El desarrollo humano: un nuevo desafío para América Latina

En un acto solemne encabezado por el presidente del Congreso Judío Latinoamericano, Dr. Rubén Beraja, se declaró constituida la Comisión de Desarrollo Humano del organismo, bajo la presidencia del Dr. Bernardo Kliksberg.

El discurso de fondo, cuya desgrabación y transcripción se ofrecen a continuación, fue pronunciado por la Dra. Rebeca Grynspan Mayufis, vicepresidente de la República de Costa Rica e invitada de honor a este acto como hija dilecta de Costa Rica y del pueblo judío.

El Dr. Rubén Beraja expresó al efectuar su presentación, que la Dra. Rebeca Grynspan otorga con su prédica, realizaciones y ejemplo personal, una lección viva de la aplicación práctica de una economía con sentido social; y subrayó que la puesta en funcionamiento de esta Comisión de Desarrollo Humano del CJL denota una posición de compromiso por parte de las comunidades judías de la región, con los acuciantes problemas que angustian a nuestras sociedades nacionales de las cuales los judíos son parte integrada y activa.


Es importante recordar la presencia tan activa de aquella generación de jóvenes que en los años setenta se abrazó a la esperanza de que América Latina estaba cerca de entrar en una época de profundo desarrollo social que la llevaría a convertirse, en pocos años, en una tierra mucho más justa y solidaria, pero la trayectoria de nuestros países siguió su curso y nos llegaron pronto los años ochenta, acompañados de un triste retroceso en la calidad de vida de nuestras poblaciones y de un prolongado estancamiento de sus capacidades productivas, sumado a la persistencia, en muchos de ellos, de gobiernos autoritarios.

Veloz y crudamente hemos constatado cuán hondas y poderosas son las fuerzas que en nuestros países siguen reproduciendo la desigualdad, la injusticia y el atraso económico. La realidad, la madurez y la experiencia nos han ido enseñando a leer mejor la realidad circundante y a identificar con más cuidado las tareas del desarrollo nacional que sí estaban al alcance de nuestra sociedad. Dejamos de albergar ilusiones sobre rápidas y totalizantes transformaciones sociales y nos ha quedado con vigente fuerza la esperanza de que es posible mejorar la calidad de vida de las mayorías, lo mismo que la de constituir sociedades democráticas y respetuosas de los derechos humanos.

Desde hace más de tres años me encuentro sirviendo desde el puesto de la Vicepresidencia de la República de Costa Rica y en dicha función tengo una perspectiva privilegiada para apreciar los movimientos de las fuerzas políticas y sociales de nuestro pequeño país. Es así como cotidianamente se observa la permanente y complejísima pugna que es propia de las democracias modernas; y donde el interés general de la sociedad se confronta con los diversos intereses particulares. Identificada con aquella ilusionada generación de jóvenes de la que dábamos cuenta en las primeras líneas de esta disertación, es útil puntualizar que la autora entiende que constituye un dato de valía dar a conocer su aporte testimonial. Especialmente luego de haber sido invitada a exponer en Buenos Aires en tiempos en que el Congreso Judío Latinoamericano ha conformado su Comisión de Desarrollo Humano.

La historia de Costa Rica es, a no dudar, un fiel ejemplo de lo que la tarea por el desarrollo humano y social significa. Para decirlo en breves líneas, hay varias características en la misma, que valen el esfuerzo de detenernos en ellas.

Vigencia de la educación pública

Ya en 1870, declaró Costa Rica la educación gratuita y obligatoria; llevamos desde entonces 127 años de educación continua, pero lo que debe destacarse es que la Costa Rica de 1870 era una nación sumida en la pobreza, con campesinos descalzos y de enormes necesidades en muchos otros órdenes: alimento, agua potable, vivienda, etc. Pero nuestra sociedad decidió dedicar los escasos recursos que tenía, a la educación. Y lo mismo ha hecho históricamente el pueblo judío: no importa dónde hayamos estado, la educación ha sido siempre —sea en el hogar, en el jéder o en el minián sinagogal— un elemento fundamental de la cultura judía.

Y sucedió que en esa Costa Rica de 1870 los campesinos pobres pudieron tomar contacto con la educación. Y, tal vez, vale reflexionar que de haber consultado a los economistas o a los expertos de organismos internacionales que hoy abundan, seguramente los hubieran desalentado. Dado que, visto desde el prisma de los economistas tradicionales, invertir en educación en tal de estado de emergencia económica no sería útil para el país, ya que para cultivar pequeñas parcelas de tierra no se necesitaban profesionales. Sin embargo, y por fortuna para todos, aquellos hombres estuvieron más acertados que muchos de los economistas y técnicos de la actualidad.

