crisis de los judíos europeos y el ”nuevo“ antisemitismo en la UE, ya que es el hogar de aproximadamente seis a ocho millones de musulmanes (entre el 10 y 12 por ciento de la población francesa) y de 550,000 judíos -la mayor comunidad judía en el viejo continente. Sorprendentemente, el 40 por ciento de todos los actos racistas cometidos en suelo francés en 2013 fueron contra judíos, quienes representan menos del uno por ciento del total de la población.17 Contrariamente a los diversos mitos sobre la islamofobia generalizada, es más probable que los judíos, a diferencia de los musulmanes, sean objeto de un crimen de odio. (Esto también es cierto en Gran Bretaña, Canadá y los EE.UU.). Además, los autores de estos violentos ataques racistas contra judíos así como del acoso en países como Francia, Bélgica, Holanda, el Reino Unido o Suecia son, con mayor frecuencia, musulmanes que neonazis o extremistas de derecha.

Una vez más, en los meses recientes Francia sufrió la mayor escalada de violencia anti-judía en Europa, con turbas pro palestinas sitiando varias sinagogas en el centro de París, en la víspera de las celebraciones de la Bastilla (13 de julio de 2014). La mayoría de los manifestantes eran magrebíes del Norte de África junto con diversos grupos de aliados de la izquierda, incluidos comunistas, sindicalistas, ecologistas y militantes anti-sionistas del Partido Trotskista Nuevo Anti-Capitalismo. Los manifestantes rodearon una sinagoga en la que había unos 200 feligreses quienes tuvieron que atrincherarse en el interior. Varias personas resultaron heridas cuando la masa, en un ambiente tipo pogrom, al tratar de abrirse paso en el edificio, gritaba consignas escalofriantes como ”Muerte a los judíos“ y ”Hitler tenía razón“. El asedio terminó una hora más tarde, luego de que los refuerzos policíacos llegaron tardíamente a ayudar a la pequeña Liga de Defensa Judía.

Durante una manifestación en favor de Hamas en Belleville, un suburbio al este de París, se podían escuchar fuertes cantos en árabe diciendo ”asesinen a los judíos”. Otra sinagoga fue incendiada el 11 de julio en Aulnay Surround durante el servicio del viernes por la noche. Más temprano, en plena luz del día, cerca de la estación de tren Gare du Nord, una niña judía de 17 años de edad fue insultada y roseada con gas pimienta por un joven árabe que gritaba “Judía sucia, Inshalla (Dios quiera) morirás”.18 Unos días después, en Sarcelles, un suburbio parisino con una población mixta árabe-judía, una turba árabe atacó negocios propiedad de judíos, destruyendo una farmacia, una pizzería y varias tiendas. Los manifestantes quemaron coches y atacaron judíos fuera de una sinagoga, que intentaron incendiar sin éxito. La policía francesa tuvo que utilizar cañones de agua, gases lacrimógenos y balas de goma en escenas que recuerdan a una Intifada de Medio Oriente. Incluso autoflagelados intelectuales parisinos de izquierda con tendencias antiisraelíes y antinorteamericanas, estuvieron conmocionados temporalmente por estas escenas.

Hay que recordar que desde el inicio de la Segunda Intifada en octubre de 2000, Francia ha sido escenario de algunos aterradores episodios de violencia antijudía. Desde ese momento (a pesar de los valientes esfuerzos actualmente promovidos por el primer ministro Manuel Valls, con el apoyo de Bernard Cazeneuve, el ministro del Interior y el presidente Francois Hollande), el Estado francés ha sido incapaz de regresar al genio a la botella. El conflicto entre Israel y Palestina sigue siendo una herida abierta y un catalizador de la violencia, por lo que el mantra oficial francés de que el antisemitismo es esencialmente una importación extranjera del Medio Oriente es, obviamente, demasiado simplista. Después de todo, las agresiones verbales y físicas han sido dirigidas contra los judíos franceses y no contra los israelíes. Más aún, después de más de una década, este tipo de ataques se han convertido en casi una rutina en las calles y escuelas del país república así como en el Metro de París.

