El legado de Abraham

Valores y responsabilidades comunes que vinculan a los católicos, judíos y musulmanes

En la ciudad de San Pablo se llevó a cabo un brillante acto ecuménico en junio de 1989, con los auspicios de la Comisión Nacional (brasileña) de Diálogo Religioso Católico-Judío auspiciada por la Conferencia Nacional de los Obispos (católicos) del Brasil y la Confederación Israelita de dicho país. En esa ocasión se otorgó el Premio “Patriarca Abraham” al cardenal Johannes Willebrands, presidente de la Comisión del Vaticano para las Relaciones Religiosas con los judíos y al Dr. Gerhart Riegnor, copresidente de la Junta Directiva del Congreso Judío Mundial, en reconocimiento a sus trascendentes contribuciones al diálogo entre judíos y católicos.


Invitada de honor fue la Sra. Jehan vda. de Sadat -el presidente egipcio que firmó la paz con Israel-, Se transcribe a continuación el texto del discurso que la Sra. de Sadat pronunció en la ocasión, elocuente recordatorio a judíos, musulmanes y cristianos de que ya es tiempo que se percaten quo tienen raíces comunes que cultivar, a fin de converger en una mutua comprensión, amistad y fraternidad, superando inquinas y desencuentros desarrollados en el pasado y en el presente.

I

Ningún observador objetivo puede ignorar las notables similitudes que existen en las tradiciones literarias hebrea y árabe. Ambas tradiciones están cargadas de asociaciones religiosas y las dos derivan sus rafees de una herencia común que abreva tan lejos como Adán y Noé.

El vínculo entre las dos tradiciones y en realidad el nexo entre las naciones judía y árabe, es la figura augusta de Avraham, como se pronuncia en hebreo, o Ibrahim, como se dice en árabe. La tradición sostiene que Abraham engendró nueve hijos de tres esposas diferentes. Sara concibió a Isaac, Hagar le dio a Ismael y Keturá dio a luz seis hijos suyos. Todos ellos están nombrados en el Antiguo Testamento.

Mediante Isaac, Abraham se convirtió en el padre de la raza hebrea o judía, así como también en padre del linaje del cual procedieron Moisés y Jesús el Cristo1. Mediante Ismael, Abraham es el padre de los árabes. De la descendencia de Ismael procedió el Profeta Mahoma. Fácticamente, Abraham fue el ancestro físico de los fundadores de la fe judía, del cristianismo y del Islam. Más importante que el linaje físico y el parentesco terrenal entre profetas tales como Moisés, Jesús y Mahoma, es la relación espiritual que ellos tuvieron entre sí. Ellos estuvieron todos unidos y fueron “uno solo" en los aspectos espirituales de sus sagrados seres.

La misión y la personalidad de Abraham, tanto en la Biblia como en el Corán están descriptas de una manera esencialmente idéntica; las diferencias son apenas de detalle y de énfasis. Es ciertamente destacable que árabes y judíos no solamente comparten un común origen semita en lo étnico y lingüístico, sino que también tienen en común una herencia espiritual basada en el único y eterno Pacto de Dios Todopoderoso:

Cuando Alá hizo (Su) pació con los profetas (El dijo): Contemplad lo que os he dado como Escritura y Conocimiento. Y luego vendrá a vosotros un mensajero, confirmando lo que ya poseéis. Creeréis en él y lo ayudaréis. El dice: ¿Aceptáis y tomaréis Mi carga (que pongo sobre vosotros) en esto (esta materia)? Ellos respondieron: Aceptamos. El dijo: Entonces portáis el testimonio. Yo seré testigo con vosotros.
Entonces, quienesquiera que después de esto se aparten, perversos serán.
No los busquéis en la religión de Alá, en la cual bajo El se somete todo lo que hay en los cielos y en la tierra, voluntaria o involuntariamente, y bajo El serán retornados.
Di (oh, Mahoma): Creemos en Alá y en lo que nos ha sido revelado y en lo que fue revelado a Abraham e Ismael, e Isaac y Jacob y las tribus, y lo que fue concedido a Moisés y Jesús y los profetas por parle de su Señor. No hacemos ninguna distinción entre ninguno de ellos, y a El nos hemos sometido.
Corán III: 81-84

El Islam acepta a todos los profetas y reconoce la verdad de la Revelación Única que fue sucesivamente concedida a cada uno de ellos y todos ellos. Las palabras “Islam” y “muslim” son utilizadas por el Corán para describir el “sometimiento al mensajero de Dios y a Su Revelación” en todo tiempo y lugar, porque, si no, cómo sería posible explicar versículos como éste:

Abraham no fue un judío ni tampoco un cristiano, sino que fue un hombre probo que se sometió (a Alá) y no fue de los idólatras.
Corán III: 67

Así fue como M.M. Pickthall tradujo al inglés ese pasaje del Corán; una traducción más elegante es la de George Sale, que dice así:

Abraham no fue judío ni cristiano, sino que fue de la verdadera religión, un hombre sometido a Dios, y no formó parte del número de los idólatras.