La revolución de la educación de Costa Rica se consolidó al unirse en uno solo los ministerios de Hacienda (o Economía) y de Educación. Y dicho ministro para ambas áreas, decidió asignar un presupuesto indispensable para la educación. Pues, esta fórmula habría que ensayarla nuevamente en todos aquellos países que aún no han entendido que la educación debe ser el centro. Y lo que hizo ese ministro (de Economía y de Educación) para asignar los recursos, fue bajarle el presupuesto al entonces existente ejército. Y al llegar a 1948 fue abolido el ejército costarricense, con lo que arribamos así a una nueva particularidad: la modalidad de concertar entre todas las fuerzas vivas de la sociedad.

El estilo: la concertación

Después de la revolución y consecuente abolición del ejército, la sociedad costarricense lleva casi medio siglo de práctica dialoguista. Es por el convencimiento y a través de la concertación que se alcanzan las decisiones que afectan a toda la sociedad nacional, y no por imposición. Así tenemos que convencernos entre nosotros mismos, sin ningún factor que quiera imponer por la fuerza su punto de vista. Muy acertadamente, el destacado especialista, Dr. Bernardo Kliksberg, a cargo de la Comisión de Desarrollo Humano del Congreso Judío Latinoamericano, nos dice que una sociedad que evoluciona al estilo de la costarricense posee un “capital social”. Y este capital, en el que suelen no reparar los organismos internacionales, es el que nace en una sociedad que sabe crear redes solidarias, organizarse en ayuda de un proceso de desarrollo y que conoce cómo dirimir sus conflictos. Es por ello importante tener en cuenta que muchas sociedades que hoy se debaten en la impotencia, son carecientes no sólo de capital humano o de capital físico, sino precisamente de este capital social —desarrollado en Costa Rica a partir de la abolición de las fuerzas armadas—.

Y bien, nuestros indicadores de desarrollo humano son elocuentes respecto de un país que ha hecho un muy importante esfuerzo en este sentido. La tasa de alfabetización en Costa Rica es superior al 95%, la esperanza de vida al nacer es de 76 años de edad, la tasa de mortalidad infantil es menor al 11 por mil, las reservas biológicas y los parques nacionales suman una cuarta parte de nuestro territorio; nuestro nivel de pobreza, del 20% es igual, por ejemplo al de la Argentina, y esto siendo la de Costa Rica una sociedad mucho más pobre y rural. Y nuestro nivel de desigualdad es mucho menor que el de los países que nos rodean y que otros países de Latinoamérica — exceptuando Uruguay—. Recalquemos que Costa Rica es el 28 país latinoamericano en el desarrollo humano y el 318 en el mundo.

Pero... ¿cuál sería nuestro lugar si nos ordenaran de acuerdo al desarrollo económico (el ingreso per cápita)? El ingreso per cápita de Costa Rica es menor al de 1/3 de lo que es, por ejemplo, el de la Argentina. El nuestro es de 2.000 dólares por habitante, y si nos ordenaran en el mundo de acuerdo con este criterio, estaríamos en el 54° lugar, lo que no hace sino resaltar que en materia de desarrollo humano estamos 23 lugares delante de la posición que ocupamos en la tabla del desarrollo meramente económico.

La prioridad del desarrollo humano

Costa Rica es el país en el mundo que tiene la mayor disparidad entre el lugar que ocupa en el desarrollo social y el que le corresponde de acuerdo con el desarrollo económico, a favor del primero de los términos. Esto quiere decir que algo hicimos como sociedad, y que siempre es posible hacer algo para mejorar la calidad de vida de nuestros países. El resultado es un desarrollo económico que puede incorporar en él a sectores mucho más amplios de la sociedad. Es claro que Costa Rica llevó adelante un estilo en el que las distintas formas del desarrollo (económico, social y político, este último con la activa práctica de la democracia) se han complementado y fortalecido mutuamente. Ha sido un desarrollo proporcional y armónico, y no desproporcionado y asimétrico como en tantos otros casos conocidos.

Es apasionante nuestro país y lo es mucho más al ir descubriendo y analizando la forma de cómo se dieron las interacciones mutuas entre las dimensiones básicas del desarrollo humano. Lo que ocurrió no fue sólo el auge económico que tuvimos entre los años '50 y los '70 o la estabilidad política; mucho más: un desarrollo social con criterio humanista de avanzada. Y ocurrió lo inverso a lo que muchos sostienen, ya que las mejoras sociales no sólo no ocasionaron déficit sino que, por el contrario, también contribuyeron al auge económico y la consolidación política de la democracia.

Vale señalar que en lo económico la formación de una población más saludable y educada fue vital para satisfacer las necesidades de la fuerza laboral que vinieron con los procesos de industrialización, de diversificación agropecuaria y de modernización del Estado.

Mientras que en lo político, la sociedad costarricense estuvo más preparada para mantener y enriquecer su régimen democrático como producto de un permanente estado de alerta contra la injusticia social y un continuo proceso de búsqueda de la equidad.

Y la deducción impostergable que debemos hacer, a la luz de la experiencia costarricense, es que hoy en día, en Latinoamérica, de seguir el proceso de empobrecimiento y de desigualdad en nuestros países, no podremos crecer a las tasas que necesitamos para poder convertirnos en países desarrollados y ser capaces de combatir al mismo tiempo la pobreza y la desigualdad. No podremos llegar a tasas de crecimiento del 6 ó del 7% si persistimos en procesos de desarrollo excluyente que cada vez marginan más a sectores muy amplios de la población.