Esta ola de odio despiadado ha tenido un efecto traumático en la judería francesa. Estuvo precedida, por supuesto, por los asesinatos cometidos a sangre fría en 2012 por Mohammed Merah, un joven yihadista radical entrenado en Afganistán. Merah asesinó a un joven rabino y mató a quemarropa a tres pequeños niños judíos en la escuela Ozar Hatorah de Toulouse, incluso se filmó a sí mismo en el acto. El perpetrador era un ciudadano francés de origen musulmán-argelino, que creció en una familia impregnada a fondo con odio antijudío.19 En 2006, Ilan Halimi, un joven judío de 23 años de edad, fue asesinado sádicamente a las afueras de París por una banda apropiadamente llamada “Les Barbares” (los bárbaros), encabezada por Youssouf Fofana, un musulmán africano-francés occidental. La tortura de Halimi, a pesar de que inicialmente fue negada públicamente y por la policía, fue, sin duda, un acto antisemita. Los secuestradores habían seleccionado cuidadosamente a un judío en la esperanza de obtener un gran rescate de la comunidad judía.20

El 24 de mayo de 2014, en Bruselas, Mehdi Nemmouche, otro yihadista francés que había regresado de Siria, eligió atacar deliberadamente un objetivo judío de alto perfil. El efecto acumulativo de éstos y muchos otros incidentes menos violentos pero profundamente perturbadores, aluden a un pronóstico sombrío para el futuro de la judería francesa y europea, a pesar de que la mayoría de los judíos aparentan ser razonablemente prósperos, estar bien integrados y no haber sido discriminados en cuestiones de vivienda, educación, práctica religiosa, o en la vida pública francesa. Sin embargo, los judíos europeos, especialmente en Francia, se encuentran atrapados entre la ola islamista y el auge de populistas nacionalistas de extrema derecha que obtuvieron muy buenos resultados en las últimas elecciones europeas de mayo de 2014. Por primera vez en su historia, el Frente Nacional (FN), liderado por Marine Le Pen, logró el primer lugar con más del 25 por ciento de los votos, un éxito sorprendente, pero no un resultado muy alentador para los judíos franceses. 21 Es cierto, su actual líder se ha distanciado del notorio antisemitismo de su padre y de su retórica racista islamofóbica, pero las filas del FN todavía cuentan con un significativo número de ultra-nacionalistas, racistas y católicos fundamentalistas. Más aún, el repudio del FN a la simple idea misma de una representación comunitaria judía y su hiperconciencia sobre la oposición judía a su ascenso no augura nada bueno para los judíos franceses. Por otra parte, la decidida postura de Le Pen en contra de una mayor inmigración masiva y la fuerte desaprobación de los esfuerzos para apaciguar a los islamistas tienen cierto atractivo potencial entre los votantes judíos.

Desde el año 2000, se han registrado al menos 7,650 incidentes antisemitas en Francia, cifra que representa solo aquellos casos denunciados a la policía, que posiblemente no sea más del 40 por ciento de los números reales. Esto nos ayuda a entender por qué en los últimos años, casi la mitad de los judíos en Francia, Bélgica y Hungría han contemplado la emigración. En lo que respecta a Francia, se anticipó, incluso antes de la guerra de Gaza que más de 5,000 judíos harían aliá a Israel este año, lo que sería un récord histórico para judíos franceses desde la fundación del Estado judío. Esto llevó a que a principios de agosto, el periodista líder y editor de la revista, Christophe Barbier, de centro-izquierda L Express, acusara a los judíos franceses de “bunkerización”, traicionando los valores republicanos y apoyando a la extrema derecha en Francia e Israel. Los judíos que abandonaron Francia y se fueron a Israel, declaró, eran en realidad “cobardes”.22

No hay duda de que la creciente infiltración de antisemitismo -procedente tanto de Medio Orienta como de Europa- ha llegado a un nuevo punto álgido como resultado de la guerra de Gaza. Cuando un dueño de un café turco en Lieja (Bélgica) se siente cómodo al colocar un cartel digno de la Alemania nazi, anunciando que “Los perros son bienvenidos, pero no los judíos”, un viento maligno está, sin duda, soplando. Cuando un médico flamenco en Amberes rechaza la solicitud de una mujer judía de 91 años de edad para recibir tratamiento médico diciéndole que se vaya a Gaza o cuando los jóvenes del sur de Asia gritan “Heil Hitler” a los peatones judíos en un barrio ortodoxo de Manchester, significa que el debilitamiento de los tabúes residuales relativos al antisemitismo es solo aparente.23 En Gran Bretaña, los incidentes antisemitas en julio de 2014 llegaron a su punto más alto, a pesar de que fueron notablemente menos violentos que en Francia.24