Y es por esto que todos los musulmanes son exhortados por el Corán a que sigan la religión de Abraham:

DI: Abraham habló con verdad. De modo que tú sigue la religión de Abraham, el recto. El no fue de los idólatras.
Corán III: 95

Esta religión es, simplemente, “monoteísmo”, la adoración del Dios único y solamente uno, sin tener en cuenta tiempo, lugar ni forma. Los profetas nos han hecho saber que solamente hay un solo Dios, a pesar de que El puede ser denominado de diversas maneras:

El Viejo Testamento: “Oye, oh Israel: el Señor es nuestros Dios, el señor es Uno”.
Deuteronomio VI: 4

El Nuevo Testamento: “Y Jesús le contestó: el primero de todos los Mandamientos es «Oye, oh Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno»”.
Marcos XII: 29

El Corán: “Vuestro Dios es el Único Dios, no hay otro Dios salvo El, el Benefactor, el Compasivo”.
Corán U:163

Según el Islam, Dios envió a Sus mensajeros y profetas para difundir Su palabra, para renovar el espíritu religioso y especialmente para informar a la gente acerca de la Palabra sobre el Prometido que trae esta renovación y va a venir para salvar al mundo. Esos profetas son los grandes maestros de la Humanidad. De acuerdo con el Islam, ellos han hecho su aparición en diferentes partes del mundo en épocas distintas. El Corán, que es el Libro Sagrado del Islam, menciona muchos profetas; sin embargo eso no significa que los que no estén allí nombrados queden despreciados. En realidad, es creencia común entre los musulmanes que doquiera que Dios creó un país, rápidamente envió al mismo un profeta para que dirigiera a su pueblo en la senda recta.

El mensaje que todos y cada uno de los profetas siempre han proclamado, es que solamente hay un solo Dios, omnipotente y que todo lo abarca. Y esta religión no es otra cosa que un camino por el cual el hombre puede llegar a Dios, enterarse de Sus signos y obras. La verdad religiosa solamente es inspirada por Dios para ser comunicada mediante la Revelación. Un punto importante subrayado en el Islam es que, si bien el mensaje es divino, el profeta no lo es. Lo que distingue a todo profeta de los demás seres humanos, es que el profeta es infalible y está libre de pecado, lo cual es simplemente una consecuencia del hecho de haber sido elegido para desempeñar una misión divina.

Otra característica importante en la que el Corán hace hincapié, es la unidad de todas las religiones reveladas: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. El Islam cree que todos los profetas de Dios son los constructores de la “Casa Única” y sugiere que la mano infalible del Único ha colocado los fundamentos sobre los cuales quienes continúan Su obra y le siguen, construyen un edificio siempre creciente y ampliado. Es por eso que el Corán requiere de todo musulmán que crea en todos los profetas que precedieron a Mahoma. Negar a cualquiera de ellos es pecado en el Islam.

El Mensaje Profético siempre ha sido un llamado para adorar a Dios Único, seguir Sus preceptos y establecer Su reino de paz y amor en la tierra. Los profetas de Dios tenían que sufrir rechazo y persecución para poder difundir su mensaje, y debían luchar de todas las formas contra los “ídolos” que el hombre crea, los cuales difieren de época en época y desvían a los seres humanos del sendero verdadero.

En los tiempos de Abraham se había inventado una cantidad de dioses a los cuales las personas rendían culto, como la luna, el sol y las estrellas. Cuando Abraham recibió el mensaje de Dios, lo denominó “Islam”, que significa doblegarse a Di os y someterse a Su voluntad. Fue ese mismo mensaje el que inspiró a Noé, Jacob, Moisés, David y todo otro profeta convocado a la acción por la voluntad de Dios Todopoderoso.