Es interesante apuntar que recientemente la vicepresidente del B.I.D. (Banco Interamericano de Desarrollo), Nancy Birdsall, ha señalado que la tasa de crecimiento esperada para el futuro cercano de América Latina, no será mayor al 3% si no corregimos los desbalances sociales en la desigualdad y en la pobreza que estamos viviendo.

Si volvemos a Costa Rica, vemos que la influencia positiva mutua entre las tres dimensiones básicas de la política estatal —lo que los académicos denominan “círculos virtuosos” del desarrollo humano— ha sido en nuestro país un elemento central de la concepción con que se emprendió la acción y estuvo, al mismo tiempo, presente en la intensa vivencia de nuestro desarrollo nacional desde los años cincuenta.

Nuestra integración como judíos

Yo mismo debo reconocerme como ejemplo de lo que son la convivencia y los derechos ciudadanos en Costa Rica: haber sido elegida Vicepresidente del país una mujer judía, dice algo de dicha sociedad. Y sumemos que tenemos hoy en día un Presidente del Congreso de la República que es judío, lo mismo que el Ministro de Salud o la Defensora de los Habitantes. Y ello nos dice, asimismo, que los judíos estamos comprometidos con el país y estamos trabajando por él. Y son éstos claros indicadores de que, cuando recibimos la señal por la cual sabemos que seremos considerados en igualdad de condiciones con todos nuestros conciudadanos, entonces nuestra voluntad de obrar se manifiesta muy prontamente en la realización y la voluntad puestas al servicio del mejoramiento de la sociedad nacional en la que vivimos.

Y precisamente, nosotros como judíos, debemos apoyar una sociedad que, como la costarricense, se basa en la defensa de los derechos que hacen al desarrollo humano. Porque nosotros no podemos creer, ni pensar o confiar, que las regalías y los favores pueden sostener nuestra inserción. Muy por el contrario, la experiencia histórica nos enseña muy bien que muchos poderosos hablan un día de una manera y al día siguiente hablan y actúan de un modo completamente distinto a lo enunciado.

Nuestro único modo de plena integración es el de hacerlo como verdaderos ciudadanos, sumándonos por derecho propio a las sociedades en las que vivimos y fortaleciendo así las sociedades de derecho, que es precisamente uno de los temas que ha de enfatizar la ahora creada Comisión de Desarrollo Humano del Congreso Judío Latinoamericano.

La lucha contra la pobreza

Es impostergable para América Latina volver a considerar que el desarrollo económico y el social sean las dos caras de la misma moneda. Es muy penoso tomar nota de los indicadores en nuestro subcontinente de pobreza, desigualdad, desempleo. Así, en un muy ligero repaso, vemos que el 46% de la población latinoamericana está por debajo de la línea de pobreza y de éstos, la mitad se halla en la indigencia. Esto último quiere decir que ni siquiera pueden cubrir sus necesidades mínimas.

Somos —tristemente— la región más desigual del mundo. Considerando el coeficiente de desigualdad que los economistas hemos pergeñado, éste oscila entre el 0,42 y el 0,63, siendo 1 el coeficiente más alto y 0 el más bajo. Para no excedernos en academicismos, digamos simplemente que un coeficiente de desigualdad de, por ejemplo, 0,42 significa que el 10% más rico de la sociedad, tiene 15 veces más recursos que el 10% más pobre. Y que el coeficiente 0,63 nos indica que el 10% más rico de un país posee 84 veces más recursos e ingresos que el 10% más pobre. Y hay países en Latinoamericana con dicho coeficiente. Y las estimaciones de los economistas sostienen que si no hacemos nada por modificar la actual situación, tendremos en Latinoamérica durante los próximos 10 años, un empobrecimiento que afectará a un millón de personas nuevas cada año. ¡Piénsese que en tres años, por ejemplo, habría tres millones más de nuevos pobres!

Y en términos de desempleo, no podremos generar los empleos productivos y de calidad necesarios si no corregimos la desigualdad y no volvemos a invertir en el desarrollo humano. Fundamentalmente, la inversión en el capital humano implica tener presupuestos para la tarea en, por lo menos, educación y salud. No podemos esperar que nadie lo haga por nosotros; éste es el tema: debemos caminar adelante, tenemos que ser protagonistas de la historia.

No podemos ni debemos esperar que la globalización nos solucione el problema, porque se trata de un proceso que no es espontáneo. Antes bien, es un proceso estratégico. Fundamentalmente porque no engloba todos los lugares ni todos los países, y muchos de nuestros países latinoamericanos se quedan afuera. No olvidemos que la globalización se basa en la inversión hecha en tecnología de punta y en pocas ciudades del mundo.