La Operación Margen Protector aún más que sus predecesoras en 2009 y 2012, parece haber suscitado reacciones extremas, con antisionistas y “disidentes” judíos sorprendentemente ansiosos por demostrar su presunta superioridad ética al denunciar las políticas “criminales” y “racistas” de Israel. A raíz de algunos de los comentarios en la prensa, el tráfico de Internet, y los tweets de Facebook, podríamos ser perdonados por pensar que Israel había atacado deliberada y sádicamente a todos los civiles palestinos. Uno podría imaginarse que las Fuerzas de Defensa de Israel eran un ejército de asesinos de niños, mientras que Hamas y la Yihad Islámica, que siempre han glorificado las masacres terroristas de civiles israelíes, eran simplemente guardias protectoras “militantes” contra la despiadada inhumanidad del ejército israelí. Esta es una completa inversión de la verdad. Pero eso no impidió la proliferación de inmundas consignas sobre Israel como “Estado terrorista” o perturbar el casi absoluto silencio que rodea la política deliberada de Hamas de enviar a sus civiles y niños al peligro. Estas tácticas tampoco disminuyeron el agresivo apoyo a Hamas de los llamados filósofos como el italiano Gianni Vattimo.25

En mi opinión, esto es una indicación inequívoca de la enfermedad moral que de manera constante está carcomiendo las entrañas de Europa como consecuencia de su débil respuesta al islamismo y su propia mitología multiculturalista de auto-engaño. Como hemos visto, la caracterización de Hamas como un típico movimiento de liberación que lucha por la autodeterminación nacional palestina es profundamente defectuosa, un síntoma de ilusiones europeas, occidentales e internacionales. Aún más engañosa y bastante insidiosa es la palestinización de la vieja-nueva Teología Cristiana del Reemplazo y la hipócrita moralización de los sacerdotes anglicanos como el jubilado arzobispo negro de Sudáfrica, Desmond Tutu, quien, al igual que el ex presidente estadounidense Carter, nunca pierde la oportunidad de atacar a Israel al tiempo que insta al reconocimiento de Hamas.26 En última instancia, tales voces, legitiman el antisemitismo. Junto con los defensores del boicot a los productos israelíes (o la Academia) y los proveedores de la totalmente sesgada analogía “Israel = Apartheid”, apoyan activamente a los yihadistas radicales en su fundamentalmente malvado sueño de destruir a Israel. Incluso, si no son personalmente antisemitas, estos “compañeros de viaje” son cómplices de facto de los “guerreros fanáticos de Alá ”, empeñados en derribar lo que queda de la libertad humana, el respeto por la verdad, la santidad de la vida y los valores democráticos. De hecho, desde Berlín a Sidney, de París a Santiago, una vez más el antisemitismo nos proporciona una prueba de fuego para la salud moral de la civilizaciones islámicas y occidentales. La patología social y cultural del antisemitismo bien puede ser incurable, sin embargo es fundamental que los gobiernos de todo el mundo hagan todo lo posible para limitar sus efectos tóxicos.