II

Imponente y majestuosa es la estatura moral de Abraham tal cual es descripta en el Corán. Además, está adornado en la literatura popular árabe de tales cualidades humanas, que le tornan en uno de los personajes más queribles y populares de la mitología árabe-musulmana. La literatura folclórica árabe le asigna a Abraham muchos epítetos de distinción. Le llama “Ibrahim al-Jalil” o “Jalil u-Alah”, vale decir Abraham, el amigo de Dios. También le llama “Abu al-Anbia”, “padre de los profetas”. En ese contexto sería apropiado ver cómo los cronistas árabes popularizaron el legado de Abraham.

El versículo coránico “Alá (mismo) eligió a Abraham como su amigo” (Corán IV:125) inspiró el relato de Al -Beidawi sobre cómo Abraham vino a ser conocido como “al-Jalil”. Nos relata la siguiente historia:

Por consiguiente, los mahometanos usualmente denominan a este patriarca como la Escritura también lo hace: Jalil Alah, el Amigo de Dios, y simplemente Al-Jalil;y relatan la siguiente historia: que Abraham, en una temporada de escasez, le pidió ayuda a un amigo suyo residente en Egipto, solicitándole cereal. Pero el amigo se rehusó, respondiéndole a modo de excusa que, por una parte, también en su propio país había hambruna, además de pretender que, de saber que el cereal era para abastecer a la propia familia de Abraham, con gusto la hubiese despachado pero, como le conocía bien, sabía que lo requería solamente para agasajar a sus huéspedes y distribuirlo entre los pobres según era su usual costumbre hospitalaria. Los sirvientes a quienes Abraham había enviado con su mensaje sintieron vergüenza de retornar a él con las manos vacías y para ocultar de sus vecinos el bochorno de la negativa, llenaron sus bolsas con fina arena blanca del desierto, la cual en Oriente se parece mucho en aspecto a la harina. Abraham fue informado de lo sucedido por sus sirvientes y la preocupación que sintió por lo sucedido le provocó un profundo sueño. En tanto su esposa Sara, ignorando lo sucedido, abrió una de las bolsas y la encontró plena de buena harina, la cual utilizó de inmediato para hacer pan. Abraham, despertándose y oliendo el aroma de pan recién horneado, le preguntó cómo habla obtenido la harina. “¿Cómo de dónde? -le respondió ella-. Si es la de tu amigo de Egipto”. “No -replicó el patriarca- ésta debe haber procedido solamente de mi amigo Dios Todopoderoso” (Ver Al-Beidawi. Traducción de D'Herbel. Bibl. Orient., pág. 14 y Mahometium Explained de Morgan, vol. I pág. 132).

El Corán, por otra parte, frecuentemente hace referencia a Abraham, su religión y su pueblo. Está pictórico de relatos sobre los profetas del Viejo Testamento que fueron inspirados por Dios para pronunciar el mensaje de verdad, generación tras generación. Abraham, Jacob, Noé, Isaac, José, Moisés y otros testifican la unidad de todos los profetas y Quién es el Señor de su Mensaje. Este es uno de los temas principales del Corán y sería igualmente verdadero señalar que el tema judeo-cristiano es, en realidad, el más promi-nente de todo dicho Libro.

III

El Corán enfoca el odio que sentía Abraham contra los ídolos y la guerra que libró contra los cultos idolátricos. La preocupación principal del Islam consistió en la erradicación de los ídolos y por lo tanto no es sorpresa encontrar en él declaraciones de que Abraham ni los profetas no fueron idólatras, sino que en realidad fueron verdaderos “musulmanes”, utilizándose en esto la palabra “musulmán” en su más amplio sentido de “sometido a Dios”.

Abraham odiaba los ídolos a los cuales rendía culto su tribu. Dice la leyenda que el padre de Abraham era escultor de ídolos y sentía una gran indignación por la falta de respeto y el odio de su hijo hacia los “sagrados” ídolos de la tribu. A temprana edad Abraham comenzó a anunciar públicamente su desdén por los ídolos y los cubrió de ridículo. En su tiempo la gente adoraba a alguno de estos tres elementos a los que consideraba dioses: alguna piedra, el sol o la luna. Incluso antes de que Abraham recibió su Revelación, él no podía creer en su fuero íntimo de que ninguna de esas tres cosas eran Dios. Para probar a su pueblo la insignificancia de sus dioses, se introdujo subrepticiamente en el santuario mientras la gente estaba fuera del mismo celebrando un festival, y rompió todos los ídolos salvo el dios principal.