La globalización

Quien esto dice tuvo oportunidad de asistir a un seminario que el B.I.D. desarrolló en Barcelona sobre las ciudades y los procesos de urbanización, en el que una muy excelente profesora de Princeton nos contó que la globalización se hace posible por la acción de 7 capas distintas de inversión en infraestructura de ciudades muy específicas. Y la globalización en el mundo se pudo llevar a cabo porque hay 7 ciudades en el mundo que tienen la infraestructura necesaria y sólo 2 ciudades en el mundo que tienen las 7 capas requeridas para los procesos que son consecuencia de la globalización. Como puede deducir el lector, está algo concentrado todo esto, como para hablar ciertamente de “globalización”.

No estamos juzgando si la llamada “globalización” es mala o buena, ni tampoco pretendemos que deba ser detenida. Pero sí es importante reflexionar sobre el tema, porque si la globalización es antes bien un proceso estratégico, entonces el desarrollo social debe serlo también para nosotros y no podemos dejar de tomar las decisiones y realizar las acciones que vigoricen la inversión social. Y ésta tiene como prioridad incluir en los beneficios a los más vulnerables para que se incorporen a las principales corrientes de desarrollo. De esto se trata, y no de pensar que la globalización sea una amenaza, ya que no es así. La globalización constituye una oportunidad, pero para que nos alcance es necesaria nuestra acción previa.

Debemos ver y analizar las oportunidades y, a partir de allí, realizar las acciones requeridas para que el proceso de globalización no nos derrote como sociedad. Si no actuamos, con seguridad nos vencerá. Porque... ¿podremos en Latinoamérica aguantar por mucho más tiempo las tasas de desigualdad, de desempleo, de pobreza como las existentes hoy? ¿Será sostenible la democracia si persisten estos indicadores de marginación y miseria? Porque además, no es éticamente digno intentar sostener este estado lamentable de cosas, ya que como humanidad perderíamos mucho más de intentar sostenerlo que de cambiarlo. Y el “desarrollo humano” se llama así para que nos acordemos que la centralidad del desarrollo es la persona, el ser humano.

Las orientaciones de Costa Rica

Así como en el pasado nuestro país ha llevado a cabo programas que le permitieron luego obtener un desarrollo mucho más incluyente, justo y equitativo, en los años contemporáneos estamos siguiendo varias líneas de orientación que están perfeccionando nuestra democracia y perfilando un modelo de solidaridad social que es ejemplar para el mundo.

a) 1a orientación: salud y educación a las familias

Nuestra primera orientación consiste en avanzar, desde una sociedad primitiva, excluyente y dividida por la pobreza, hasta una sociedad nacional más integrada y solidaria, donde existan mejores oportunidades para la superación de las personas y de las familias.
Y en la Costa Rica actual, esta orientación nos mueve a hacer un esfuerzo excepcional para reconstituir los instrumentos de la política social que en las décadas pasadas fueron exitosos para vencer a la pobreza. Veamos algunos ejemplos: a) en el campo de la salud se está creando un sistema de prevención. Se implementa atención primaria para corregir el exclusivo sesgo hospitalario que hasta aquí ha tenido nuestro sistema de salud pública. La unidad organizativa básica de esta nueva modalidad son lo que hemos denominado “equipos básicos de salud”. Estos están constituidos por un médico, una enfermera y, por lo menos, un técnico de atención primaria. Estamos actualmente instalando un equipo de salud por cada 3.000 y 5.000 habitantes, para poder llevar esos servicios de atención primaria a toda la población.

Y no hemos comenzado por las ciudades, sino que por el contrario lo hemos hecho a partir de las zonas rurales más alejadas y con las más pobres comunidades campesinas. Llevamos ya instalados en el país 500 equipos básicos de salud, que cuentan con todo lo necesario para atender a la población en su propio hábitat. La gente puede verificar lo que hacen, y además deben ellos rendirle cuentas a la comunidad. Y, por supuesto, se ha convertido el servicio de salud en un centro más descongestionado y con una relación mucho más personalizada. Anteriormente, cuando la gente padecía un problema, así sea el resfrío de un chiquito, debían llevarle al hospital. Llegaban a la clínica y les atendía un doctor que no conocían y que no los conocía a ellos, ni a sus familias ni a su comunidad. Ahora, los equipos básicos de salud atienden a la familia y conocen el modo de vida de los lugareños. No hay congestionamiento a la hora de la atención y, estos 500 equipos han cubierto en 3 años la atención del 40% de la población con este sistema.

Y estamos ya arribando con esta metodología a las ciudades, para la atención de las comunidades más populosas. Pero en cada paso nos detenemos también en las evaluaciones. E interrogadas las poblaciones rurales, la opinión ha sido muy positiva respecto del nuevo modelo de atención que hemos implementado. Y es notoriamente visible que la atención a estas comunidades ha mejorado enormemente.