Notas

1. Ver Yigal Carmon, “Contemporary Islamist Ideology Permitting Genocidal Murder”, MEMRI Special Report, no. 25, enero 27, 2004.
2. Robert S. Wistrich, Muslim Anti-Semitism: A Clear and Present Danger (Nueva York, 2002).
3. Ver Robert S. Wistrich, A Lethal Obsession: Antisemitism from Antiquity to the Global Yihad (Nueva York, 2010), pp. 731-927.
4. Ibid., pp. 937-38 para más ejemplos.
5. “Allah imposed Hitler on the Jews to punish them…”, MEMRI Special Dispatch no. 2224, febrero 3, 2009.
6. Wistrich, Lethal Obsession, op.cit., pp. 667-75; ver también Klaus Geniscke, Der Multi von Jerusalén, Amin el-Husseini und die Nationalsozialisten (Darmstadt, 2007).
7. Shmuel Moreh y Zvi Yehuda (eds.), Al Farbud: The 1941 Pogrom in Iraq (Jerusalén, 2005), pp. 27-68.
8. Semih Idiz, “Erdogan Fans Anti-Israeli, Anti-American Sentiments for Political Gain”, Hurriyet Daily News, junio 14, 2010; Richard Herzynger, “Turkische Abwege”, http://m.welt.de/print/diewelt/debatte/article130805280/Tuerkische-Abwege.html.
9. http://en.Wikipedia.org/wiki/Valley_of_the_Wolves:_Iraq.
10. Wistrich, Lethal Obsession, op.cit., pp. 845-61.
11. Ibid., pp. 885-93.
12. Ver Robert S. Wistrich, “Post Mubarak Egypt: The Dark Side of Islamic Utopia”, Israel Journal of Foreign Affairs, VI: 1 (2012), 22-32.
13. Ver Robert S. Wistrich, “Negationism, Antisemitism, and Anti-Zionism”, Holocaust Denial: The Politics of Perfidy, Robert Wistrich (ed.) (Berlín, 2012), pp. 258-67; y Matthias Kuntzel, “Judeophobia and the Denial of the Holocaust in Iran”, Holocaust Denial: The Politics of Perfidy, Robert Wistrich (ed.) (Berlín, 2012), pp. 235-54.
14. Ver ADL Global: An Index of Antisemitism (Nueva York, 2014), que evaluó actitudes hacia los judíos en más de 100 países.
15. Ver Manfred Gerstenfeld, entrevista de Mark Elchardus, Israel National News, mayo 21, 2013. Elchardus estudió las escuelas de habla neerlandesa en Bélgica y las actitudes de los alumnos de catorce años en adelante. Ver también la investigación detallada de Gunther Jikeli, Antisemitismus und Diskriminierungs-wahrnehmungen junger Muslime in Europa (Essen, 2012), que confirma la prevalencia de estereotipos antisemitas “clásicos” entre jóvenes musulmanes (los judíos son ricos, tacaños, conspiran en contra de los no judíos, etc.). De hecho, estas actitudes se extienden significativamente más entre ellos que entre los no musulmanes. 
16. Ver la importante investigación de Denis MacEoin, The Hijacking of British Islam (Londres, 2007), patrocinada por Policy Exchange (http://www.policyexchange.org.uk). El Centro para la Libertad Religiosa de la organización Freedom House con sede en Estados Unidos, también publicó un reporte pionero sobre los libros de texto sauditas: Saudi Arabia’s Curriculum of Intolerance (2006) http://freedomhouse.org/sites/default/files/CurriculumOfIntolerance.pdf.
17. Ver Rapport sur L’antisémisme en France 2013 (París 2014) realizado por el Servicio de Protección de la Comunidad Judía. El reporte del 2012, basado en estadísticas del ministerio francés del interior, mostró que 55 por ciento de la violencia racista estuvo dirigida a judíos. Se registraron 96 crímenes de odio violentos en contra de judíos. A pesar de que el número de musulmanes que viven en Francia es diez veces mayor que el de judíos sólo se registraron nueve actos violentos catalogados como antiislámicos.
18. Sam Sokol, “European ministers denounce ugly anti-Semitic demonstrations and attacks”, The Jerusalén Post, julio 22, 2014; “Heurts à Barbès et Sarcelles”, LeMonde.fr y AFP, julio 21, 2014; Adam Le Bor, “Exodus: Why Europe’s Jews are Fleeing Once Again”, Newsweek, julio 29, 2014.
19. Marc Weitzmann, “In the Beginning, the Brothers, They Told Me to Kill”, Tablet, julio 29, 2014, http://tabletmag.com/jewish-news-and-politics/180009/france-toxic-hate-3-toulouse/.
20. Wistrich, Lethal Obsession, op.cit., pp. 339-44 sobre el caso Halimi.
21. Ver Robert S. Wistrich, “The Dark Side of Europe”, Jerusalén Report, junio 30, 2014.
22. Michel Gurfinkiel, “Barbier, Beelzebuth, and the French Intifada”, http://pjmedia.com/blog/barbier-beelzebuth-and-anti-semitism-the-french-socialists-conundrum/. El artículo de Barbier fue ominosamente titulado “Les Nouveaux Baal Zebud”, suponiendo un vínculo entre los judíos franceses y el diablo, que en la tradición cristiana es comúnmente llamado Beelzebuth; en la Biblia hebrea, Baal-Zebuth era un dios cananita sanguinario.
23. Jerry Lewis, “UK Jews feel anti-Semitic backlash”, The Jerusalén Post, julio 20, 2014.
24. Laura D. Staetsky and Jonathan Boyd, “Perceptions and Experiences of Antisemitism among Jews in the UK”, Institute for Policy Research (JPR), julio 2014; este reporte ofrece una perspectiva sociológica detallada de estos temas.
25. Anna Momigliano, “Well-known Italian philosopher: ‘I’d like to shoot those bastard Zionists’”, Haaretz, julio 24, 2014.
26. Ver Desmond Tutu, “My plea to the People of Israel: Liberate yourselves by liberating Palestine”, Haaretz, agosto 14, 2014. En este artículo, prácticamente toda la culpa de la guerra en Gaza es impuesta a Israel, Hamas es invisible y los israelíes son llamados a participar en el boicot en contra de su propio país. La crónica de “paz” del Arzobispo Tutu en relación a Israel incluye la repugnante repetición del mito del “muro del apartheid” en Israel, la demonización del “lobby judío”, la demanda de un embargo de armas a Israel y el perseverante apoyo al BDS. En la actual situación mundial, cualquiera podría decir sin ironía que Tutu es completamente “merecedor” del Premio Nobel de la Paz y de la Medalla Presidencial de la libertad que recibió de Barack Obama.

ISSN: 1022-9833

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