Abraham trató de esclarecer a su gente, en forma racional. Les preguntó: “¿Cómo pueden ustedes adorar ídolos hechos de piedra, inanimados e incapaces de protegerse siquiera a sí mismos?”. Inquirió a su padre cómo podía rendir culto a los ídolos que él mismo había tallado de piedra, y le recordó a su progenitor que Quien crea es Dios y que el hombre jamás puede ser un Creador. La conversación mantenida entre Abraham y su padre es uno de los más tocantes episodios relatados en el Corán. La magnanimidad y madurez espiritual de Abraham son evidentes desde el principio, pero más destacable que todo eso es la cortesía y humildad que mantiene ante su padre, sin violar nunca la ley que obliga honrar a padre y madre.
Llegó el momento que había que silenciar a Abraham. Los adoradores de los ídolos trataban de cerrar su boca. Decidieron, en consecuencia, quemarlo vivo. Cavaron un gran pozo en la tierra y lo rellenaron con ramas secas, y encendieron una gran hoguera ala que arrojaron a Abraham. El episodio está plenamente relatado en el Corán como sigue:

Ellos gritaron: Quemadlo y defended a vuestros dioses haciendo esto.
Nosotros dijimos: ¡Oh, fuego! ¡Sé frescor y paz para Abraham!
Y ellos quisieron tenderle una celada, pero Nosotros hicimos que fuesen ellos los grandes perdedores.
Y Nosotros lo rescatamos a él y a Lot (y los trajimos) al país que Nosotros hemos bendecido para (todos) los pueblos.
Y Nosotros investimos a Isaac para tí, y a Jacob como nieto suyo; a cada uno de ambos Nosotros le hicimos justo.
Y Nosotros les hicimos ser jefes que guiaron por Nuestra Jefatura, y Nosotros inspiramos en ellos la factura de buenas acciones y la dación de limosnas, y ellos fueron adoradores de Nosotros (únicamente).
Corán XXI: 68-73

Del fuego salió Abraham ileso y con el rostro brillante de fe; y fue este apenas el primero de los milagros asociados a Abraham. Sin embargo, percatándose de la imposibilidad de vivir entre incrédulos y de su incapacidad para ganarles a su propia creencia, decidió emigrar con su esposa Sara y su sobrino Lot. Los tres vinieron a Noblus, en Palestina, y de ahí se trasladaron a Egipto, adonde residieron durante un largo tiempo y donde él ganó algún dinero antes de retomar a Palestina. Sería pertinente señalar aquí que, a través de la historia, Egipto ha sido refugio para extranjeros que huían de la represión y de la injusticia en sus propias tierras. Hasta hoy día, mucha gente que le teme a la persecución en sus patrias busca refugio en Egipto, país que posee un noble historial de extender su asilo a quienes lo requieren con urgencia.

IV
Pero retornemos a Abraham y al efecto que su largo viajar tuvo sobre su vida y obra. Esos viajes por Irak, el valle del Éufrates, Palestina y Egipto le brindaron la oportunidad de difundir el mensaje de la existencia de Dios Único entre una variedad de pueblos diferentes. Sus viajes, con las muchas dificultades que los mismos entrañaban, fueron una gran prueba para la capacidad de Abraham de afrontar sufrimientos, y para su habilidad en soportar esos sufrimientos con radiante aceptación. Tal es la manera con que Dios compruébala tenacidad y fortaleza de aquellos que El elige para que actúen como Sus mensajeros y profetas.

Abraham fue severamente probado por Dios de diversas maneras. Hasta edad avanzada no tuvo hijos. Tanto él como su esposa Sara tenían demasiada edad como para procrear. Entonces se produjo el segundo milagro. Abraham fue bendecido con un hijo. Y cuando ese hijo alcanzó cierta edad, Dios le pidió a Abraham que Le ofreciera a ese mismo hijo en calidad de sacrificio. El Corán relata esta historia de la siguiente manera:

Y él dijo: ¡Ea! Voy adonde mi Señor me guiará.
De modo que Nosotros le dimos nuevas de un hijo de muchas prendas.
Y cuando (su hijo) tuvo suficiente edad para caminar con él, (Abraham) dijo: Oh, mi querido hijo, he visto en un sueño que debo sacrificarte. De modo que mira: ¿qué piensas de todo esto? El dijo: Oh, padre mío, haz como tu corazón manda. Para el cumplimiento de la voluntad de Alá, me encontrarás resuelto.
Entonces, cuando ambos se doblegaron (a Alá) y él inclinó su rostro,
Nosotros le llamamos: ¡Oh, Abraham!
Tú ya has cumplido tu visión.
He aquí que Nosotros recompensamos a los buenos.
¡Ved! Esta fue realmente una clara prueba.
Entonces, Nosotros lo rescatamos con una tremenda víctima.
Y Nosotros hemos dejado para la gente por venir el saludo de: “¡La paz sea con Abraham!”.
Porque Nosotros recompensamos a los buenos.
¡Mirad! El es uno de Nuestros siervos creyentes.
Y Nosotros le hemos dado nuevas del nacimiento de Isaac, un profeta de la rectitud.
Y Nosotros les bendijimos a él y a Isaac. Y de su simiente hay algunos que hacen bien y algunos que evidentemente se extravían.
Corán XXXVII: 99-113