O sea que Costa Rica, en salud, escogió ir a la mejora de la calidad del servicio y no por recetas fáciles de “mejoramiento de salud” que, en otros países sólo han producido el deterioro de los servicios públicos. Costa Rica optó por profundizar lo público, humanizar el servicio y llevarlo a las comunidades con un sistema de control y de exigencia.

b) la educación

En este campo, Costa Rica acaba de pasar en primera lectura una reforma constitucional, según la cual no se puede asignar a la educación un presupuesto menor al 6% del producto interno bruto. Por supuesto que hemos tenido severas discusiones con colegas de profesión, ya que muchos economistas lo consideran una aberración. Para ellos, aferrados a una concepción clásica, no es posible inflexibilizar el presupuesto ya que podría traer una “catástrofe económica”, y así arguyen. Pero el ministro de Hacienda es quien tiene el poder de decisión en este aspecto. Y sin embargo no es así como aquellos sostienen. Veamos incluso un ejemplo del mundo de los negocios: nadie invertiría en un país que no salvaguarde las reglas de juego del largo plazo, ya que no se toman decisiones de inversión solamente por cada año y nada más. Es por esto que los inversores no van a tener confianza si es que temen que el ministro de Hacienda modifique cada nuevo año las reglas del juego. Y en el sector social pasa otro tanto: si no tenemos claras reglas de juego para la educación, que es un proceso a largo plazo, cómo vamos a dialogar con los maestros y planificar con ellos los programas a implementar... sobre todo que no se deben olvidar los incentivos que les corresponden a los docentes si se experimentan mejorías en la educación.

Por lo tanto, la sociedad tiene derecho a escoger aquello que considera estratégico para su desarrollo y Costa Rica lo ha hecho con la mencionada reforma constitucional. La consecuencia directa es que ésta nos posibilita asignar mayores recursos a la educación y aumentar así la calidad de la labor pedagógica en escuelas y colegios. Hemos realizado asimismo importantes conquistas en términos del rendimiento escolar y de los colegios, y más aún, un mejoramiento indiscutible de la calidad en la vida escolar. Pero donde ponemos el mayor énfasis es en retener en la escuela a los niños, combatir la deserción escolar. Pues si se marchan de la escuela —esto pasa en muchos países— no se han de beneficiar de ese mejoramiento del nivel educativo. Y quienes suelen marcharse a hora temprana de la escuela, son los niños de las familias más pobres, los que no tienen las condiciones necesarias para quedarse en el sistema escolar.

Es así que llevamos a cabo una política social centrada en el aula. Entre otras cosas, mejoramos los comedores escolares. Y en las regiones más pobres, en el hábitat de comunidades urbano-marginales y en regiones rurales hemos agregado al tradicional desayuno una segunda comida diaria, cosa que los niños se queden en la escuela durante toda la jornada escolar. Y esto rinde frutos.

Otro de los aspectos de esta política social lo constituye el haber creado un seguro por enfermedad. Y así, 700.000 niños en toda Costa Rica, si están en la escuela es como si tuviesen un seguro de salud propio. Esto es importantísimo para los niños y para los jóvenes. Es un modo de comunicar a los padres: les brindamos un sistema de becas a los más carenciados, un suministro básico escolar para quienes no tienen recursos para el uniforme y los útiles y a todo ello le sumamos una segunda comida diaria y le adicionamos un seguro de salud, pero a condición de que sus niños permanezcan en la escuela. Es una buena motivación.

Así vemos cómo paulatinamente se van compenetrando y convenciendo de que mandar a sus hijos a la escuela es la mejor manera de darles un capital propio. Y si bien aún no los hemos convencido a todos, por si acaso les aumentamos el costo de querer sacar tempranamente a sus hijos de la escuela. Ya que en ésta obtienen también un cuidado alimenticio y de salud, y se les provee de aspectos fundamentales cuando su lugar de origen no les puede brindar lo necesario. Los resultados son muy estimulantes: ha bajado la deserción escolar, ha disminuido la resistencia de los niños en las escuelas más pobres y el éxito escolar se manifiesta cada vez más notoriamente.

c) las mujeres

La tercera experiencia que quiero destacar, es la del programa dirigido a las mujeres jefes de hogar. Sabemos todos que en Latinoamérica hay un problema muy serio con los hogares guiados por uno solo de los progenitores, que en general es la mujer. Las mujeres jefes de hogar tienen tres veces más el riesgo de caer en la indigencia que cualquier otro miembro del grupo familiar, y en Costa Rica los hogares de este tipo representan el 50% de la extrema pobreza. Es así que hemos comenzado a aplicar para ellas un programa que pueda incluir a todos los hogares que pudieran hallarse en dicha situación.

Y concluyendo el año 1997 vamos a haber abarcado aproximadamente un 60% del total de estos hogares. ¿Cuál es la condición para entrar al programa? ¿Qué requisitos tiene que cumplir la mujer? El primer requisito que se le exige es tener a su hijo (o hijos) matriculados en la escuela. Ella tiene hijos y nosotros poseemos hoy un sistema escolar al que hemos fortalecido precisamente para aquellos, y porque no podemos darnos el lujo de que ella decida no enviarlos. Si el Estado le va a ayudar, entonces debe ella asumir una responsabilidad con respecto a su familia. Así, lo primero es que sus hijos tienen que estar en la escuela y su carnet de vacunas tiene que estar al día. Sólo en ese caso ha de recibir el subsidio.

Ahora bien, para seguir recibiendo este subsidio hay un segundo requisito a cumplir. Ella misma tiene que ir a los Cursos de Desarrollo Humano que a tal fin impartimos a las madres. Son cursos de autoestima en los que se introducen nociones de los valores, porque en casi todos estos casos se trata de mujeres que han estado sometidas a un ciclo de marginación y violencia que les ha impedido creerse capaces de tomar el desarrollo de sí mismas en sus manos y poder crecer. Es por esto que debemos intentar mostrarles valores y cómo son ellas poseedoras de los mismos. Hay que subrayar la valía personal, la valentía para poder salir adelante, etc. Estos son cursos de seis meses de duración. Y hay más. Para salir adelante en la vida no basta con hacer crecer la autoestima, es necesario también poseer los instrumentos para saber ganarse una adecuada inserción laboral. Entonces hay un nuevo curso por otros seis meses, que es de Capacitación Técnica. Si asisten, vuelve a tener un subsidio por medio año más. Porque lo que nosotros queremos no es atacar la pobreza por transferencias efímeras sino combatirla en sus causas. Y aspiramos a que las mujeres no se queden en el programa, sino que salgan del mismo. Pero para ello deben primero lograr proveerse sus propios ingresos, su propia actividad. Y es así que hemos fortalecido enormemente los procesos de capacitación, actuando a tales efectos conjuntamente con las cooperativas, con las organizaciones no gubernamentales, y otras para aproximarnos a la microempresa, el crédito, etc. Aún no conocemos los resultados de este último y trascendental aspecto, siendo conscientes de que puede haber mucha deserción en el futuro.

Bien dice la Biblia que “quien salva una vida salva a la Humanidad” y, si bien la tarea de rescate para la sociedad de las mujeres jefe de hogar es ardua, he tenido una de mis más motivadoras actividades como Vicepresidente de Costa Rica en las reuniones de clausura de los talleres de autoestima que las mujeres realizan en todo el país. Ellas mismas deciden darse organizaciones propias y se han formado ya más de treinta de este tipo, una vez que han concluido con los cursos que el Estado les imparte.
Y    lo más satisfactorio es oírlas a ellas: nos representan obras de teatro donde cuentan su experiencia y lo que sienten en este momento. Y es allí donde aquella sabia frase que el judaísmo tiene en la Biblia repiquetea una y otra vez en nuestros oídos. Con sólo lograr que una mujer en estas condiciones pueda tomar su familia en las manos y sacarla adelante, todas las generaciones por venir de esa familia tendrán un destino más feliz. Podrán ver la vida de manera diferente a aquellos aciagos tiempos de marginación y violencia que esa mujer ha experimentado e interiorizado en su vida previa a que el Estado tome a su cargo la tarea educativa.

Y no podemos ocultar el orgullo porque es mucho más que una sola mujer, es más del 80% de las cursantes quienes han seguido con esta instrucción hasta el final. Y esta tarea, tan emparentada con el mandato bíblico de salvar la humanidad a través de cada vida que se salve, es tal vez una de las que más pasión despiertan en la cotidiana actividad de la autora de estas reflexiones.

2a orientación: democracia de avanzada

Tenemos como objetivo un continuo progreso hacia una democracia participativa. Si bien Costa Rica posee un régimen democrático muy avanzado, la gente se pregunta: “¿Pero qué más quieren de la democracia?” Y bien, queremos más. Estamos fiados de que los cambios que el país necesita requieren de un mayor involucramiento de la sociedad civil en los asuntos de la colectividad. Y un ejemplo de esto lo constituye el Comité de Desarrollo Humano del Congreso Judío Latinoamericano, ya que se trata de una organización judía no-gubernamental que es un organismo privado y toma conciencia y llama a la acción en los asuntos de la colectividad.

Asimismo en Costa Rica, el objetivo es el de desarrollar nuevas formas de participación conjunta entre las comunidades y el gobierno. El resultado es el de despertar una fuerza vital para presionar a las instituciones públicas para que lleven adelante sus procesos de autorrenovación y que se vuelvan más sensibles y más orientadas hacia las necesidades de los usuarios. Y sólo profundizando la democracia podremos ahondar en el tema de los derechos, no para que únicamente estén en las leyes escritas sino para que puedan también ser exigibles en su cumplimiento. Costa Rica ha firmado las Convenciones de los Derechos de las Mujeres y de los Niños, y acaba recientemente de aprobar una ley para la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad física. Y estamos haciendo todo un proceso educativo para que no solo esté ahí la ley, sino para que ésta pueda ser exigible por aquellos a quienes va dirigida.