El relato coránico difiere levemente de la forma en que la historia del sacrificio es contada en el Antiguo Testamento. Para algunos críticos la identidad del hijo está en cuestión. La tradición judía sostiene que ese hijo a quien Abraham estaba dispuesto a sacrificar por orden de Dios, era Isaac y no Ismael. Pero haya sido Isaac o Ismael, el significado de esta historia de sacrificio queda inalterado sea cual fuere la identidad del hijo.

El niño retratado en el Génesis está simplemente colocado en la trama, pasivo, alelado, maravillado de lo que se está desarrollando. Expresa su ansiedad planteando una respetuosa pregunta. Pero en el Corán todo queda centrado en el diálogo entre padre e hijo, como si el padre necesitara una confortación aliviadora antes de lanzarse a esa atroz aventura. El hijo, tras haber sido informado, acepta. La emoción ya no queda centrada en la promesa de Dios, que en el Génesis está puesta en cuestión, ni en la fe de Abraham en la promesa, sino en la calidad de su sumisión a la voluntad de Dios -“Islam”- compartida por su hijo y en la fe en la visión que tuvo: ambos obedecen.

Este episodio es una cumbre de la vida de Abraham: en él encontramos la sustancia de lo que se relata en el Génesis retomada en un nuevo contexto, el cual posee su grandeza pero no pone énfasis en los mismos puntos. ¿Cuál fue el hijo a quien Abraham condujo al sacrificio? El texto coránico no lo menciona y se restringe a la utilización de un calificativo general: él estará calmo y decidirá por sí mismo, lo cual coincide con características muy apreciadas por los árabes. Muchos comentaristas árabes, especialmente en los primeros siglos del Islam, admitieron que el hijo fue Isaac. Con todo, en el marco del Islam, la tendencia unánime tiende a identificar ese hijo con Ismael.

V

En el Corán, que está dirigido primariamente a hombres y adultos, el episodio de este niño ante el sacrificio está revestido de una intención peculiar. El episodio, igual como sucede en el Génesis, está rematado con un final feliz, en alusión al sacrificio de redención, cuyo lugar de realización muchísimos musulmanes, persuadidos de que el hijo era Ismael, localizan en Mena, cerca de La Meca.

El sacrificio anual de hacer el peregrinaje se convierte, bajo tal perspectiva, en una recordación del gesto de Abraham, quien ofreció un animal para ser sacrificado en reemplazo de su hijo, el cual siguió vivo. La oveja, que se ve en todas las ciudades del mundo musulmán en vísperas de la festividad de Curbán Bairam, nos recuerda -en consecuencia- el simbolismo de redención que tiene la oveja. Después de este sacrificio, tanto en la tradición bíblica como en la del Corán, Abraham es denominado “el amigo de Dios". Quizás porque él probó que su corazón estaba desligado de toda limitación humana.

¿El Corán da alguna indicación geográfica sobre dónde sucedió aquello, y cuándo? En realidad, es totalmente inútil buscar semejante precisión. Como muchos otros personajes coránicos, Abraham es presentado sin hacer mención de tiempo ni espacio. El lector no sabe de dónde viene ni adónde va.

VI

En la tradición islámica Abraham puede estar más allá del tiempo y del espacio, pero con toda certeza está asociado al sagrado templo que construyó con su hijo Ismael en La Meca.