3° orientación: integración en la economía

Nos proponemos avanzar desde una simple apertura económica hacia la integración provechosa con la economía mundial. Y esto se debe entender en relación con el desarrollo de una estructura productiva mucho más competitiva, que valorice nuestros recursos, que no reduzca los salarios reales y que pondere adecuadamente nuestra productividad. En este sentido, el gobierno de Costa Rica está aplicando una nueva estrategia de promoción selectiva de inversión extranjera que ha logrado atraer a un grupo de más de 30 empresas extranjeras del ramo microelectrónico y de otras industrias de punta. Estas empresas emplean un personal mucho mejor calificado y mejor pago que las industrias tradicionales que solían venir a Costa Rica. Y el caso más reciente es el de una compañía norteamericana de electrónica, que es la que más crecimiento ha tenido en los últimos años en su ramo: producción de microprocesadores. Esta empresa, líder mundial en su actividad, está invirtiendo quinientos millones de dólares en Costa Rica. La pregunta relevante es porqué llega esta compañía a Costa Rica. Y es útil entonces recordar al respecto que, previamente a su decisión de instalarse en nuestro país, arribó una delegación dirigencial de la empresa y examinó a ver cómo son nuestros colegios y no meramente los programas de currícula que se hallaban en el Ministerio de Educación. Ellos acudieron a los colegios a comprobar si era cierta la reforma educativa constatar si podrían contratar en Costa Rica los técnicos de calidad que ellos necesitan para llevar adelante sus actividades. Y comprobaron que sí y decidieron invertir en el país.

Nuestro esfuerzo educativo les permite también a nuestros técnicos y educandos incorporarse a una actividad exitosa. La citada compañía norteamericana no solo comenzó la construcción de una plana industrial, sino que ya se prevé una segunda planta. Ya han llegado dos empresas más. Si no hubiéramos hechos la reforma educativa, si no hubiéramos decidido no recortar la educación cuando el tiempo del ajuste económico, ¿hubiera podido hacerse realidad este proyecto de la compañía de microprocesadores y de tantas otras? ¿Hubiéramos podido crear el “círculo virtuoso” de inversión social que significa también crecimiento económico? No, no hubiéramos podido hacerlo. Por eso, la decisión hay que tomarla antes, ya que el crecimiento tiene que ver con la inversión social que hagamos de nuestros recursos humanos.

4a orientación: el Estado-guía

Avanzamos en Costa Rica hacia un Estado que sin ser grande, sea eficiente, concertador y con sentido estratégico. Una de las grandes lecciones de la experiencia costarricense es que el mito de que el Estado es ineficiente e incapaz por naturaleza, no pasa de ser, precisamente, un triste y peligroso mito. Nuestra experiencia nos enseña que no hay desarrollo social posible sin un Estado que sea guía de dicho desarrollo. Es al mismo tiempo que desarrollamos la sociedad civil, que no podemos abandonarla a su suerte y el Estado tiene que acompañar esta gestión.

5a orientación: equilibrio entre lo natural y lo social

Una última línea directriz de orientación la constituye la búsqueda de un mejor equilibrio entre la vida social y la vida natural por la cual existimos y de la que somos parte. La armonía de la convivencia con la naturaleza es un principio básico que guía la experiencia costarricense. Y además de configurar un imperativo ético como el de cuidar la naturaleza, es también un imperativo económico. No olvidemos que el turismo a Costa Rica tiene entre sus principales motivaciones la visita a nuestros Parques Nacionales y que esto es el resultado de la preocupación que mostramos por la naturaleza. La mayor parte del turismo que recibimos es un turismo ecológico, por lo que hemos creado un dinamismo especial en la zona rural con pequeños empresarios que se benefician del turismo y que tienen ahora un mayor interés en cuidar la naturaleza. Ya no sólo el gobierno, ahora es toda la sociedad la que participa de la búsqueda de este equilibrio con la naturaleza. Y esto se ha transformado incluso en una excelente oportunidad para nuestros pequeños agricultores, que estaban antes en difícil situación y que, gracias a esta nueva manera de estimular el turismo de acuerdo a principios ecológicos, no han ido a engrosar los números del desempleo, sino que, por el contrario, han mejorado ostensiblemente su situación.

Y gracias al cuidado de Costa Rica por la naturaleza, es que ahora venderemos un servicio poco común, como es la fijación del carbono. Sabemos que en los Estados Unidos las empresas tienen actualmente muchos problemas porque contaminan el aire y, como consecuencia, deben pagar y realizar compensaciones. Sabemos asimismo que se trata no sólo de un problema de los empresarios estadounidenses, sino que la contaminación del aire es un problema global. Y es entonces que Costa Rica dice: “Vean, nosotros tenemos los árboles... los que fijan el carbono son los árboles.... entonces, nosotros les vendemos el servicio...” Y los empresarios norteamericanos son conscientes de que les resulta más económico pagarnos a nosotros para que nuestros pequeños agricultores cultiven los árboles que van a fijar el carbono, a tener que pagar las carísimas compensaciones económicas en su país. A esta actividad ambiental nos estamos dedicando ahora. Se trata de una labor con la que nuestras gentes pueden mantener decentemente a sus familias y, además, ayudar al mundo ante un problema ambiental tan severo. Como se ve, se atienden valores éticos sin entrar en contradicción con el usufructo económico. Esto quiere decir que hemos demostrado que se pueden mejorar las condiciones de vida y no por ello entrar en contradicción con el crecimiento y el mejoramiento material.

Marchar en todas las líneas

Hemos definido cinco orientaciones o líneas directrices de nuestra marcha y no podemos dejar de puntualizar que son todas ellas igualmente esenciales. Si nos quedáramos sin avanzar en una sola de ellas, no podríamos abrirnos camino; la búsqueda de un bienestar creciente y duradero en el largo plazo nos obliga a no renunciar a ninguna de estas posturas de principios y de metodología. En la simultaneidad y en sus influencias recíprocas es que la puesta en práctica de las explicitadas líneas de orientación nos proporcionan la clave para que podamos aspirar a un sostenible desarrollo humano.

Si analizamos estas orientaciones desde el ámbito del desarrollo humano, vemos que dan lugar a una política social coherente y ambiciosa. Y que son indispensables, no solamente para mejorar directamente los niveles de calidad de vida de la población, sino también para que el proceso del desarrollo nacional pueda lograr sus objetivos en las dimensiones básicas. El éxito de estas líneas de orientación para la acción nos brinda un resultado en el que podemos contar con los recursos humanos necesarios para un desarrollo económico más sólido y pujante, al tiempo que logramos una mayor integración social que nos permite mantener orgullosamente la estabilidad política y perfeccionar cada vez más el régimen democrático. Por supuesto que una clave importante para obtener estos logros, es poder contar con los funcionarios capaces y comprometidos que son indispensables para la transformación de las instituciones públicas.

Afirmamos también la necesidad de que las nuevas generaciones vayan interiorizando los valores de la convivencia con la naturaleza, que son esenciales para que la sociedad en su conjunto modifique sus formas de consumir y producir. Todo ello vuelve tan importante el desarrollo humano para el futuro de nuestro pueblo, y de todos los pueblos del mundo. Especialmente, debemos pensar que, con sus variantes particulares, este camino que se ha trazado Costa Rica, es también aconsejable para los pueblos hermanos de América Latina.

Un concepto vivido

Cuando hablamos del desarrollo social, no se trata para los costarricenses de una mera elucubración conceptual sino de un concepto vivido, producto vivo de la lucha y de las experiencias que han dado forma a nuestra historia. Si lo analizamos con detenimiento, encontramos en este concepto la llamada de atención que nos hacemos para aprender de los errores que hemos cometido en el pasado y que han costado mucho en términos de las vidas de nuestra gente.

Es, en verdad, también una advertencia para que otros pueblos no incurran en errores que nosotros pudimos evitar oportunamente. Y hoy también alcanzamos a comprender las señales que nos indican los caminos más seguros para arribar a un futuro mejor. Hallamos asimismo pistas sobre las maneras posibles de andar estos caminos.

Abrigamos la esperanza de que cada vez más en el seno de nuestras sociedades, conseguiremos concertar acuerdos y aunar voluntades para que el concepto de desarrollo humano sea válido, sostenible y duradero. Y que sea más que ese cúmulo de sabiduría colectiva que en él se condensa, para que se constituya ante todo en una realidad presente, cotidiana y palpable en el devenir de los pueblos.

Cuando comience a despegar este desarrollo de la sociedad con toda su fuerza, ya no tendremos más que preguntamos —como hoy día— cuál es el modo de reorientar nuestros destinos nacionales, sino que nos preguntaremos sobre el mejor modo de apurar el paso con el nuevo rumbo, más promisorio y más perdurable, por el que han de transitar nuestros países. Esto es, al fin de cuentas, lo que todos deseamos con tanta ansia para nosotros y para nuestros hijos y nietos.

El pueblo judío, como ningún otro interioriza la sabiduría transmitida a través de las generaciones. De nuestra legendaria expresión en cada celebración del “Pésaj” que se transmite justamente desde tantas y tantas generaciones, quiero tomar la frase para concluir este artículo: “Bejol dor vador jaiav haadam lirot et atzmán kehilu hu iatzá meMitzráim...”, cuya traducción aproximada y atendiendo al sentido, sería: “...En todas las generaciones el hombre debe pensarse a sí mismo como si él hubiera salido personalmente de Egipto...” Y nos preguntamos: ¿pero por qué “como si él mismo hubiera salido de Egipto”? ¿Acaso es necesario que todos y cada uno nos veamos como esclavos? Más que eso, más que el ser conscientes del sufrimiento de nuestras pasadas generaciones como si fuera propio, lo que es fundamental en esta sentencia de nuestra Fiesta de la Liberación es que todos y cada uno persigamos como objetivo básico y fundante de nuestras vidas, la libertad. Y en ésta búsqueda permanente de la libertad está el ejemplo que brinda el judaismo al mundo. Y este ejemplo es el que nos guía siempre que hablamos de desarrollo humano, siempre que buscamos mejorar la vida de hombres, mujeres y pueblos.

(Desgrabación y transcripción: Lic. Natalio Arbiser).

ISSN: 1022-9833

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