Y cuando Nosotros hicimos la Casa (en La Meca) como punto de reunión de la humanidad y santuario (diciendo): Tomad como vuestro lugar de culto el lugar donde Abraham se detuvo a orar. Y Nosotros impusimos un deber a Abraham e Ismael (diciendo): purificad Mi Casa para todos y los que meditan allí y los que se someten y se postran (en profesión de culto).
Corán II:125

La Ka´ba es el Santuario de los Santuarios para los musulmanes, que consideran a Abraham el primer muslim. La literatura folklórica árabe abunda en una variedad de diferentes relatos sobre cómo fue construida la Ka´ba. En una de estas historias populares se relata que Abraham e Ismael cooperaron en la erección de la Italia y que Ismael acarreó las piedras para su padre, quien se hizo cargo del trabajo de albañilería. Así, por el testimonio de la leyenda y del texto sagrado, la Ka'ba surge como el más antiguo edificio religioso del mundo. Y no solamente eso, sino que muchos de los rituales de peregrinación conmemoran los diversos acontecimientos que ocurrieron en las vidas de Abraham, Ismael y Hagar en el valle de La Meca. Por ejemplo la corrida desde Safa a Marwah en busca de agua, que efectúa simbólicamente cada peregrino durante el Hadzh (la Peregrinación), conmemora la carrera emprendida por Hagar entre esas dos montañas y el agua que ella descubrió en, según se dice, Be'ir Zamzan (el manantial de Zamzan), considerado fuente sagrada por todos los musulmanes.

No hay mención en el Corán de la muerte de Abraham. Es del Viejo Testamento que nos enteramos de que él murió a la edad de 175 años y que fue enterrado en Hebron (ciudad a la cual, en memoria de Abraham, se la denominó “al-Jalil”, “El Amigo”), en una cueva en la cual también fue inhumado su hijo Isaac.

VII

El legado de Abraham es compartido por las tres grandes religiones monoteístas, unificando sus verdades esenciales y removiendo toda barrera de las que solamente generan prejuicios y crean dogmas. Para nosotros, Ion del Islam, este legado opera en varios planos. El “primero” de ellos es el reaviva- miento islámico del Mensaje Abrahámico de Tawhid (monoteísmo) en su forma pura. El segundo lugar lo ocupa la virtual remanifestación de Abraham en la peregrinación a la Casa Sagrada de La Meca, un santuario directamente vinculado con las manos del Patriarca y su hijo Ismael. En tercer lugar, finalmente, está el vínculo ancestral entre Abraham y el profeta Mahoma.2

Abraham siempre será para los musulmanes de todas partes un símbolo de fe, coraje, tenacidad en el propósito y obediencia pronta y sin hesitación a su Creador. El siempre será considerado por ellos como el verdadero campeón del monoteísmo y simbolizará la Te en estado puro“ y la firme creencia. El mensaje de Abraham representa la religión primordial de los semitas, hablando en términos relativos. El Profeta Mahoma es, para el Islam, como una versión posterior de Abraham; ambos fueron condicionados por la pureza del desierto y la cultura nómade.3 La relación entre los dos profetas y sus respectivas comunidades, está descripta en el Corán como sigue:

¡Ved! Los del género humano que tienen los mejores títulos respecto de Abraham, son aquellos que le han seguido, y este Profeta y los que creen (con él); y Alá es el Amigo Protector de todos los creyentes.
Corán III:68

VIII

Más la historia cabal de Abraham y lo que él simboliza para nosotros, me fue recordado vívidamente cuando mi finado esposo Anwar al-Sadat y yo misma visitábamos en 1977 el monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí. Fue una experiencia inolvidable para ambos. Recuerdo los comentarios que hizo Anwar aquel día, los cuales fueron reveladores de la personalidad de mi esposo, de la cual yo iba descubriendo día a día nuevas facetas. El señaló hacia el hermoso edificio de aquella iglesia, junto al cual hay una mezquita, y me dijo: “Jibán, este panorama es maravilloso, pero el conjunto no está completo. Yo debo erigir aquí un templo judio junto a esos dos edificios sagrados. ¿Es que no somos, acaso, descendientes de un mismo padre, que fue Abraham”.

El anheló muy mucho cumplir este sueño suyo, pero el tiempo no estuvo de su lado. Quién sabe, quizás no esté lejano el día cuando los descendientes judíos, cristianos y musulmanes de Abraham restauren su mutua confianza y construyan el templo en el Sinaí, llevando a la realidad el sueño de Anwar al-Sadat de una imagen unificada de la verdad simbolizada en Sinagoga, Mezquita e Iglesia; y también ese otro sueño suyo, más amplio, acerca de la paz en el Medio Oriente.

(Traducción del inglés: Pedro J. Olschansky)

Notas
1 Génesis XVII:15-16; XXII: 1-5. Para la estirpe judía de Jesús compárese Lucas I:5, 27, 36.
2 Danner, V.: The Islamic Tradition: An Introduction. New Yerk, Anity House, 1988, pág. 32
3 Danner, op. cit., pág. 31

ISSN: 1022-9833

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